Batalla de Jutlandia

 

La Primera Guerra Mundial nos ofreció una importante muestra de curiosas, triunfantes y ejemplares estrategias militares que servirían de modelo para los estrategas de venideras guerras dignas de estudio por los “afanosos” de la guerra.

Existen opiniones múltiples sobre la importancia de una u otra batalla acontecida a lo largo de la Historia pero es unánime la creencia de que la batalla de Jutlandia fue la mayor batalla naval de la Primera Guerra Mundial, y la segunda más grande de la Historia.

Han sido razones de peso para llegar a esta conclusión, por un lado, que la empedernida rivalidad entre ingleses y alemanes llegó a desarrollar inimaginables tácticas cuyos resultados no hizo otra cosa que evidenciar la pericia de sus artífices; por otro lado, los recursos materiales y humanos en esta batalla empleado.

El resultado obtenido de este capítulo bélico al que nos referimos es ambiguo; podríamos decir que ambos bandos ganaron la batalla.

Pero antes de desvelar las causas empecemos por el principio.

Historia de la batalla de Jutlandia

La fecha clave es el periodo comprendido entre el 31 de mayo hasta el 1 de junio de 1916 y el escenario elegido, el Mar del Norte.

Es en estas aguas donde se enfrentaron la Flota de Alta Mar de la marina del Káiser, dirigida por el vicealmirante Reinhard Scheer, y la gran Flota Real Británica comandada por el almirante Sir John Jellicoe.

Hasta las fechas la superioridad naval británica había mantenido a la gran Alemania en sus puertos, no era nada factible correr riesgos.

Esta situación cambiaría con la llegada de nuevos aires en las altas esferas de mando; y es que con el ascenso a almirante de Reinhardt von Scheer y su carácter más agresivo que su antecesor, los miedos se dejaron de lado y se pensó en un enfrentamiento en toda regla con los británicos para hacerse, recogiendo palabras textuales del propio almirante, “dañar la Flota Inglesa por medio de ataques rápidos contra las fuerzas navales ocupadas de vigilar y bloquear la Bahía Alemana, así como depositar minas en la costa británica y atacar con submarinos, siempre que fuera posible.

Después de demostrarse una igualdad de fuerzas como resultado de estas operaciones, y de que todas nuestras fuerzas estuvieran preparadas y concentrados, debía intentarse buscar la batalla con nuestra flota bajo circunstancias que fueran desfavorables para el enemigo”.

Este discurso debió de sonar bastante bien ya que en sus manos tenían una posibilidad mínima de vencer a las fuerzas británicas debido a que la carrera naval alemana se estaba quedando cada vez más atrás conforme avanzaba la guerra.

Conscientes de este hecho se decidió que los alemanes dividirían y conquistarían mediante la estratagema de atraer unas cuantas escuadras británicas, no todas, y a las que superarían en número; abordándolas mediante pequeñas acciones en el Mar del Norte.

Estos artificios son los que han llevado a la batalla de Jutlandia al grado de “una de las más grandes operaciones militares de la Historia”.

La forma de ponerlos en marcha no era ninguna novedad; en la época, cualquier batalla naval consistía en el enfrentamiento en columnas paralelas de la flota, con los barcos avanzando en línea india de forma que se lograse mantener la formación.

Era la única manera de garantizar las mejores comunicaciones ya que, a pesar de existir la radio, se seguían empleando las banderas y focos luminosos entre las espesas columnas de humo que emanaban de las chimeneas de los barcos.

Desarrollo de la gran batalla naval del siglo XX

En el momento de la batalla, sin embargo, la flota sí se desplegaría en una sola columna en ángulo recto con respecto a la línea de avance original. Esta disposición se conseguía tras unas horas por lo que era necesario que los cruceros, flotillas de exploración, se pusiesen manos a la obra y, además de detectar al enemigo e informar de su posición, “matasen dos pájaros de un tiro” y hundiesen algún barco enemigo.

Cinco modernos acorazados alemanes fueron destinados para atraer y hundir a la escuadra de Sir David Beatty.

La maniobra no fue tan fácil ya que los británicos habían detectados las órdenes gracias a las comunicaciones interceptadas y la respuesta británica no se haría esperar; las pequeñas fuerzas británicas se verían reforzadas por las de otro almirante inglés, Jellicoe.

Sin cejar en el empeño los alemanes planearon una maniobra de distracción que contemplaba situar un gran número de submarinos (U-Boot) frente a las bases navales británicas y atraer a la escuadra de acorazados y destruirlos a todos.

La tarde del día 31 de Mayo de 1916 se enfrentarían finalmente unas 250 naves entre las dos flotas: la de Alemania y Gran Bretaña.

El aterrador resultado fue la baja de 14 barcos británicos y 11 alemanes, con colosales pérdidas de vidas humanas.

De nada sirvieron los esfuerzos británicos por romper la barrera de fuego alemán; la inferioridad alemana no parecía ser óbice para que consiguiesen una ventaja sobre los alemanes.

La superioridad numérica de la flota británica se vería contrarrestada por lo que se ha venido llamando como “factores técnicos”, y es que los barcos alemanes contaban con un blindaje anti-torpedo aún más grueso, una división interna más simple y, evidentemente, más eficaz debido a que los navíos alemanes sacrificaron el número de camarotes para sus marineros.

Al comienzo de este artículo hablábamos de dos versiones acerca del final de la batalla de Jutlandia; tras esta breve introducción sobre la materia podemos entender que la victoria fue para ambos o para ninguno, según se mire.

Desenlace de la batalla de Jutlandia

Tácticamente la victoria fue para el lado alemán ya que no sólo adolecieron y exterminaron a la Royal Navy sino que su artillería fue más efectiva y sus estrategas más audaces en el desarrollo de decisiones sobre el rumbo de la batalla.

Eso por un aparte, pero también es cierto que los británicos también ganaron ya que, a pesar de las pérdidas las fuerzas no le habían abandonado conllevando la retirada de los alemanes.

Habría una segunda parte en el enfrentamiento de ambos imperios pero los resultados de la batalla habían relegado a Alemania a la guerra submarina en donde había puesto todas sus esperanzas; de esta forma continuaba la amenaza alemana y reseguía requiriendo la concentración de la marina británica en el Mar del Norte. Jamás lograrían los alemanes el dominio de los océanos.

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