Batalla de Madrid

La Guerra Civil Española continúa siendo uno de los temas favoritos no sólo de nuestros historiadores sino de estudiosos de distintos lugares más allá de nuestras fronteras.

El episodio bélico protagonizado en la ciudad de Madrid, concretamente, entre el 8 noviembre y el 23 noviembre 1936; resultaría uno de los más emblemáticos considerado como el corazón de la contienda.

Tras fracasar el alzamiento militar, el bando nacional decidió terminar la guerra con la toma de Madrid.

Francisco Franco sería el encargado de poner en marcha este ataque cuyo esquema planteaba dos frentes: el principal, que contemplaba el avance del ejército del general Mola sobre la capital desde el Norte; y el secundario, puesto en marcha por el propio Franco desde Marruecos sobre Andalucía y Extremadura.

En ambos escenarios las milicias populares no cejarían en su empeño por intentar contener el avance a pesar de sus enormes esfuerzos.

La experiencia de éstos en el combate no era precisamente brillante, muchos milicianos no habían cogido un arma en toda su vida y se hablaba de ineptitud aunque con mucha obstinación; y sería la llegada de la Unión Soviética la clave para alcanzar el nivel y plantar cara a los nacionales en la ciudad de Madrid.

En los primeros días del mes de noviembre del 36 el gobierno de la República decidía trasladar la sede a una ciudad que ofreciera mayor seguridad; la elegida fue Valencia en donde el jefe de gobierno, Francisco Largo Caballero, continuaría con su legislatura y dejaría la defensa de la capital en manos de la Junta de Defensa de Madrid, la cual estaba formada por una representación de diferentes fuerzas políticas: entre ellas las brigadas comunistas bajo las órdenes del general Miaja y el teniente coronel Rojo.

Esta colaboración y un procedimiento adecuado dieron, en un primer asalto, la victoria a los republicanos.

A estas fuerzas se les confiaría el apoyo de las brigadas comunistas extranjeras como herramienta para equiparase a las fuerzas nacionales.

Estas brigadas internacionales estaban formadas por 40.000 hombres jóvenes provenientes de distintas partes del mundo (incluso de Italia y Alemania) y de una ideología izquierdista comprometidos con la causa de que no triunfase el fascismo en España.

Se dice que “sus bodegas no sólo iban cargadas de tanques, aviones y material bélico de todas clases” sino también de instructores y comisarios políticos que influenciarían la política comunista que crearía la 12º Internacional.

Las hazañas que estas fuerzas conjuntas lograrían en la defensa de Madrid resultaron ser un símbolo de resistencia; sin embargo, el apoyo ruso no sería gratuito ya que se ha sabido a través de estos estudios que el 25 de octubre de 1936 el ministro de Hacienda republicano Juan Negrín envió gran parte de la reserva de oro española alojada en el Banco de España rumbó a Moscú como pago de esta ayuda recibida.

El desgaste material y humano en el bando republicano era cada vez más alto y los nacionales, conscientes de este desgaste, seguían al acecho sobre distintos puntos de la actual comunidad de Madrid.

El general Mola lograría la caída de Getafe y el cese en la política de varios políticos mediante un fulminante sistema: el asesinato; generando un clima de temor que forzaría la liberación de más de 5.000 presos políticos simpatizantes de la causa nacional.

Sin embargo, otros 2.000, serían trasladados a Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz donde terminarían siendo fusilados y enterrados en fosas comunes siguiendo las órdenes de los aparatos policiales bajo control comunista y las de los dirigentes Manuel Muñoz, director general de Seguridad, Santiago Carrillo, consejero de Orden Público y Segundo Serrano, delegado de la Dirección General de Seguridad.

En los primeros días de Noviembre se logra detener el avance nacional cerca del Manzanares; allí comunistas y anarquistas (Buenaventura Durruti) inician un nuevo frente que se extendería hasta la Ciudad Universitaria.

Las fuerzas franquistas bombardeaban distintos objetivos por la conquista de la carretera Madrid-La Coruña, arteria importante en el traslado y movilidad de las fuerzas republicanas.

Las fuerzas extranjeras se posicionaban y mientras rusos luchaban por la República, Italia y Alemania reconocían el gobierno de Franco como el legítimo de España.

La República había impedido el aislamiento de la Sierra de Guadarrama por lo que el resultado de la batalla se puede considerar nulo.

Los oficiales alemanes de la Legión Cóndor (fuerza de aviación enviada desde Alemania) se mostraron encantados con la nueva medida.

Madrid empezó a sufrir bombardeos constantes y a diario.

Ahora el plan contemplaba un ataque alrededor de la capital y no de frente.

El objetivo era cortar la carretera Madrid- Valencia, el mes de febrero estaría marcado por un sinfín de luchas sin resultados evidentes aunque los nacionales habían mermado a las Brigadas Internacionales, la República contraatacaría con el bautismo de unos 450 hombres llamados “Batallón Abraham Lincoln” formado por voluntarios norteamericanos.

Miles de madrileños participaron de este conflicto, sino en los distintos frentes, ayudaron a los milicianos cavando trincheras, instalando puestos médicos, de comida…

El año dejaría ventaja al marco nacional y el año de 1.937 nacía con un más que previsible alargamiento de la guerra.

Los intentos por hacerse el bando nacional con la capital persistían y en marzo de produciría el último intento nacional de rodear la capital; desde el noroeste y con Guadalajara como principal objetivo.

La batalla de Guadalajara fue la última en los alrededores de Madrid.

A partir de entonces y hasta el final de la guerra el frente sólo se movería levemente ante contraataques republicanos.

Franco, consciente de la imposibilidad de cercar la capital, decidió cambiar de objetivos y concentrarse en el frente norte.

La República había ganado momentáneamente la partida ya que el conflicto se prolongaría hasta 1939.