La Plaza Mayor de Madrid

 

- La Plaza Mayor de Madrid

El centro social, artístico y vital de Madrid es hoy una de las muestras de arte al aire libre más sorprendentes de la urbe.

Una de las mayores aportaciones de España al urbanismo de la ciudad, es la Plaza Mayor.

Cuyos orígenes y definición, no quedan claros hasta finales de la edad Media.

Pasando a ser en el siglo XVI una parte indispensable de la vida de la ciudad, dando paso a una serie de modelos y usos diferentes en cada pueblo o lugar donde aparecía.

El deseo de racionalizar el espacio de la urbe data de muy antiguo, en esa estructura la plaza, por lo general cuadrangular, responde a una necesidad de ordenación y equilibrio, que ya propugnaba el ágora griega o el foro romano.

A lo largo de los siglos y épocas históricas este espacio, así comprendido ha existido con diferentes denominaciones, de ahí proviene las plazas regulares y fortificadas de las bastidas en la Edad Media, o las bellas e ideales plazas renacentistas.

Pero sobre todas ellas, y con mucha más determinación se encuentra la Plaza Mayor española.

Esta también, como es lógico hunde sus raíces en la época medieval, en aquellos años de litigios y enfrentamientos continuos, las ciudades se desarrollaban en varias calles que se cruzaban entre sí, formando una verdadera red geométrica, más fácil de defender.

En el corazón de ese entrelazado debía haber un espacio libre, que estaría en la interjección de las dos calles principales, que unían dicho espacio con las cuatro puertas de salida y entrada de la ciudad.

Esta distribución se halla en concordancia directa con la técnica de la castrometatio romana, utilizada para la ordenación de sus campamentos militares, que ha llegado a nosotros a través del cronista Polibio.

En España, se comienza a dar este tipo de estructura a partir de la Reconquista, momento que obligó a las coronas de Castilla y Aragón a asegurar nuevas tierras formando nuevas ciudades.

A partir de ahí, y a lo largo de los siglos, este elemento ha formado parte de la ciudad, siendo sino el más, uno de los espacios más relevantes del conjunto urbanístico.

Por otro lado, existen los diversos usos que se le ha dado dentro de la vida social y mercantil de la ciudad.

Ha sido plaza de armas y de mercado, lugar de ajusticiamiento, teatro público, plaza de lidia y rejoneo de toros, etc.

En resumen, un espacio público propio de la ciudad y de sus habitantes, donde además, normalmente suele estar presente el poder municipal, a través de la Casa Consistorial.

Entre todas estas maravillas del urbanismo se encuentra la Plaza Mayor de Madrid, realizada en pleno barroco, momento cumbre de este espacio en su historia.

Ahora la plaza, representa el sentir de la sociedad, y se alza como un espacio para representaciones aptas para todos los públicos.

Tras las Ordenanzas promulgadas por Carlos V y por su hijo Felipe II en el siglo XVI, se comienza a proyectar un tipo de plaza de carácter utópico e ideal, siguiendo las pautas propuestas por los teóricos italianos.

Bajo estas premisas, Felipe III finaliza la construcción de la Plaza Mayor madrileña, ya comenzada por Felipe II, pero sin concluir.

Se levanta siguiendo las trazas del arquitecto y teórico Juan Gómez de Mora, realizadas en 1617.

Se efectuaron las obras en un breve espacio de tiempo, sufriendo por medio un incendio, que no modificó los planos originales.

Para conocer el origen del espacio, ahora utilizado, debemos acudir al plano de Texeira de 1656, donde aparece la antigua plaza del arrabal o del mercado, en la encrucijada de varias calles, lugar que ocupa ahora la plaza mayor.

Sus medidas son perfectas, en un rectángulo de proporciones ideales.

Las fachadas de todos sus lados son paneles corridos, de tres alturas, solo interrumpidos para dejar paso a las calles que en ella confluyen.

Sus cuatro caras llevan los nombres de la Panadería en el lado norte, de la Carnicería en el lado sur, y de los Mercaderes de Paños y del Peso Real, al este y al oeste.

Las plantas bajas están formadas por soportales sobre pilares de granito, con cubierta adintelada, exceptuando la parte correspondiente a la fachada de la Casa de la Panadería donde se decidió una solución a base de arcos.

Posteriormente a estas fechas la plaza sufrió otros dos incendios, siendo trascendental para su imagen el de 1790, donde Juan de Villanueva modificó su aspecto, cerrando las calles sin interrumpir el paso bajo los arcos.

La siguiente transformación determinante fue la sufrida bajo el reinado de la Reina Isabel II, en el 1848, quién mandó colocar una estatua ecuestre de Felipe III en el centro, convirtiéndola en un modelo de plaza francesa.

Dicha estatua fue realizada por Juan de Bolonia, y finalizada por su discípulo Pietro Tacca en el 1616.

Posteriormente el Gran Duque de Florencia se la regaló al monarca español y pasó a formar parte de los jardines privados del rey, en la Real Casa de Campo.

Posiblemente la Reina Isabel II, quiso colocarla aquí para rendir homenaje al verdadero artífice y padre de la plaza.

Posteriormente, y ya en el siglo XX, sufre los dos últimos cambios que le otorgan la imagen actual.

Por un  lado, en los años 60 se la hizo peatonal, con un aparcamiento subterráneo debajo.

Y finalmente, en 1992, su imagen se embellece con las decoraciones  murales realizadas por Carlo Franco en la Casa de la Panadería, con todo un programa mitológico en su iconografía.

Cabe destacar en esta plaza uno de los arcos por el que se accede a ella, el Arco de Cuchilleros, en la esquina suroeste de la plaza, creado por Juan de Villanueva en el cerramiento de las calles, realizado tras el incendio.

El nombre, hace referencia a la calle a la que daba salida, la calle de cuchilleros, llamada así porque allí se reunía el gremio de cuchilleros, que abastecían a los carniceros de la plaza.

Dentro de este precioso espacio se alza un edificio emblemático en la historia y aspecto de Madrid, la Casa de la Panadería.

Realizada por Juan Gómez de Mora, como ya decíamos, y reconstruida por Tomás Román tras el incendio de 1670.

Este nuevo edificio fue decorado en su interior, por los pintores Claudio Coello y José Jiménez Donoso, quienes también realizaron los frescos de la fachada, perdidos tras el incendio de 1790.

En su origen era utilizada como tahona principal de la Villa, hasta que en 1745 pasó a ser la primera sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que estaría allí situada hasta 1774.

Año en el que pasó a ser sede de la Real Academia de la Historia; para acabar siendo , ya en el XIX , parte del Ayuntamiento de la ciudad, siendo la segunda Casa Consistorial de la Villa.

En años posteriores también albergó la Biblioteca Municipal y el Archivo Municipal; para ser finalmente parte del ayuntamiento, con dependencias de este.

En la parte superior de su fachada se halla un bello escudo de armas, característico de esta plaza.

Es el Escudo de España en tiempos de Carlos II, aunque llama la atención por la ausencia del símbolo de Portugal, que acaba de independizarse del Reino.

En el escudo podemos ver las armas de Castilla León en el primer recuadro; las de Aragón y Sicilia en el segundo; las de la Borgoña moderna y Austria en el tercero; y por último las de la Borgoña antigua y Barbante.

Dejando las armas de Flandes y del Tirol para el escusón  de abajo, y el símbolo de Granada en el centro.

El escusón de arriba aparece intencionadamente vacío, pues allí sería el lugar donde deberían aparecer los emblemas del recién independizado Portugal.

En frente de este maravilloso edificio se encuentra la Casa de la Carnicería, de menor importancia, pero también propiedad municipal.

Así la Plaza Mayor de Madrid es uno de los mejores ejemplos de espacio urbanístico fundamental para la vida de la ciudad, erigiéndose no sólo, como obra de arte, sino también como centro de actividad social dentro de la urbe.

Añadir Comentario