El Arte Islámico: El reflejo de los versos del Corán

 

- El Arte Islámico: El reflejo de los versos del Corán

En un lugar llamado Arabia, hacia la primera mitad del siglo VII, surge una nueva religión, la islámica, con vocación de alcanzar una extraordinaria difusión y exacerbación, además de convertirse, en el motor espiritual y vital de un pueblo que pervive hasta hoy.

La civilización musulmana destaca por su espléndida brillantez y por un arte cargado de originalidad, cuyo florecimiento es uno de los fenómenos más fulminantes de la historia.

La extraordinaria expansión de su cultura alcanza desde la India hasta los confines de África y la península Ibérica.

A lo largo de esta conquista por el Mediterráneo Oriental, los árabes supieron fusionar con maestría los estilos que encontraban a su paso.

 

Aportes bizantinos, mesopotámicos, persas, visigóticos… enriquecen el arte islámico, generando una diversidad que no impide su carácter unitario.

Son la religión y la sensibilidad originada por las enseñanzas del Corán, las que aportan al arte musulmán, esa unidad y potentes características espirituales y abstractas.

La creación fundamental del arte musulmán se da en la arquitectura y la decoración

Debido a su profunda vinculación a las exigencias de su religión, la pintura y la escultura, a las que se oponían los preceptos del Corán, tuvieron un desarrollo limitado.

La relativa pobreza constructiva y la profusión de modestos materiales de construcción, son características esenciales de la arquitectura musulmana. Solían construir, por lo general con rapidez, sin preocuparse demasiado por la altura y consistencia de las edificaciones.

Únicamente las grandes mezquitas, lugares de especial devoción, destinados a la oración y algunas edificaciones civiles palaciegas de especial relevancia, se han conservado hasta la actualidad en su forma original.

La columna y el pilar son los soportes más empleados, de fustes finos y lisos, de capiteles que frecuentemente derivan del corintio y el clásico y que se labran esmeradamente con motivos ornamentales muy planos.

Se distingue una gran variedad en la utilización de los arcos: de medio punto, de herradura, apuntados, lobulados, mixtilíneos… que se ubican con enorme frecuencia en los interiores, cumpliendo una misión meramente decorativa.

Cúpulas y bóvedas de los más variados tipos, cubren los techos de las construcciones islámicas, donde la decoración desempeña un papel de primer orden.

El labrado sobre las placas de yeso que se superponen a los muros, además de la cerámica vidriada, es la técnica más utilizada; en menor escala se emplea el mosaico de origen bizantino.

La temática decorativa, de carácter vegetal y geométrica, se compone de un reducido número de elementos, que articulados en complejas composiciones, se repiten hasta el infinito.

La mezquita, que es el edificio más importante y el que mayor desarrollo adquirió, consta de una sala consagrada a la oración, en cuyo muro del fondo o muro de la quibla orientado hacia la Meca, se abre un reducido santuario, el mihrab.

Frente a él se sitúa una zona decorada con grandes lujos y en sus inmediaciones se encuentra el púlpito.

El sahn es un patio rodeado por una galería porticada y en cuyo centro se encuentra la fuente para las abluciones.

La torre, denominada minarete, era el lugar destinado para convocar a la oración.

Atendiendo a esta configuración elemental, existen tipos variados de mezquitas, de diferentes proporciones y formas más o menos alargadas.

El templo de la Roca de Jerusalén y la mezquita de Damasco son dos monumentos de extraordinario interés, construidos en los siglos VII y VIII respectivamente.

En su tradición de perpetuarse en el Norte de África, construyeron la mezquita de Kairuan, en Túnez y entre las extraordinarias obras de la India destaca el célebre Taj Mahal, construido en el siglo XVII.

En la arquitectura civil musulmana, predomina el gusto por la fastuosa ornamentación sobrepuesta a una construcción de elementos muy simples.

Los palacios y residencias reales se organizaban de modo inconexo, yuxtaponiendo módulos independientes, que constituían diversas estancias y salas, ordenadas en torno a elegantes patios y jardines amurallados.

Los más arcaicos son los palacios de los desiertos de Siria y Mesopotamia; de incalculable belleza, el Qusayr Amra en Transjordania y el Khirbat al-Mafjar, cerca de Jericó.

El arte islámico en España

La España musulmana o Al-Andalus, con su capital en Córdoba, se convirtió hasta el siglo XI, en uno de los centros culturales y artísticos más significativos de todo el arte islámico.

Participando de las características generales, se conformó un estilo muy original y una personalidad diferente al resto del arte oriental, enriquecido por el activo intercambio de novedades estilísticas y la sustancial contribución de las tracciones artísticas españolas.

La mezquita de Córdoba es obra cumbre del arte hispano-musulmán, una selva de columnas y arcos, que a pesar de las múltiples ampliaciones realizadas a lo largo de dos siglos, y las novedades que se iban introduciendo, supo mantener la unidad del conjunto.

El palacio más célebre es el de Medina-Azahara, en Córdoba cuyas diversas salas se ordenaban al uso oriental, sin un plano geométricamente ordenado.

Su variada y compleja decoración se basa en arquerías, laboriosamente decoradas con temas vegetales.

El arte nazarí, un ciclo artístico hispano-musulmán pleno de vitalidad e impulso creativo, quedó reducido al reino de Granada. La gran obra nazarí es la Alhambra o Palacio Real de Granada.

A pesar de la tajante prohibición general, que se extendió por la cultura islámica, sobre las artes figurativas, consiguió desarrollarse la pintura, en concreto, la miniatura como su variante fundamental.

La temática principal es de naturaleza profana y tiene lugar en los palacios y entre las clases aristocráticas.

Las principales obras las constituyen los espléndidos códices de miniatura, entre los siglos XIII y XVI, en las que, dotadas de un asombroso realismo, se narran escenas de la vida cotidiana.

La cerámica se puede considerar el arte de mayor brillantez dentro de las artes menores.

Pequeñas esculturas y vajillas de diferentes estilos, cargados de colorido y un fabuloso sentido de la composición decorativa, son los rasgos fundamentales de un arte, relegado a un segundo plano por el mundo mahometista.

La cultura Islámica, rebosante de originalidad e innovación, de acentuada inteligencia abstracta, se entiende fabulosa por su arte, repleto de convicciones y espiritualidad, expresión y reflejo de los sueños poéticos del Corán.

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