Antonio Machado: Biografía, vida y muerte

 

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero…”.

Hijo de Antonio Machado Álvarez y de Ana Ruiz Hernández, Antonio Machado y Ruiz nace el día 26 de julio de 1875.

La de sus padres es una vivienda del Palacio de las Dueñas, que es propiedad de los Duques de Alba. Antonio es el segundo de cinco hermanos de una familia progresista y liberal.

La familia paterna de Machado pertenecía a la burguesía liberal andaluza. El padre de Machado colaboró con la prensa republicana y dirigió la Biblioteca de Tradiciones Populares. Además, éste publicó varios estudios acerca del folclore andaluz y gallego.

Era un gran amigo de Joaquín Costa y de Francisco Giner de los Ríos. El abuelo del poeta: Antonio Machado Núñez, fue un gran médico y además era maestro de ciencias naturales.

Era un hombre de firmes creencias liberales y por ello formó parte de la Junta Revolucionaria de Sevilla.

Cuando Machado tiene ocho años se va con su familia a vivir a la capital española, ya que el abuelo paterno es nombrado profesor de la Universidad Central. En Madrid, Antonio Machado cursará sus estudios en la Institución Libre de Enseñanza. Pero sus estudios se interrumpieron en más de una ocasión, debido a la muerte de su padre en 1893 y a varios altibajos económicos que pasó su familia.

En París, ciudad en la que reside de 1899 a 1902, conoce a relevantes artistas e intelectuales que van a ejercer una positiva influencia en la creatividad del joven poeta español.

Los más destacados son: Rubén Darío, Oscar Wilde y Pío Baroja. En París, Machado trabaja en una editorial y pronto realizará sus primeros escritos en publicaciones como: “Electra” o “La caricatura”.

En 1902 se publica su primera gran obra poética: “Soledades”, de índole modernista.

En 1907 obtiene la cátedra de francés en el Instituto de Soria. En esta metrópoli es donde conoce a Leonor Izquierdo con la que se casa en 1909. Pero el matrimonio dura poco tiempo, porque Leonor se pone gravemente enferma y muere en 1912 a causa de una tuberculosis.

Este suceso deja al escritor español profundamente afligido. Y es que Machado creía que: “Un corazón solitario no es un corazón”.

Por ello, le costó lo suyo poder superar la muerte de la persona que más amaba en el mundo. Una intensa melancolía se apodera del autor y ésta queda reflejada en sus obras. No obstante lo sucedido, Antonio Machado nunca tuvo miedo a la muerte, ya que según él: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos”.

Campos de Castilla y Machado

El poeta se marcha de Soria ese año. Su famoso libro: “Campos de Castilla” saldrá a la luz un tiempo antes de morir su esposa, pero en el mismo año, 1912. Al poco tiempo empieza a impartir clases en el Instituto de Baeza (Jaén) y allí vivirá junto a su madre durante cinco años, muy centrado en dar clases, en formarse y en meditar.

Porque Machado, ante todo, era un pensador que necesitaba nutrirse de sabias fuentes y filosofar sobre la vida.

En 1919 se va a Segovia y allí al cabo de unos años conocerá a su adorada Guiomar, como la llama en sus poemas. Se trata de una mujer casada con quien tiene una relación amorosa hasta que empieza la guerra civil.

Más tarde se conoció el nombre real de la dama: Pilar Valderrama. Ésta se convierte en la inspiración de sus famosos poemas de amor.

Ello lo podemos comprobar en su obra “Nuevas Canciones” (1924). Y es que Antonio Machado, como todo ser humano, necesitaba del amor y más habiendo sufrido tanto por él como lo había hecho hasta entonces.

Además era una persona muy romántica y ello lo manifestaba en palabras: “Dicen que el hombre no es hombre hasta que oye su nombre de labios de una mujer”. Sin duda, una hermosa manera de entender la esencia humana.

Obras de Antonio Machado

Entre 1926 y 1932 presenta junto a su hermano Manuel diferentes comedias dramáticas. Se traslada, de forma definitiva, al Instituto Calderón de Madrid en el año 1931. En 1927 lo habían elegido como miembro de la Academia Española.

Algunas frases célebres de Machado

Pero Antonio Machado siempre se mantuvo con los pies en el suelo, ya que él decía lo siguiente: “Huid de escenarios, púlpitos, plataformas y pedestales.

Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura”. Este monstruo de la literatura se caracterizó siempre por ser una persona humilde que pensaba que: “Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá un valor más alto que el de ser un hombre”.

La Guerra Civil Española, que empieza en 1936, separa para siempre a los dos amantes: Machado y Guiomar. Pilar Valderrama tiene que ir con su familia a Lisboa y Antonio Machado se va con la suya a Valencia.

El poeta, aunque entristecido, sigue activo y se decanta sin ninguna duda por el lado republicano. Pronto, empieza a formar parte de la Alianza de Escritores Antifascistas e interviene en el Segundo Congreso Internacional de Valencia.

En 1937 sale a la luz su última obra: “La guerra”, que tiene ilustraciones de su hermano José. Sin duda, Machado es una personalidad muy preocupada e interesada por España y por la realidad que le tocó vivir en aquel período.

Él pensaba en cómo estaba el panorama español del momento, no se cortaba a la hora de expresar su pensamiento y decía: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.

Muerte del poeta

Al irse a Valencia, escribirá de forma continua para la publicación: “Hora de España”. En 1939 el ejército republicano pierde la batalla y Antonio Machado decide irse de su país natal para empezar una nueva vida en Francia.

Al principio, estuvo en un campo de refugiados españoles hasta el momento en que algunas personalidades francesas como Cassou o Mauriac intervinieron en el asunto y consiguieron que el gobierno francés trasladara al poeta español a un pequeño hotel de Collioure donde tendría lugar la muerte de su madre que también fue el final de Machado, que falleció tres días después.

El autor nos había hablado, a través de su obra, acerca de su momento final: “Y cuando llegue el día del último viaje, y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar”.

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