Antiguo Egipto: El gran museo de la historia

Antiguo Egipto

La historia del Antiguo Egipto tiene como elemento esencial su río, el Nilo.

Para la agricultura era importante ya que las lluvias torrenciales del Sur inundaban los valles dejando a su paso cantidad de tierras y limos, lo que los egipcios denominaban “tierra negra”.

Hoy día la situación ha cambiado bastante por medio de las presas que regulan las crecidas, pero antes la vida económica del imperio giraba en torno al fenómeno de las inundaciones.

La riqueza, los años de mayor escasez y los de más prosperidad dependían de las variaciones del río.

Además había que tener especial cuidado con esas crecidas porque si eran excesivas podrían destruir todo lo que hubiese, incluidos los poblados, y si eran escasas, las tierras cultivables podían disminuir de forma importante y la cosecha no ser suficiente para abastecer a todos los ciudadanos.

El origen del Antiguo Egipto

El origen del Antiguo Egipto procede precisamente de estas circunstancias, grupos de gente se juntaban para intentar controlar las inundaciones y sin darse cuenta fueron creando núcleos compactos en torno al valle y delta del Nilo.

A partir de aquí se fue desarrollando un pueblo, con un sistema político (en este caso teocrático, donde el gobierno lo ejercía directamente un rey-dios, el faraón), y que además a lo largo del tiempo con la colaboración de todos se convirtió en una civilización estable y muy centralizada.

Esta organización política derivó en una sociedad estructurada de manera piramidal, con una cúspide presidida por el faraón, en representación del dios Horus, y una extensa base compuesta por la mayoría de la gente.

Este faraón reunía en su persona todos los aspectos de la vida egipcia, el dominio de lo religioso, lo militar y lo civil.

Aquello que sucediera en sus tierras le era atribuido: la crecida del río, las buenas cosechas que se producían, el culto a los dioses y a los muertos, las victorias en las batallas, los beneficiosos intercambios comerciales etc.

Si su poder se debilitaba con el tiempo por otra forma de gobernar, el país no se acostumbraba a la nueva situación y demandaba de nueva la vuelta del rey-dios.

La sociedad en el Antiguo Egipto

Además el faraón también era considerado el sacerdote por excelencia, nombraba al resto de los sacerdotes y se encargaba de mantener el culto en los templos y de la construcción de otros nuevos y de los monumentos funerarios.

La monarquía divina se mantuvo hasta el final de la civilización egipcia.

Este aspecto divino del faraón se extendió por todo el tejido social de forma importante, al igual que el orden universal, el “maat”, establecido por un dios creador y por otro que reinaba en la tierra.

Los temas de administración civil y la economía eran tarea del visir, hombre de confianza del faraón, al que transmitía instrucciones muy precisas; al mismo tiempo en cada una de las provincias del imperio, llamadas nomos, había siempre un representante del faraón, que se ocupaba sobre todo del cobro de los impuestos.

El resto de la sociedad estaba compuesta por los escribas, los campesinos y los obreros.

Los primeros de ellos transmitían las órdenes, hacían un seguimiento también de los impuestos y generalmente estaban adscritos al palacio del faraón, aunque lo podrían estar a los templos y ejército.

Los otros dos grupos constituían el gran grueso de la población, los campesinos o “fellah” realizaban la tarea básica del país, y jurídicamente estaban en el umbral de la servidumbre o en una adscripción de la tierra que trabajaban.

Siempre dependían de un propietario que bien podía ser el propio faraón, un templo o un particular.

Resultaba muy complicado para el propio campesino tener la propiedad de esas tierras, casi imposible, dado el sistema económico que existía en el Antiguo Egipto.

Los obreros, junto al campesinado, compartían la base de la pirámide; dentro de este sector podían existir grandes diferencias en su nivel de vida si eran artesanos u obreros comunes.

En el primero de los grupos entraban hombres hábiles, que se dedicaban a algún arte como el dibujo, la escultura, y también había joyeros, tejedores, carpinteros, albañiles, orfebres etc.

Podían disfrutar de un buen nivel de vida pero en los períodos de crisis económica su existencia tenía el riesgo de transformarse en miserable, más incluso que la del campesinado, porque su renumeración estaba en función de las especies conseguidas y si no había trabajo no percibían absolutamente nada.

En cuanto a los esclavos, sobre todo existieron en el Imperio Nuevo y se trataba de un grupo compuesto por prisioneros de guerra que pasaban a ser propiedad del faraón.

Sus hijos adquirían automáticamente la misma posición que sus progenitores por lo que la segunda generación de esclavos ya no estaba compuesta de prisioneros propiamente dichos.

Sus condiciones de vida eran variadas pero los más desgraciados tenían trabajos durísimos como en las minas de oro y cobre de Nubia y el Sinaí, donde además las condiciones climatológicas eran muy adversas.

A medida que fue creciendo el número de esclavos alguno de ellos dejaron de ser propiedad directa del rey y pasaron a manos de particulares.

El primer período del Imperio Egipcio

En el primer período del Imperio, El Antiguo, comprendido entre el 2686 y el 2181 a.C. comenzó con la dinastía III y acabó con la VI.

Egipto se fue desarrollando como un gran estado, cuya capital era Menfis.

La última dinastía de este periodo fue importante por la descentralización del poder, por caer el país en la anarquía, que se produjo con Fiope II.

El período intermedio

A partir de aquí habrá un periodo intermedio que acabará en la dinastía X y que estará protagonizado por graves revueltas, por la emancipación de la zona sur del país y por los cambios climáticos que perjudicaron las crecidas del Nilo.

El periodo Medio comienza con la entronización de príncipes tebanos y se extenderá hasta el año 1786 a.C.

Después de tanta inestabilidad se quiso volver a los tiempos de la época antigua, lo que chocaba con la intención de los tebanos, que se habían aliado con comarcas de diferentes provincias.

Se volvió a la centralización en parte y lo que sí se recuperó fue la economía y el desarrollo cultural.

Antes del Imperio Nuevo se produjo un segundo periodo Intermedio, muy parecido al anterior en cuanto a la descentralización y donde se crearon nuevos reinos.

Finalmente la época más moderna en el tiempo estuvo protagonizada por las continuas guerras que tuvieron resultados a la postre negativos porque se fue debilitando el poder central y al mismo tiempo el poder del Imperio.