La Noche de los Cuchillos Largos

La Noche de los Cuchillos Largos

En los orígenes del nazismo la lucha por totalizar las estructuras alemanes existentes lleva a la creación de una organización responsable de esta misión y con libertad de acción y movimiento: la S.A (Sturm abteilung o secciones de asalto).

La estructura que tenía era como la de una organización paramilitar y estaba formada por los mejores miembros de los distintos Freikorps bajo las órdenes del insigne Ernst Röhm, y se decía que eran el brazo armado del partido.

Fue tal la fama y el respeto que dicha organización mereció a raíz de su severo trabajo que ya en 1931 contaba entre sus filas con unos 70.000 miembros llegando a alcanzar la escalofriante cifra de 4.500.000 en 1934.

La SA se convirtió en un organismo tan poderoso e influyente que una vez en lo más alto del podio fue uno de los instrumentos más temidos por la burguesía industrial debido a su extremado radicalismo manifestado en un aún más agresivo comportamiento; estamos hablando de tal poder que nadie estaba a salvo de ellos si no se era del Partido nazi, incluso si se era.

En el partido, este mismo temor era bastante patente y las razones eran cada vez más numerosas y patentes las probabilidades de que la SA se alzase como única fuerza militar y, así, obtener la mayoría en el poder.

El hecho de que esta facción del partido nacionalsocialista propusiese a toda costa una segunda revolución en la que, tras tomar el poder, instaurase un régimen socialista-nacionalista eliminando la propiedad privada de los medios de producción y repartiendo las tierras de cultivo entre los campesinos.

Tras la creación de las SS (bajo el mandato de Himmler) y la terrible competencia que se inicia entre las dos fuerzas junto a la homosexualidad de mucho de sus miembros, la guerra estaba lista.

En 1934, las SA seguían reclamando la ansiada revolución mientras que la política del partido miraba a la política extranjera y a los consorcios agrarios e industriales; cualquier mención de revolución estaba fuera de lugar por lo que la insistente presión se tornaba en algo más que molesto.

El ejército también se inquietaba, porque Roehm no ocultaba a los antiguos mandos, a los que consideraba responsables de la derrota de 1918 y quería formar un ejército “popular”.

A pesar de que las SS ya tenía 200.000 hombres y se veía reforzada con un nuevo sistema de opresión llamada GESTAPO, policía secreta; las crecientes rivalidades entre los dirigentes dentro del propio partido, de los excesos y de los rumores de sublevación de la SA no hicieron más que legar a un terrible final.

La Noche de los Cuchillos Largos es la manifestación final de este cúmulo de desavenencias; la necesidad de acabar con un enemigo a pesar de que no fuera demasiado fácil (eran mucho más numerosos que el propio ejército alemán) pero las SS fueron armadas por el ejército para actuar.

Noche del 30 de Junio de 1934, los principales dirigentes de las SA fueron eliminados junto un millar de miembros más.

La salvedad se hizo con Rohm, antiguo favorecido de Hitler, recibió la oportunidad de suicidarse en lugar de caer en las garras de las temidas SS pero éste la desaprovechó así que, el 1 de julio de 1934, sería ejecutado rápidamente en su celda por el Coronel SS Theodor Eicke y por el Capitán SS Michael Lippert.

La operación fue dirigida personalmente por el mismísimo Furher llegando éste a golpearlos e insultarlos; en ningún momento se comunicó al resto del pueblo de inmediato sino que se presentó después de un tiempo prudencial, después de haber pensado en sus consecuencias y en su argumento; finalmente se optaría por presentar el acto como una acción necesaria para evitar una revolución.

La gratitud de los militares y de la burguesía no se hizo esperar mientras el pueblo observaba con prudencia las reacciones y consecuencias sobre la penosa situación económica por la que estaba pasando el país.

¿Consecuencias?

No tardaron en llegar y serían, por un lado, la liquidación de cualquier posible revolución dentro del partido; la absoluta sumisión del ejército a Hitler y el decidido apoyo de los sectores industriales y la burguesía a la política nazi; y, por último, el liderazgo indiscutible de Hitler en la Alemania de preguerra.