Fernand Léger: Biografía y obras

 

- Fernand Léger: Biografía y obras

Entre los protagonistas de la pintura de la primera mitad del siglo XX, Fernand Léger es seguramente el que se ha dedicado en mayor proporción a una traducción inmediata, de total posibilidad de comunicación, de los temas más simples y universales de la vida del hombre: la existencia, las relaciones con una naturaleza fuertemente humanizada, el trabajo.

Primero arquitecto, se adhirió al cubismo; evolucionó hacia la abstracción y, poco a poco, volvió a la figuración.

Desde el cubismo a la pintura de la realidad, este artista francés representa una libre alegoría del trabajo humano.

Nacido en Normandía, concretamente en Argentan, en el año 1881 conservó el amor por su tierra natal, si bien su corazón estaba ligado desde tantos años a París, y aunque su obra, en conjunto, es tan felizmente solar, su autor largamente desconfió del Mediterráneo y de su sol.

Hijo de padre criador de reses y ganadero, Fernand Léger heredó su gran figura atlética, una figura de luchador que sugería energía natural y su rostro de pendenciero acompañando con un hablar rudo y con acento cantarín.

Cuando falleció su padre, la madre y el tío se encargaron de la educación del pequeño Léger.

Su padre hubiera querido que su hijo fuese arquitecto así que, estudió durante tres años arquitectura pero su verdadera vocación afloró en la personalidad de Fernand y a muy pesar de la familia se dedicó a ser un gran pintor y por este motivo hablamos hoy de él.

En 1900 el artista normando pisa su ciudad favorita París, destino escogido para residir en ella pero tiene que arreglárselas para poder sobrevivir.

Matriculado en la escuela de Artes Decorativas tiene que, compaginar sus estudios con distintos oficios, profesiones, labores marginales… y, también, estuvo trabajando en varias ocasiones con un arquitecto, experiencia de la cual Léger siempre diría que “…la arquitectura me ha perseguido toda la vida…”.

Las grandes obras de Fernand Léger

En los años 1906-1907 y 1908, sus obras pictóricas permanecen subordinadas al impresionismo aunque algún tiempo después, cuando regresa de Córcega, destruyó gran parte de los lienzos de su período corso y se afana por liberarse de los cepos del impresionismo.

“El jardín de mi madre” (”Le jardin de ma mère”) o el “Retrato del tío” (”Portrait de mon oncle”), con unas pocas excepciones, los lienzos que quedan de esa primera época de su vida artística.

Léger finalmente se instala en 1908 en los Ateliers de la Ruche, en Montparnasse.

Allí viven, o vivirán, entre otros, Delaunay, Chagall, Soutine, Laurens, Archipenko.

Será a partir de este momento cuando el maestro normando entra en el universo social de los poetas Max Jacob, Apollinaire, Reverdy, Blaise Cendrars, como lo haría en su momento el pintor madrileño Juan Gris.

Todos estos grandes artistas serán para él como hermanos, aunque uno de ellos destacará por encima de todos en el corazón de Fernand: Cézanne, el cual le infundió el amor por los volúmenes y las formas hasta el punto que Léger expresó algo así, como que… “no sabía qué sería la pintura de aquella época sin este gran maestro… “.

En 1910 llegó su gran obra determinante del nuevo orden pictórico y que suponía la ruptura definitiva con el impresionismo y afirmación más absoluta hacia el cubismo, “Desnudos en el bosque” (”Nus dans la forêt”).

Lienzo en el que se manifiesta un ritmo elemental, casi brutal, metálico… la mecánica moderna se revela ya, en este cuadro, a través del shock provocado por el juego de los poliedros y cilindros.

Pero el cubismo de Léger ha sido radicalmente distinto del cubismo de Braque, Picasso y Juan Gris, y… ya se sabe… cada maestro tiene su librillo así que, el estilo concreto de Léger se diferencia en que se mueve en torno a los objetos de una manera más elemental, mucho menos intelectual, con un fulgurante instinto, tan grande es la alegría que se aprecia al cortar netos y simples los volúmenes que hace deslizar sobre ellos una luz limpia y sana.

En 1912 llegaría un lienzo bastante conflictivo, “La mujer de azul” (”La Femme en bleu”), expuesto en París, en el Salón de Otoño.

Es una obra que tiene un significado histórico, supone una ampliación del contenido de “Desnudos en el bosque” (”Nus dans la forêt”), sitúa al observador en el umbral de una liberación del reino del «colorismo natural», experimentada por el color, es decir, la Ley de los Contrastes impondrá su fuerza.

Léger para provocar este gran efecto cromático utilizó un rojo muy rojo, un azul muy azul prescindiendo del habitual claroscuro.

Otro lienzo de similares características lo encontramos en “Contrastes de formas” (”Contrastes de formes”) de 1913, en la que se asiste a una acentuación del dinamismo por medio de los volúmenes.

Por lo tanto, otro rasgo que distingue al artista normando de los demás cubistas es el color.

En 1914 Léger es movilizado y parte para el frente, este período de guerra dará otro desarrollo y otra orientación a su trabajo artístico.

En sus momentos más difíciles descubre la belleza plástica de los grandes monstruos de hierro colado y acero; le maravillan las piezas de artillería y sobre todo los cañones.

A partir de aquí realiza otras tantas obras maestras como, “Soldado con pipa” (”Le Soldat à la pipe”) (1916), “La partida de cartas” (”La Partie de cartes”) (1917), “Le Blessé” (1917), son temas reelaborados partiendo del mundo de las trincheras en el cual se vio absorto.

Tras este período tan intenso el maestro decide darse un respiro, abandonar el frío mundo de la guerra y nace su período monumental, en el que evoca a personajes macizos, sólidamente precisados y arraigados en composiciones menos cargadas de violencia.

Lienzos que reflejan esta nueva temática son, “Le Mécanicien” (1920), “Les pêcheurs”, “Le déjeuner”, “La tasse de thé” (1921), con “El gran remolcador” (”Le Grand Remorqueur”) (1923) y “Femme tenant un vase” (1927), se pueden citar entre los lienzos más notables pintados durante este período estático y con unas formas geométricas extraordinarias.

Mientras, finalmente, y con entera justicia, la gloria lo consagraba a él y a sus obras, a un nivel de reconocimiento universal, Fernand Léger moría un 7 de agosto de 1955, en el Gros Tilleul, su casa rústica de Gif-sur-Yvette.

El día 4 de febrero de 1969, André Malraux, el entonces ministro francés de Cultura, acudió personalmente a Biot para consagrar oficialmente la donación que Nadia Léger, viuda del pintor Léger, y Georges Bauquier, ex director del Atelier Léger en París, quisieron hacer a Francia, tierra natal de maestro normando.

Hoy día constituye esa donación uno de los más hermosos complejos artísticos que existen en la Costa Azul: “Un museo dedicado a la obra del pintor Fernand Léger, coloso del color puro y de la forma exacta, admirable arquitecto de los volúmenes y contrastes”.

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