Alfonso X, el Sabio

alfonso x el sabio

Alfonso X el Sabio, el rey de los magnánimos proyectos y los desdichados resultados no ha pasado a la Historia como el gran emperador que quiso ser, su gloria y memoria se deben al erudito y mecenas que fue.

Nació en la ciudad imperial de Toledo en 1221, hijo de Fernando III el Santo, unificador de los reinos de Castilla y de León, y de Beatriz de Suabia.

Heredero de la política expansionista de su padre, no tardó mucho tiempo tras su coronación en el año 1252, en comenzar una intensa política bélica y diplomática para ensanchar los territorios heredados.

Su boda con Violante, hija de Jaime I de Aragón, convirtió a éste en su mejor aliado tras la firma del tratado de Almizra que fijaba la paz y la frontera entre los reinos de Valencia y Murcia, recientemente conquistada por Castilla.

Tejió sus lazos políticos en el Algarve casando a su hija bastarda, Beatriz, con Alfonso III de Portugal; de igual modo operó sobre el condado de Gasguña, casando a la infanta Leonor con el heredero inglés Eduardo.

En Navarra la problemática fue mucho más aguda, su heredero, Teobaldo II era menor de edad; ante esta debilidad Alfonso X reclama sus derechos sobre el reino navarro, entrando en un conflicto de intereses con su suegro, ya que era una zona de influencia para unas monarquías en constante expansión.

Los problemas para el castellano se multiplicaron con el suceso del levantamiento de la nobleza de su reino, preludio de un hecho que lo acompañará todo su reinado.

La aventura navarra acabó con la mediación de Jaime I y el vasallaje de Teobaldo II al monarca castellano.

Las escaramuzas en el territorio peninsular se quedaron pequeñas ante el sueño imperial.

La muerte del emperador Federico II en 1250 había dejado sin corona al “Sacro Imperio Germánico”, Alfonso X como hijo de Beatriz de Suabia tenía unos teóricos derechos a la sucesión, teóricos porque el Imperio era electivo no hereditario, el oro y la mano papal hacían el resto.

¿Cómo era conocido el rey Alfonso X?

El sueño imperial de Alfonso se materializa cuando Pisa, ciudad contraria al poder papal, le ofrece el trono imperial.

Él no era el único aspirante, Ricardo de Cornualles, hermano de Enrique III de Inglaterra, era el otro candidato.

La cuestión siguió sin resolverse y el castellano intentó movilizar sus argumentos para hacer posible su elección, estos argumentos eran el beneplácito del Papa, que nunca obtuvo, y los recursos económicos de Castilla, que fueron negados por las Cortes, mostrándose hostiles a la voluntad del rey, el “Fecho” del Imperio no era bien visto desde Castilla.

El monarca perseveró en su idea, sus legados estuvieron casi constantemente en Roma, pero sin éxito, ningún pontífice tuvo predilección por él; los hechos se consumaron con la llegada de Gregorio X.

En 1272 se produjo la muerte de Ricardo de Cornualles, lo que suponía un teórico allanamiento del camino para el pretendiente castellano; vana idea porque el pontífice estaba decidido a impedir su elección, hecho que se consumó con la proclamación de Rodolfo de Habsburgo como Rey de Romanos en el año 1273.

Después de tantos años la indiferencia de los electores alemanes, la apatía del Vaticano y la hostilidad castellana terminó con el primer sueño imperial castellano, el segundo y definitivo sería el de Carlos V.

Durante estos años de interregno Alfonso X había estado más preocupado por lo que ocurría en Roma, a pesar de lo cual la política peninsular fue turbulenta.

El monarca estuvo embarcado en constantes empresas, en 1260 una campaña de castigo contra la costa africana condujo a la toma de Salé.

El reino de Niebla y Cádiz fueron también tomados; los últimos reinos de taifas habían caído, reduciéndose el poder musulmán al reino de Granada.

Su rey, Muhammad I, llamó a la insurrección de los mudéjares, provocando un levantamiento en cadena en Andalucía y Murcia, sofocado con dificultad gracias a la colaboración de Jaime I con su yerno.

El gobierno que ejercía Alfonso X era de un poder compartido con la nobleza.

Ésta levantisca por naturaleza buscaba siempre la debilidad real para hacer prevalecer sus prerrogativas.

No hay que olvidar que la romanización legislativa cercenaba parte de los privilegios nobiliarios, la redacción de “Las Siete Partidas” y el “Espéculo” suponen un hito en este camino.

Las demandas económicas que generaba la negociación por el imperio no arreglaban las cosas, la inflación y la devaluación de la moneda no eran solucionadas con leyes suntuarias; la reactivación económica que se pretendía con la creación de ferias, y sobre todo con la regulación que suponía la aglutinación de los ganaderos de Castilla y León en el Honrado Concejo de la Mesta en 1273, fueron importantes pilares de la economía del rey y sus sucesores, pero no suficientes.

El poder real sufría batacazo tras batacazo, a los levantamientos nobiliarios se unió la supresión del vasallaje de Portugal, y poco tiempo después en 1275 llegó por mar un problema mucho mayor.

Los benimerines arribaron a la península tras la llamada del rey de Granada, llegando hasta las puertas de Sevilla, después de muchos reveses sólo la intervención del infante Sancho cortó la invasión norteafricana.

El problema sucesorio se planteó con la muerte de Fernando de la Cerda, primogénito del rey, a él le correspondía la corona.

Sancho, segundo hijo del rey, debía ser el heredero según la costumbre castellana, sin embargo la introducción del Derecho Romano en “Las Siete Partidas” aboga las prerrogativas de los hijos de Fernando, los infantes de la Cerda.

Alfonso X reconoce a Sancho como sucesor, al mismo tiempo que los infantes de la Cerda son recluidos y utilizados por el nuevo rey de Aragón, Pedro III.

La problemática navarra vuelve con una heredera menor de edad, la codicia castellana acabará con la intervención francesa, siempre atenta a Navarra, para restablecer el “statu quo” y apoyar los derechos de los infantes de la Cerda, sobrinos del francés Felipe III.

En este momento la diplomática se envenena, el monarca castellano y el aragonés pujan por los despojos de Navarra mientras Sancho conspira contra su padre ante la cercana posibilidad de que divida el reino.

Será el futuro Sancho IV, el Fuerte, quien tome la iniciativa y aglutine en torno a su persona a los grandes del reino; en esta situación de guerra civil Alfonso X queda casi solo y recluido en Sevilla, abandonado y apesadumbrado morirá en 1284 dejando como heredero a Alfonso de la Cerda.

Su testamento será invalidado y el infante Sancho se hará con la corona.

¿Quién fue Alfonso X el sabio?

Las grandes empresas del rey Sabio quedaron aplastadas por su propio peso, a los nefastos resultados de su política y de los reveses bélicos se contrapone una labor económica, legislativa y cultural sin precedentes en los reinos cristianos.

Si su labor política fue controvertida, su labor cultural destaca brillantemente.

Crea escuelas de traductores en Toledo, Sevilla y Murcia donde reúne a los intelectuales musulmanes, judíos y cristianos, dedicados a recopilar y traducir al idioma del pueblo todo el saber de la época.

Aquí se enmarca la citada recuperación del Derecho Romano; dignifica el castellano utilizándolo en sus obras, como en la “Crónica General” de España, en sus tratados científicos como los “Libros del saber de astronomía” y el “Lapidario”.

Creía en el conocimiento para el cultivo del hombre, en que el saber debía ser escrito y difundido para que no se perdiera.

Convirtió su corte en centro literario, cultivando el mismo la poesía gallega, destacando sus “Cántigas de Santa María”, además de ser considerado el primer prosista de la literatura en castellano.

Alfonso X es el rey que soñó con un Imperio y despertó apunto de perder sus reinos, no puede ser recordado por su labor política o militar, él fue el rey Sabio que legó a la cultura española y europea una incomparable dote, la síntesis del conocimiento cristiano, musulmán y hebreo, el saber de una época.