El Arte Egipcio: Pirámides de la inmortalidad

 

- El Arte Egipcio: Pirámides de la inmortalidad

La historia de Egipto es fabulosa por su permanencia en la historia.

Su enigmática civilización de exaltada religiosidad y numerosos avances científicos se perpetúa con enorme originalidad en sus creaciones estéticas y artísticas.

El culto a los dioses y las ideas sobre la vida de ultratumba, impregnan todas las manifestaciones del arte egipcio y de forma notable su arquitectura, confinada a sus designios religiosos y funerarios.

La fe en una posible resurrección del hombre, arraiga la costumbre del embalsamamiento funerario y concede mayor esmero en la construcción de la morada de los difuntos que en la residencia de los vivos.

Su fundamento económico es la agricultura, muy vinculada a la geometría, que enmarca a la vez sus construcciones.

Los temas de la pintura y la decoración arquitectónica, se enriquecen con motivos agrarios, como plantas y flores.

La geometría y la matemática consiguen innovaciones también en los ritmos plásticos de la escultura, diseñada por la composición de ángulos.

El pueblo egipcio vive dedicado a la construcción de tumbas, colosales obras fabricadas con escasos medios técnicos, para los faraones, considerados dioses en la tierra.

La construcción en piedra, tratada de forma geométrica con medidas precisas, permite la elevación de tabiques y edificios de perfiles rectilíneos.

El edificio desborda la escala humana imponiendo con su grandeza una sensación de temor.

Las desproporcionadas dimensiones en relación con la función de las construcciones, son elegidas por los egipcios conscientemente, en su obsesionado sueño de resurrección y supervivencia eterna.

Las líneas horizontales y verticales dispuestas en un entramado diagonal, junto a la inexistencia de líneas curvas conforman una arquitectura arquitrabada que se fundamenta en el ideal geométrico frío y la construcción dominada por el poderío de la forma desnuda y concisa.

En la Pirámide de Keops se han observado un sistema de medidas, proporciones y ángulos que descubren los conocimientos matemáticos y geométricos de la civilización egipcia, que con el tamaño de los sillares de piedra y la disposición diagonal, consiguió dimensiones impensables hasta entonces.

Se imagina que en la antigüedad los extremos de las pirámides estuviesen recubiertos por un basalto brillante que señalaría el punto que recibe le primer rayo del sol, la unión de la tierra con la deidad protectora del sol.

La columna goza de una función decorativa y estructural, fruto de la exigencia de los techos planos en los templos.

Se muestra como una audaz construcción, comparable con la naturaleza vegetal de palmeras y árboles y enfatizada por la decoración de sus capiteles.

La mastaba es el arquetipo de enterramiento más antiguo, tumba de los primeros emperadores, sacerdotes y nobles.

Fruto de los deseos de grandeza y poder de los faraones las mastabas se superponen distinguidamente en la tumba real, originando las primeras pirámides escalonadas.

Las Pirámides de Gizeh son las construcciones más grandiosas de la cuarta dinastía, cuyo interior diseña un laberinto de galerías, estancias y pozos para evitar el usurpo del valioso menaje funerario.

A su alrededor, se construyen edificaciones menores, como La Gran Esfinge, dedicado a Kefrén, en una época en la que se concebía a los dioses como humanos y animales sagrados.

El tesoro de Tutankhamón es el más opulento de los hallados en un tipo de tumba denominado hipogeo, excavada en el declive del Valle de los Reyes, embellecidas por pinturas y compuesta por un entramado laberíntico, preservador de los valiosos tesoros de significativa valía arqueológica.

Los templos, cuya entrada monumental está compuesta por dos filas de esfinges y el obelisco, que dan paso a un patio asediado por columnas, acceso a las cámaras de los sacerdotes y al altar de Osiris, brindan un escenario imponente y deslumbrante a las festividades religiosas y políticas.

El Templo de Dayr al-Bahari construido junto a los espectaculares acantilados del Valle de Nilo es un recinto excavado en el interior de la montaña, modelo repetido posteriormente por Ramsés II en Abu-Simbel, en el que se origina una fusión entre la belleza arquitectónica y la Naturaleza.

Tutmés y Ramsés son los más impetuosos promotores de colosales templos, como el de Karnak y el de Luxor de gran suntuosidad y poderío, en consonancia con su espíritu de imperialismo territorial.

El carácter funerario de la escultura egipcia, define sus rasgos formales, distinguida de cualquier otra escultura de la historia, por su sensación estática, además de su solemne hieratismo.

Con las figuras, de inexpresivos rostros, ojos almendrados, tensa mirada y rigidez en las articulaciones, lejos de buscar la representación de la vida, se desea retratar soportes del alma para la eternidad.

La Ley de frontalidad reduce la perspectiva a un solo punto y es acentuada por la posición de los brazos y la inflexibilidad de la nuca.

Las formas se yuxtaponen adoptando una misma pose, evitando la ruptura de la hierática solemnidad de lo exánime.

Durante las primeras dinastías se trabajan las pequeñas estatuas de marfil y las colosales piedras arquitectónicas.

Las denominadas cabezas de sustitución, sugieren un intento de búsqueda del realismo, sobre cuerpos idénticos se colocan los diferentes rostros que personifican al difunto.

Las magnas obras de esta etapa son El Chéik-el-Beled y El Escriba sentado, diseñado con una planificación geométrica.

Las estatuas de Kefrén y Mikerinos expresan la divinización del faraón.

Se han encontrado esculturas del Imperio Medio, donde puede percibirse algunos sentimientos y expresiones, las figuras se alargan y los valores intemporales de los panteones se aproximan a la vida.

En el Imperio Nuevo se produce una renovación en la plástica, en los temas, las técnicas y la expresividad.

Se dota a la escultura de una asombrosa dulzura y sensibilidad, que puede apreciarse en El busto de Nefertiti.

En los relieves se representan con gran naturalidad situaciones de la vida cotidiana.

En la época de Ramsés, debido a sus ansias imperialistas, se genera una devoción por la estatua colosal, como las construidas en la entrada de los templos de Abu-Simbel.

Los muros de las tumbas del Valle de los Reyes, se encuentran cubiertos por frescos que desplazan a los relieves.

Uno de los capítulos de mayor belleza del arte egipcio es la serie de frescos de la Necrópolis Tebana, con sus ilustraciones del libro de los muertos de nítidos y contrastados colores y la escritura jeroglífica.

La representación de la naturaleza es una constante y la posición de las figuras se define por su frontalísimo y posición de perfil, alejándose de cualquier efecto de profundidad.

La pintura al contrario que la escultura se define como un arte para la vida, repleta de alegría, movimiento y actividad, sumidos en el deseo de que los fallecidos gocen en la vida eterna, de toda clase de placeres y deleites.

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