Arte Paleocristiano

 

Durante los cinco primeros siglos de nuestra era se desarrollará un arte que coincidirá con la aparición del cristianismo, hasta la llegada de los pueblos bárbaros.

La evolución del arte romano tardío podrá definirse como Arte Paleocristiano.

Un punto de inflexión en el arte de esta época será el año 313, año en el cual se firma el Edicto de Milán por el cual se concede la libertad al cristianismo.

Hasta este momento la iglesia había sido perseguida y vivía bajo una constante amenaza.

Poco a poco las clases trabajadoras se irán convirtiendo al cristianismo, el número de reuniones religiosas aumentarán, aunque su organización interior era caótica.

Debido a esta falta de orden no pueden crear una estructura religiosa propia y serán por tanto las casas romanas las encargadas de dar cobijo a tales encuentros.

Será a partir del año 250 cuando el número de cristianos aumente.

El poder religioso realizará un giro y se acercará al poder político, la organización eclesiástica empezará a tomar forma y surgirán nuevas figuras en la iglesia; obispos, presbíteros y diáconos.

Por momentos la importancia del cristianismo hace tambalear la base de la sociedad romana y hasta el propio emperador Constantino decide convertirse al catolicismo, por lo que la expansión religiosa que se produce es total.

Entendidos en la materia hacen referencia a dos etapas, la primera alcanzará desde el siglo II al 313, y la segunda abarca desde el 313 hasta el siglo VII.

Simbología del arte paleocristiano

La simbología será parte importante en este nuevo arte, el fondo predominará sobre la forma y la estética se siente derrotada ante la expresividad. Ante todo se pretende intensificar los aspectos religiosos y eliminar las proporciones y las medidas del cuerpo humano.

Un primer período arquitectónico se centró en la excavación de catacumbas y el reforzamiento de sus estructuras.

Las catacumbas eran cementerios cristianos, que en un principio se excavaban en los jardines de las propias casas y que con el paso del tiempo, y el aumento de los fieles, tuvieron que trasladar a las afueras de la ciudad y darle una mayor organización.

Las catacumbas o cementerios se organizaban en varias posiciones: los nichos longitudinales (loculi) van colocados en los (ambulacrum) estrechas galerías, por otro lado aquellas tumbas que albergaban a personajes destacados de la época solían tener un arco semicircular (arcosolium) en la parte superior del nicho para distinguirlo de los demás fieles.

Tras el edicto de Milán la basílica será la construcción eclesiástica característica del mundo cristiano.

Algunos apuntan a las salas termales o las propias casa patricias como origen de dicha arquitectura, mientras que otros derivan su procedencia de la basílica romana.

La estructura básica es un edificio de planta rectangular, con tres naves longitudinales, que en algunos casos pueden ser cinco separadas por columnas; la nave central suele ser mas alta que las laterales y sobre cuyos muros se colocan ventanas para proporcionar la iluminación de la iglesia.

En el fondo de la nave hallamos un ábside semicircular y bajo él se alberga el altar.

Ejemplos de basílicas pueden ser San Juan de Letrán, San Lorenzo o San Pablo de Extramuros, Santa María la Mayor y la de Santa Inés, todas ellas en Roma.

Mientras esto ocurría en occidente, en oriente se produce una marcada predilección a utilizar construcciones de cruz griega, con los cuatro brazos iguales, ejemplo de ello son la Basílica de Qalbloze y la Basílica de San Simeón el Estilita.

Características del arte paleocristiano

Tanto en la escultura como en la pintura el carácter alegórico se impone a la belleza formal.

Los sarcófagos serán los receptores del mayor número de muestras escultóricas y las catacumbas y sus muros albergarán un sinfín de representaciones pictóricas.

En una primera etapa utilizaban figuras paganas con un claro simbolismo cristiano, a continuación se introducen signos acrósticos con un gran significado teológico como el Crismón, también aparecerán el Ancora o el Pez, elementos que simbolizan la figura de Cristo.

Los sarcófagos realizados tras el Concilio de Trento poseían tres estilos diferenciados: El primero de ellos de estilo impresionista, tenemos como ejemplo el Sarcófago de Jonás y el Sarcófago de los Pastores, este último ofrece el ejemplo más representativo de la fase impresionista preconstantiniana.

Posee un delicado relieve, suaves transiciones de luces y sombras y la concepción unitaria del espacio junto al escalonamiento de las figuras superpuestas.

Un segundo estilo será aquel en el que produce una descomposición de la superficie, mediante el contraste de luces y sombras, el Sarcófago de Flavio Caterme será un buen ejemplo de ello.

Este sarcófago marca el inicio de la segunda fase, los personajes proyectan su propia sombra, y colocados en bajo relieve, se pretende una descomposición de la obra. Los contornos se hacen macizos, a veces toscos y las posturas desequilibradas.

La última fase corresponde al periodo postconstantiniano y merece el calificativo de arcaizante, estilo bello.

Encontramos en este caso el Sarcófago de los dos Hermanos, procedente de la basílica de San Pablo, los vestidos realzan la plasticidad de las figuras, si bien aún no se renuncia del todo al efecto óptico de los surcos cargados de sombras.

Las figuras se mueven y parecen desprenderse del fondo.

En las criptas del Vaticano podemos encontrar el Sarcófago del Cónsul Junio Basso, es de tipo santuario, y se considera entre las figuras mas sobresalientes de Roma tanto por su estructura arquitectónica como por el estilo de las figuras.

Las representaciones desprendidas del fondo, implican una ruptura con la tradición constantiniana.

Acentúan la impresión espacial, no solo la plástica redondez y la tridimensionalidad de las figuras, sino también la separación de las escenas por los elementos arquitectónicos.

La forma de tratar los vestidos es nueva y acusan la influencia de la época imperial media.

El arte Paleocristiano en España

El arte Paleocristiano en España compone la etapa final de la influencia romana, aunque no tuvo un gran desarrollo han aparecido cuantiosos testimonios del arte paleocristiano ibérico.

En arquitectura citar la basílica de San Pedro de Alcántara compuesta por una sola nave, también encontramos las casas patricias de Mérida y Fraga, y en Lugo la iglesia subterránea de planta basilical de Santa Eulalia de Bóveda.

Igualmente encontramos sarcófagos en Tarragona y en Zaragoza.

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