Batalla de Arapiles (1812) y batalla de Vitoria (1813): El declive del gran ejército de Napoleón

 

A ocho km de Salamanca, en el término municipal de Arapiles, en un terreno llano y extenso, una penillanura sólo flanqueada por dos cerros, Arapil Chico y Arapil Grande, comenzó el ocaso del imperio francés. El sueño de Napoleón se derrumbaba; los franceses huían de España y de Rusia al mismo tiempo.

Desde octubre de 1807, las tropas de Napoleón comenzaron una camuflada invasión y conquista de España.

La única resistencia fuerte que encontraron fueron los bandoleros que organizaban la guerra de guerrillas; el ejercito español apenas contaba con recursos suficientes para hacer frente la Grande Armée de la imperial Francia.

Las conquistas y victorias de Napoleón no presagiaban lo que el 22 de julio de 1812 auspició la derrota del gran ejército francés a manos de un contingente anglo-hispano-portugués.

Es, en dicha fecha, cuando en las colinas de Arapiles (Salamanca) comienza una batalla estratégica que catapultará al primer Duque de Wellington, Arthur Wellesley, a la gloria y, a los generales franceses a un estrepitoso fracaso.

También conocida como Batalla de Salamanca por la historiografía inglesa, con ella se inicia el repliegue de las tropas francesas de España, hasta su abandono total y la vuelta del deseado, Fernando VII.

Desarrollo de la batalla de Arapiles

La batalla se saldó con la pérdida por parte del bando aliado de 5.220 bajas, de los que paradójicamente sólo 6 fueron españoles, frente a los 12.500 hombres que perdió el ejército napoleónico.

Dos personajes son claves en esta batalla táctica que enfrentó al inglés Arthur Wellesley con el mariscal Auguste Marmont.

Arturo Colley (1769-1852), era el verdadero nombre del Duque de Wellington, natural de Dublín.

El 22 de abril de 1809 desembarcó en Portugal para dirigir el ejército inglés en defensa de la ocupación francesa del país luso. Su penetración hacia España, y su victoria en Talavera de la Reina (1809) le valió el título de Generalísimo del ejército español.

La batalla de Arapiles será prácticamente un ensayo de la Batalla de Waterloo (1815), la puntilla que Wellington dio finalmente a Napoleón, que será obligado a abandonar Francia hacia la isla de Santa Elena, donde 6 años más tarde, finalmente morirá.

El Mariscal Auguste Marmont (1774-1852) será el otro gran protagonista. Amigo personal de Napoleón desde la Academia de Artillería donde ambos estudiaron, su entrada en la Península Ibérica será en 1811, cuando Napoleón le ordena sustituir al Mariscal Masséna en Portugal.

En Arapiles, donde se enfrentó al Duque de Wellington, resultará herido gravemente. Posteriormente luchó en otros campos europeos hasta que finalmente aceptó la restauración borbónica.

En 1830 cuando Carlos X de Francia es derrocado, le siguió al destierro, muriendo en Venecia. Ambos serán los protagonistas de la batalla aunque también participarán otros personajes interesantes como: Julián Sánchez El Charro y Agustina de Aragón, por parte española.

La lucha comenzó el día 22 de julio, al amanecer, después de una estruendosa tormenta, que coincidentemente también acompañó a Wellington en la Batalla de Waterloo y que le presagió, en esta última, la victoria.

El campo de batalla estaba repartido; Arapil Grande era dominado por el ejército francés, mientras que Arapil chico, estaba en las manos de Wellington.

Estas dos colinas y la posesión de una u otra serán la clave, junto a la astucia, la intuición y una cadena de infortunios de la derrota franca en manos del general inglés.

Desde ambas, y con un claro valor estratégico, se domina desde el sur, Salamanca, los pasos del Río Tormes y el camino hacia Ciudad Rodrigo (Salamanca). El error del Mariscal Marmont será enviar a la vanguardia francesa a partir de Arapil Grande hacia Portugal, por el sur de Salamanca.

Dicha cadena de infortunios comenzó a las tres de la tarde cuando el Mariscal Marmont es herido gravemente en Arapil Grande, en el intento de recomponer el ala izquierda de su despliegue profundamente afectado.

El mando cayó en Bonnet procedente de Asturias y por tanto muy alejado de Marmont. A las cuatro de la tarde, Bonnet es abatido en las proximidades de Arapil Grande, en un intento de acercarse para defender el lugar.

El mando recaerá en Claussel que intenta reunir en las inmediaciones de Arapil grande los restos de sus divisiones, para perseguir a la Brigada Pack hasta el poblado de Arapiles, como última reacción ofensiva del ejército francés. Wellington no dejará de reforzar sus efectivos en Arapil grande aún cuando los ingleses son instigados una y otra vez, y hasta que, fortuitamente, se dicta por parte de Claussel la retirada, ejecutada por Maucune, ya que el anterior había resultado también herido.

El repliegue francés deja un aspecto desolador en el campo de batalla, por lo que Wellington rechaza la idea de perseguir a los franceses.

Los datos hablan por sí mismos; los aliados contaban con 5.000 bajas frente a las 12.000 (entre muertos, heridos y prisioneros) víctimas francesas. En la oscuridad los franceses huyen por el río Tormes y, Wellington entrará en Salamanca.

Consecuencia de la batalla en la ocupación francesa a España

La importancia de esta victoria, que no acaba con la ocupación francesa de España, supone el comienzo de una serie de éxitos que llevarán a la expulsión de los franceses del territorio peninsular y la organización de ejército y guerrilla, un tándem que ni el glorioso e invicto, hasta entonces, ejército francés, logró su aniquilación.

Con la derrota de Arapiles, el anhelo de Napoleón comienza a desmoronarse, más aún cuando es derrotado en Rusia, su otra gran ambición.

Wellington, una vez que rechazó la persecución del ejército francés, avanzó por el valle del Duero, llegando el 30 de julio a Valladolid y el 12 de agosto a Madrid, lugar donde igualmente fue aclamado.

Una vez tomado Madrid, las tropas francesas refugiadas en los cuarteles de El Retiro se rindieron, mientras José I se dirigía a Valencia, donde le esperaba la protección de Souchet.

Una vez que el Duque de Wellington vio que Madrid estaba asegurada, se dirigió hacia Burgos con la intención de evacuarla.

La situación en dicha población se complicó extremadamente ya que los franceses se hicieron fuertes en dicha plaza y provocaron la retirada del bando aliado el 21 de octubre.

El retroceso de las tropas de Wellington fue enorme. Volvió a abandonar Madrid, llegando nuevamente a Salamanca y a Ciudad Rodrigo, donde pudieron, durante el invierno, preparar una nueva estrategia que les llevara a conseguir otra vez las plazas perdidas.

La suerte bendijo a los aliados, cuando, después de una agresiva campaña en España que produjo un gran número de bajas, Napoleón decide que varias divisiones establecidas en España se dirijan hacia Europa para auxiliar al debilitado ejército francés enormemente vapuleado por Rusia.

En primavera, Wellington comienza nuevamente la ofensiva, y el 20 de mayo de 1813, junto a las tropas gallegas dirigidas por el General Girón, toman el Valle del Esla.

El Mariscal Jourdan ante el avance español decide concentrar sus tropas en Burgos asegurándose las comunicaciones con el sur de Francia y una vía de escape de la corte de José I, que se refugió en Miranda de Ebro (Burgos), lo que obligó a Wellington a avanzar hacia Vitoria.

El enfrentamiento no se hizo esperar. El 21 de junio de 1813 comienzan las hostilidades entre un ejército francés formado por 58.000 hombres y 153 cañones, y el ejército aliado con tropas de procedencia anglo-hispano-lusas integrado por 78.000 hombres y 96 cañones.

Tras duros combates, José I, rey de España, por imposición de Napoleón, decide huir en una calesa dejando el tesoro procedente del saqueo del patrimonio español, que sirvió para que los soldados aliados se lanzarán hacia el botín con el procedente enfado de Wellington que describiría, con una feroz crítica, a las tropas inglesas, como “… escoria, soldados que se alistan simplemente por un trago…”.

Los franceses huyeron, pero las noticias del triunfo en Vitoria llegaron a los frentes prusianos y rusos que habían sido derrotados. Este éxito concluyó con la retirada de las tropas francesas de España, con la excepción de Cataluña en la que aún quedó un reducto, y la devolución de la Corona a Fernando VII, finalizando así la Guerra de Independencia Española.

Numerosas anécdotas han colmado la estancia de los franceses en España al igual que los triunfos del Duque de Wellington en la Península Ibérica. Cabe destacar entre otras, que cuando se supo en Viena de los triunfos de las tropas aliadas contra Francia, será Johann Nepomuk Mälzel, inventor de profesión, el que encargaría a Beethoven (al que le ideó el audífono que utilizaba), la composición sinfónica para un instrumento de su ingenio, el panarmónico, de la opus 91 o “La Victoria de Wellington” (1813) que finalmente sería compuesta para orquesta.

Igualmente, en Londres, se recuerda la Batalla de los Arapiles mediante un monumento en honor a Wellington, que representa un dragón con escamas y plumas, sujetando un cañón entre las alas; dicho monumento puede admirarse en Horse Guard Parade.

Peor o mejor destino, según se observe, tuvieron más de 90 obras de destacados pintores españoles, entre ellas “El Aguador de Sevilla” de Velázquez, regaladas al Duque de Wellington por Fernando VII como gratificación por los servicios prestados en España y aprehendidas o abandonadas por José I cuando huía hacia Francia y pertenecientes al patrimonio español como hemos indicado en párrafos anteriores.

Estas obras pueden admirarse en el Palacio, que fue vivienda de los Duques de Wellington, Apsley House o Wellington Museum, en Londres cerca de Hyde Park, que aunque cedida en 1947 al Estado, aún algunas de sus estancias funcionan de residencia de los residentes del que en realidad fue el liberador de España de manos de los franceses, el primer Duque de Wellington.

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