Batalla de Mons

Batalla de Mons

Aunque la opinión de los estudiosos en términos militares, estratégicos y tácticos no destaca esta batalla como un capítulo destacable sino más bien como un hecho aislado y como un paseo militar.

En nuestra opinión, dependiendo de la óptica o escuela a la que se pertenezca siempre habrá quien quiera verla o bien como una defensa honrosa y heroica, un éxito táctico de las tropas británicas o bien como un paseo militar alemán.

Pero primero conozcamos un poco más el relato bélico y nuestros argumentos que nos ayudan a destacar con este artículo este enfrentamiento como un episodio digno de pasar a la Historia y engrosar los libros de Historia; así luego podrá sacar sus propias conclusiones.

Lo cierto es que la batalla de Mons fue el primer choque armado de la Primera Guerra Mundial entre las Fuerzas Expedicionarias Británicas (BEF) y el Ejército imperial alemán.

Mons formaba parte de los enfrentamientos bélicos que han recibido el nombre de las Batallas de Fronteras en los prolegómenos de la Gran Guerra; conjuntamente con Charleroi, el Sambre e incluso la posterior batalla de Le Cateau.

Esta última si que es más conocida.

La batalla de Mons no fue un hecho aislado, sino que marcó el inicio de lo que lo se denominó  ya en su momento como The Great Retreat (La Gran Retirada).

La Gran Retirada

Mons marcó el punto de arranque de un repliegue que no finalizaría hasta una durísima y accidentada retirada en la que volverían a tener lugar enfrentamientos armados de mayor importancia que el de Mons, como fue la batalla de Le Cateau.

En el primer verano durante la Primera Guerra Mundial, las Fuerzas Británicas, al mando de Sir John French, acuden a la región de Francia y Bélgica; el objetivo no es otro que hacer frente a las fuerzas alemanas y no dejar cumplir con su plan de invasión y, por un breve intervalo de tiempo, casi se consiguió.

Somos conscientes de que todo enfrentamiento de este nivel requiere de un gran esfuerzo y sus resultados ofrecen cuantiosas ventajas para el bando ganador, pero en este caso concreto, los resultados de esta batalla fue favorable para las fuerzas alemanas, a pesar de que, más tarde, se produjesen una serie de acontecimientos que darían un vuelco en el balance de fuerzas entre ambos bandos.

Insistimos en que no fue un caso aislado, el reequilibrio de los frentes no significaría el fin de las fuerzas alemanas ya que nos consta que ante los desairados resultados alemanes se producirían otros enfrentamientos armados de mayor importancia.

Le siguieron Wasmes, Paturages y Framieres donde se seguían contando costosísimas bajas para los británicos.

Al llegar a Bavai, tuvieron que dividirse para cruzar el bosque de Mormal, llegando un ala a Landrecies y la otra a Le Cateau, donde se libraría una de las más cruentas batallas del primer año de la guerra.

Desde que entró en Luxemburgo el 2 de agosto de 1914 el ejército alemán, y el gobierno británico declarase la guerra a Alemania el día 4 de agosto de 1914; las fuerzas expedicionarias británicas y su famosa caballería advertían una y otra vez de la creciente presencia de tropas alemanas.

Estos avances no tardarían en ser corroboradas por el servicio de observación aéreo quien confirmaría del movimiento de un importante contingente de tropas alemanas sobre la zona rumbo a Le Mons.

Las fuerzas germanas rodean la ciudad y el I Ejército Alemán se encarga de iniciar el ataque a golpe de ametralladora y avanzando en filas de 150.

Una vez la ciudad de Mons en manos germanas; se debía seguir con el plan a pesar de las contrariedades esperadas.

Mons era el epicentro de una zona dedicada primordialmente a la minería y a la industria pesada.

El paisaje lo formaba un terreno coronado por pequeñas colinas y cruzado por numerosos canales, vías férreas y carreteras.

Por el rumbo que estaban tomado los acontecimientos y la facilidad de movimiento y avance con las que se estaba encontrando las fuerzas germanas en la zona; se hizo más y más obvia la estrategia alemana, por lo que tendría que facilitar, cada vez más, la tarea a los ingleses a la hora de proteger las zonas francófonas y anular cualquier fuerza enemiga.

Pero aun así, continuó el retroceso británico a pesar de qu poner todo su empeño en romper la línea defensiva alemana y contrarrestar cualquier avance para ganar más tiempo.

El cerco cada vez se estrechaba más y la cifra de muertos entre las filas británicas se disparaba; se producirían enfrentamientos realmente cruentos y a la terrible suerte británica se le sumaría también la francesa.

A finales del caluroso mes de Agosto, la superioridad artillera demolía cualquier resistencia aliada y dejando la vía libre hasta París.