Fachada de la Catedral de Granada: Alonso Cano

 

- Fachada de la Catedral de Granada: Alonso Cano

La obra arquitectónica es el epílogo de la vida de Alonso Cano, su más importante diseño arquitectónico y una obra fundamental de la arquitectura española.

La primera piedra de la Catedral se puso en 1523, y la capilla mayor había sido cubierta ya en 1559, por Diego Siloe.

A la muerte de Siloe en 1563, Juan de Maeda se encargó de dirigir la construcción, desarrollada en el primer cuerpo de la torre, la capilla y muros aledaños y la Puerta de San Jerónimo, hasta que en 1568 la rebelión de los moriscos detiene las obras.

A la muerte de Maeda en 1576 le siguen Lázaro Velasco que renuncia siendo sustituido por Juan de Orea, que muere en 1580.

Dirección de las obras de la Catedral

La dirección de las obras de la Catedral se estabilizó con la dirección de Ambrosio de Vico, aparejador desde 1575 y maestro mayor desde 1582 hasta su muerte en 1623.

Aunque, en estos 48 años de maestrazgo apenas avanza su construcción.

Un testimonio de cómo iban las obras en estos momentos se ofrece en la Plataforma de Granada que el propio Vico elabora en estos años finales del XVI.

Sus intervenciones se centran en los problemas de cimentación de la torre en 1590, en la continuación de la nave del crucero y en el segundo cuerpo de la Puerta del Perdón.

Los maestros que le siguen, Ginés Martínez y Juan de Aranda, se caracterizan por la pasividad ante las obras; teniendo que esperar hasta 1637, con el nombramiento de Miguel Guerrero, para que se cierren las bóvedas y se terminen las capillas y portadas del lado norte.

Tras varios años de interrupción debida al desinterés mostrado por Felipe II y a la crisis tras la rebelión morisca de 1568, se retoman las obras en 1664.

Desde este momento el Cano pintor y escultor, desarrolla una labor de asesoramiento arquitectónico, participando en las reuniones capitulares para elegir maestro mayor.

En estas reuniones también están presentes el maestro mayor de la Catedral de Córdoba, Gaspar de la Peña y Francisco Díaz de Ribero.

En un primer momento se hace cargo Gaspar de la Peña, que estará al frente solo dos años, pues pasados estos es nombrado arquitecto del Buen Retiro de Madrid.

En 1666 se hace una nueva reunión para preparar el concurso de maestro mayor, en la que participan Cano y Eufrasio López de Rojas, quien se haría con el cargo.

Pero en 1667 se marchó a construir la fachada de la Catedral de Jaén.

Se convocará nueva reunión en la que no se escoge a ningún maestro, dando la solución Cano en mayo de ese año con un proyecto que pareció bien al Cabildo, quien lo nombra maestro mayor.

Cano apenas si pudo dirigir la construcción de su proyecto, ya que enfermó ese verano, muriendo el 3 de septiembre.

Desde 1668 pasaron por las obras diversos arquitectos, respetando el proyecto de Cano, defendido por el Cabildo como el más propicio para la fachada.

José Granados de la Barrera será maestro mayor hasta su muerte en 1685 ó 1686.

Llega hasta cerca del entablamento del primer cuerpo, aunque las obras se paralizan en 1669 por problemas económicos, concluyendo la torreta de San Miguel, al sur de la fachada, en 1677.

De este año son los primeros elementos decorativos, en el primer cuerpo, de parejas de ángeles con guirnaldas de las calles laterales bajo el entablamento.

Fue por lo tanto Granados de la Barrera quien construyó la mayor parte de la fachada, siguiendo fielmente el lenguaje de Alonso Cano.

Melchor de Aguirre estará en las obras desde 1685 hasta su muerte en 1695, junto a Teodoro Ardemans, haciendo ambos la segunda bóveda del coro y parte de los muros.

En 1692 Melchor de Aguirre pide a al Cabildo modificar el proyecto de Cano, proponiendo levantar sobre los arcos unos áticos para que quedase la obra más hermosa.

Concluyendo de esta manera el proyecto de Cano.

En 1711 se comienza a ornamentar el cuerpo superior levantado por Aguirre, y en 1717 el Cabildo encarga a José Risueño el gran medallón situado sobre la puerta principal, con un relieve de la Encarnación, detalle que estaba en el proyecto del racionero y dentro de la advocación del templo (la Encarnación).

También establecería un paralelismo con el lienzo canesco que preside el ciclo mariano de la capilla mayor.

A finales del XVIII se completa el programa iconográfico y ornamental de la fachada, con tanta fortuna.

Los encargos se realizan en 1782 al francés Miguel Verdiguier y a su hijo Luis.

Realizan los dos grandes y pictóricos relieves sobre las puertas laterales con los temas de la Visitación y Asunción en estilo rococó, los cuatro medallones elípticos con los cuatro evangelistas, sobre los pilares sin capitel del primer piso, y las cuatro esculturas que rematan el friso: el Arcángel San Miguel, la alegoría de la Iglesia (Nuevo Testamento) y la Sinagoga (Antiguo Testamento) y San Rafael Arcángel.

El programa escultórico se completa con un San Pedro y un San Pablo que flanquean la puerta principal de la Catedral.

Como últimos detalles decorativos, que coronan la fachada, según Gallego y Burín se deben a los Verdiguier, aunque fueran invento de Melchor de Aguirre.

El primer reto de Cano fue enfrentarse a unas trazas de un templo colosal, con diseño previo de Siloe, y con la cimentación de la fachada, cuya torre estaba ya concluida.

De modo que todos estos fueron condicionantes para el proyecto de Cano, salvados de forma impagable, pues la fachada no resulta ajena al resto de la construcción sino que forma un todo indisoluble, residiendo ahí su genialidad.

Todos estos elementos estructurales estaban ya presentes en el proyecto de Siloe.

La postura conservadora de Cano, puede tener origen en la mala experiencia que tuvo como arquitecto.

La gran decoración con la que Siloe concibió la fachada, se reduce en Cano a motivos muy puntuales pero rotundos, como le son propios: cartelas con prietas espirales, las guirnaldas de frutos con hojas, ángeles…, elaborados años después con cierta tosquedad durante las obras de José Granados y Melchor de Aguirre.

El gran medallón de la Encarnación sobre la puerta central realizado por José Risueño en 1717, guarda relación con el proyecto del granadino y es de extrema importancia al ser la advocación de la catedral.

Sobre el medallón figura una cartela con el texto “AVEMARIA”, como era común poner por Siloe en las claves de los arcos, y en relación con algunos dibujos de Cano.

Los motivos de follaje situados entre las pseudopilastras, los ángles simétricos con guirnaldas y las conchas de los óculos son típicos de Cano.

Las notas discordantes y ajenas al proyecto del racionero, las ponen los Verdiguier a finales del XVIII.

Se tienen dudas sobre los motivos del cuerpo superior, con colgantes de frutas, guirnaldas y núcleos de follaje, por la tosquedad con que están labrados, pero inequívocamente están emparentados con Cano.

Quizá la distribución de las mismas, en ocasiones en los frentes de los estribos se ha adjudicado a Aguirre, quién los utilizó de esta manera en otros edificios.

Respecto a las estatuas exentas: San Miguel, San Rafael, la Iglesia, la Sinagoga, San Pedro y San Pablo, no estaban en el proyecto de Cano, y no interfieren en la traza arquitectónica original.

La simbología de la fachada de la catedral de Granada

En cuanto a la simbología de la fachada, remite al tema Corpus Christi, como se ve en el gran rosetón en forma solar que preside el cuerpo central, y que traspasa este muro, señalando la cabecera catedralicia, donde se expone el santísimo.

Pero no debemos olvidar la importancia de la Virgen en todo el conjunto, como en el tondo de Risueño, y el lienzo de Cano que preside el presbiterio, en ambos se señala el momento de la Encarnación del Hijo de Dios en Santa María Virgen, a través de un rayo, que en la versión de Cano parece una descarga eléctrica, remitiendo nuevamente al sol.

El mensaje que se quiere transmitir es la salvación del fiel y la victoria de la Iglesia Católica, a través del sacramento de la Eucaristía y del ejemplo de la Virgen; ambos temas enmarcados en el gran arco de triunfo diseñado por Alonso Cano y muy relacionados con las doctrinas contrarreformistas.

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