Batalla de Rocroi

 

- Batalla de Rocroi

La Guerra de los 30 años (1618 a 1648), debido a su duración, contiene una gran cantidad de batallas de gran envergadura histórica.

La que ha pasado a la Historia como Batalla de Rocroi destaca de entre las demás por su escenario inigualable, Ardenas (Francia), y por la ingeniosa táctica francesa que le llevaría a la gloria.

Existen multitud de opiniones acerca de la importancia de esta victoria con respecto al desenlace de esta gran guerra.

En esta versión se plantea la derrota de los invencibles tercios españoles como una consecuencia clara ante la importancia que iba adquiriendo el reino de Francia y el inigualable carisma del liderazgo del monarca Luís XIV.

Existen algunas otras versiones que tratan dicho capítulo como un hecho más de la cadena de acontecimientos que ensalzarían a Francia a la derrota final de las tropas españolas tras la longeva guerra.

 

Estas mismas opiniones hablan de victorias anteriores a la fecha, y posteriores también, que causaron aún más estragos en el fin de la estela de lauros del imperio español.

A pesar de la cierta verdad que contienen estas afirmaciones me gustaría recordar al lector que, aunque esta batalla no tuviera consecuencias de vital importancia casi de inmediato, fue un gran aliento para los franceses ya que la derrota de uno de los tercios más poderosos de la Historia y casi invencible en 200 años, el español, no era para menos.

Historia y origen de la batalla de Rocroi

Cayeron allí muchos veteranos de imposible sustitución y mostró las debilidades del declinante imperio europeo de la Casa de Austria española.

Es por ello por lo que suele ser habitual tomar Rocroi como punto de inflexión en los acontecimientos militares de la época.

La realidad es que Rocroi es, a día de hoy, un auténtico mito como los hay poco ya que los acontecimientos acaecidos en el escenario elegido representa la historia española y europea; al mismo tiempo que, en su relato, se incluyen grandes dosis de épica y valor que detendría las heridas de la injusticia y del olvido de aquellos soldados de nuestros orgullosos Tercios españoles.

Unos años atrás el comandante Francisco de Melo y un número muy similar de tropas habían llegado a Rocroi participando en batallas verdaderamente exitosas; con fecha del 19 de mayo de 1.643, el imperio español al mando del portugués Francisco de Melo y el reino de Francia, al mando del Duque de Enghien y más tarde Príncipe de Condé, un jovencísimo Luís II de Borbón; se ven cara a cara tras la tensión creciente entre estas dos potencias vecinas por la zona del Franco Condado y Cataluña.

La iniciativa es española y su insistencia por sitiar la villa de Rocroi y así lograr hacerse con la influencia absoluta de la región, sería bastante obvia para las tropas francesas; por lo que no tardaría en desencadenarse una batalla.

Estamos en una época en donde el instrumento de transporte era el caballo y la herramienta de ataque y defensa, la artillería de ese tiempo.

Sabemos que las cifras de efectivos y de recursos materiales se contaban por millares pero los informadores oficiales no se ponen de acuerdo en muchos de los números ni del transcurso de la contienda ya que en todo final siempre impera el amor propio.

A pesar de estas inconveniencias sí que podemos hablar de algunos datos fiables como es que los franceses, al mando de Enghien, contaban con 16.000 infantes, 5.000 jinetes y 12 piezas de artillería.

Melo, en el bando español, contaba con algunos menos efectivos, exactamente 22.000 hombres y 24 cañones, su “as en la manga” era encontrar el refuerzo de Jean de Beck, que vigilaba la frontera con 3.000 infantes y 1.000 jinetes.

Poco antes de amanecer se iniciaría un combate abierto de seis horas de duración cuyo final ya hemos desvelado; en el que el número de bajas se contarían por millares y los prisioneros por doquier.

El sistema de ataque francés se desarrollaría a partir de dos líneas de infantería situadas en el centro del campo de batalla y, en cada flanco, se reforzarían con varias escuadras de caballería, además de una línea de artillería encabezando la formación.

Los españoles, sin embargo, optarían por hacer uso de las ya conocidas tácticas de los tercios españoles y, con colaboradores de lujo, los tercios italianos y alemanes (en la retaguardia).

La caballería imperial a los lados de la formación y por delante de todos ellos, la artillería.

Ambas formaciones desplegaron todas sus habilidades y genialidades en el campo de batalla aprovechando cada uno de los descuidos del enemigo, los síntomas de agotamiento eran cada hora más evidente y hasta el mínimo despiste era una baza importante con tal de obtener una rápida victoria.

De entre el relato de los acontecimientos destacan algunas acciones que su buen hacer acabarían mermando las líneas del bando; en primera línea francesa, los españoles aprovecharían un hueco de la formación para lograr la captura de los cañones franceses.

Ante esta situación D’Enghien logró reorganizar la caballería, cargó contra las dos alas españolas y logró ponerlas en retirada; el mismo final también correrían los arcabuceros.

Las tropas españolas contaban, entre otras virtudes, con una caballería espectacular capaz de anular la artillería contraria, en esta ocasión todas estas facultades parecían insuficientes, y es que la caballería francesa, liderada por Gassion, no tardaría en hacerse con los secretos de los españoles y saber aprovechar las deficiencias y crear el caos.

El desorden entre las filas de jinetes desplegaría todos los medios posibles del propio Melo con el fin de reagrupar las fuerzas y volver al ataque pero no sería tan fácil ya que la caballería de Alburquerque (así es como se le denominaba a uno de los Tercios) no era capaz de hacer frente a la estrategia de unión entre los jinetes de Enghien y Gassion.

Se habla de un combate encarnizado entre grandes militares y soldados entregados a su patria; fue allí donde perdieron la vida el anciano Conde de Fontaine y dos comandantes de Tercio, el Conde de Villalba y Antonio de Velandia.

Donde se produjo la batalla de Rocroi

Cuando menos se lo esperaban los franceses, se produce lo que se ha venido llamado “un giro inesperado”, Enghien sabía que tenía el tiempo como enemigo así que, dejando a Gassion con un pequeño destacamento para que no dejase que las tropas españolas recobrasen fuerzas; se dirigió con el resto de la caballería francesa contra el ejército de Francisco de Melo y lo atravesó por la mitad de tal forma que separó a la veterana infantería española de los tercios italianos, alemanes y valones, por una parte; y , una vez de vuelta en la embestida, arrojándose hasta la victoria sobre la caballería de Isenburg.

La estrategia fue tan arriesgada como efectiva, no tardaron en darse la retirada los tercios italianos; se habla en la documentación existente de desbandada de hombres a través del campo rumbo a los bosques y a la nada en busca de refugio.

La batalla estaba perdida.

Mientras tanto, los cañones españoles ya no escupían fuego, las bajas eran incontables por lo que Melo mimó la sola idea de que la caballería de tuvo la vaga Beck pudiese llegar con refuerzos y retomar la lucha pero lo cierto es que la noticia corrió como la pólvora y, al llegar a los oídos del susodicho, se decidió no acudir a la ayuda y dar media vuelta ya que el riesgo era mucho mayor de lo que se esperaba.

¿Por qué morir más hombres? Rocroi era de los franceses, no había más.

Final del relato histórico

El final de este relato histórico ha adoptado varias versiones, se cuenta que, tras la desaparición de la formación española se oyeron gritos pidiendo cuartel, y el duque de Enghien ordenó cesar el fuego; pero mientras Enghien y su escolta se aproximaban para pactar las condiciones, algunos españoles abrieron fuego pensando que se trataba de un nuevo ataque.

Los franceses, pensando que era un señuelo la rendición, no dudaron en lanzarse salvajemente sobre las tropas españolas desafiando a la mismísima muerte.

Enghien no tenía otra opción más que pedir clemencia y así lo harían un gran número de seguidores supervivientes españoles, hincando las rodillas y bendiciéndole pidiendo no continuar con esa masacre.

Este momento ha sido incluso llevado a la posteridad por el pintor François Joseph Heim en un famoso cuadro de la batalla expuesto en Versalles.

Otra de las versiones, dicen muchos que la más creíble, narra la desilusión por parte de Enghien ante la inexistencia de unos refuerzos y la decisión lógica de negociar una rendición a cambio de respetar la vida de los supervivientes y permitirles retornar a España; a lo que se añadió el salir con las banderas desplegadas, no ser hechos prisioneros y conservar sus espadas.

Se dice también que los franceses, haciendo gala de su educación, no dudaron en aceptar las condiciones por lo que, de inmediato, se procedería a la capitulación del tercio de Garciez pero no el de Alburquerque quien, demostrando su terquedad propia también de la raza española, seguiría insistiendo en la resistencia armada hasta agotar sus fuerzas y finalizar el capítulo con otra piadosa capitulación.

La suerte de Melo fue bastante buena, pudo escapar con buena parte de su caballería, pero con apenas 3.000 infantes mientras que varios miles de soldados (entre españoles, italianos, alemanes) estaban prisioneros, y otros miles desbandados, aunque si es cierto que la ausencia de persecución permitió a muchos regresar.

Materialmente hablamos de pérdidas cuantiosas, los 24 cañones y todo el bagaje, incluyendo la tesorería del ejército (40.688 escudos).

En resumen, Rocroi no fue ninguna catástrofe militar decisiva sino una batalla perdida; quizás el problema residiese en el afán absurdo y arriesgado del monarca Carlos de Gante quien comprometió a la monarquía confederal hispana en una insensata aventura europea al servicio de un designio imperial absurdo.

Y no dejaremos de hacer hincapié en que fue decisiva la desaparición del núcleo de veteranos alrededor del que se había formado el Ejército de Flandes junto al rendimiento propagandístico que obtuvo Francia de esta victoria, y que ha llegado hasta nuestros días.

Añadir Comentario