Abejas: Sus capacidades mentales

 

¿Por qué está preparado el minúsculo cerebro de una abeja para distinguir entre diferentes rostros humanos? Este reciente descubrimiento ha dejado perplejos a los científicos.

Abejas entrenadas y recompensadas con azúcar son capaces de distinguir entre diferentes rostros humanos (y perrunos), o mejor dicho, entre distintas disposiciones espaciales de los principales rasgos distintivos de una cara.

Las abejas son capaces de distinguir un rostro humano entre otras fotografías con patrones muy diferentes e incluso discriminar entre rostros esquemáticos con características diferentes (por ejemplo, caras anchas y caras estrechas).

Tras un largo aprendizaje, las abejas han sido capaces de abstraer la disposición relativa y el orden de los rasgos de un rostro.

Esta capacidad es sorprendente, ya que los programas informáticos de reconocimiento de formas son muy complejos y sus logros hasta el momento son modestos.

Las abejas aprenden a reconocer patrones complejos (incluso aquellos que se asemejan a rostros humanos) porque esta capacidad les sirve para sobrevivir en el mundo natural, en donde tienen que reconocer entre diferentes tipos de objetos, como las flores.

Pero las abejas llegan más lejos y son capaces de comprender conceptos más abstractos y generales, como los de similitud y diferencia.

Un equipo de científicos alemanes, franceses y australianos publicó hace unos años un artículo en la en la revista Nature en el que informaba de que las abejas pueden aprender tareas de distinción de cosas parecidas y diferentes (aprenden a diferenciar entre grupos de flores con coloraciones o aromas similares).

Y todavía más: las abejas pueden transferir la habilidad de reconocer similitudes y diferencias a nuevos estímulos para los que las reglas de elección no han sido especificadas en el entrenamiento.

Otro concepto abstracto que poseen las abejas es el de simetría: pueden distinguir entre grupos de objetos simétricos y asimétricos. Además, las abejas pueden extrapolar aprendizajes de una vía sensorial a otra.

También poseen un importante repertorio de conductas que implican algún tipo de aprendizaje cognitivamente complejo, como la capacidad de categorizar símbolos prelingüísticos, numéricos y de ordenación, entre otros.

Las abejas aprenden muy rápido y con sorprendente seguridad a reconocer los diferentes aromas de las flores y tienen cinco fases de memoria.

Si la abeja es premiada una vez por un determinado comportamiento, conserva el aprendizaje en su memoria durante una semana. Si es recompensada tres veces no se olvidará de ello durante toda su vida (unos 30 días).

Además de las tres fases normales de memoria (corta, media y larga), las abejas guardan recuerdos de procesos de muy larga data, según se ha podido comprobar con análisis biomoleculares en la red de neuronas de su cerebro.

Cada abeja puede diferenciar una multitud de tonalidades de color y de perfumes. En el aprendizaje, las abejas siguen el mismo patrón de conducta de otros animales, e incluso del hombre.

Unas abejas fueron entrenadas para penetrar en un cubículo con forma de “Y”.

La entrada del cubículo fue marcada con un color y al llegar al punto de bifurcación, una galería fue marcada con el color de la entrada y otra con un color diferente.

El alimento azucarado estaba al fondo de la galería con el mismo color que la entrada. Se les presentaron varios cubículos con esta disposición y las abejas aprendieron a ir directamente a la galería marcada con el mismo color que la entrada.

También aprendieron correctamente cuando el color era sustituido por una disposición particular de barras negras y blancas. Cuando se modificó la condición para la recompensa (la comida estaba en la galería con el símbolo o el color distinto de la entrada), las abejas también encontraron directamente la comida al cabo de pocos intentos. Al incrementar la longitud del túnel entre la entrada y la bifurcación, se comprobó que las abejas retenían el recuerdo de lo que había en la entrada un máximo de 5 segundos, lo que es equivalente a la memoria a corto plazo de las aves.

Las abejas también poseen un mapa cognitivo de su entorno, que les facilita la búsqueda de alimento en la naturaleza. Este mapa lo adquieren por aprendizaje y lo usan cuando se comunican entre ellas.

A unas abejas exploradoras se les ofrecía agua azucarada en recipientes que cambiaban de localización. Las exploradoras informaban de cada ubicación a otras abejas de la colmena y éstas acudían adonde les habían indicado.

En una ocasión, el recipiente fue colocado en una barca en medio de una pequeña laguna.

Cuando las exploradoras comunicaron la localización a las abejas de la colmena, éstas rechazaron ir allá, porque no esperaban encontrar comida en medio de la laguna.

También las abejas se mostraron desconcertadas cuando algunos elementos del paisaje que les servían de referencia fueron trasladados.

Según las asombrosas conclusiones de un equipo de científicos, estos insectos podrían ser tan inteligentes como los animales de tamaño muy superior al de ellos, a pesar de tener un cerebro tan diminuto como una cabeza de alfiler.

El cerebro de una abeja pesa sólo 1 milígramo y contiene menos de un millón de células nerviosas.

Esto significa que pensar de manera “avanzada” puede probablemente ser realizado con una cantidad pequeña de neuronas.

De hecho, los modelos sugieren que la capacidad matemática de contar de las abejas podría lograrse con solo unos cientos de células nerviosas.

Todo esto es posible, en parte, porque el cerebro de una abeja no está estructurado sólo en módulos verticales, que funcionan según la secuencia estímulo-respuesta, sino también en módulos horizontales, que comparten la información que les llega y elaboran una respuesta conjunta, diferente a la programada, en función de distintas variables, como las condiciones ambientales o los mensajes emitidos por otras abejas.

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