Canibalismo sexual: ¿Por qué se produce?

 

La selección natural opera sobre los individuos y programa a cada uno de ellos con una regla muy clara: trata de evitar tu muerte sobre todas las cosas. ¿Por qué entonces algunos machos se dejan devorar por las hembras antes, durante o después del apareamiento?

Como expone muy bien Richard Dawkins en “El gen egoísta”, los individuos son capaces a veces de realizar grandes e incluso supremos sacrificios, si de este modo incrementan significativamente las posibilidades de que sus genes pervivan en otros individuos, como sus parientes cercanos o sus descendientes.

En estos casos, suele reunirse un cúmulo de circunstancias especiales que privilegian el altruismo frente al mandamiento fundamental de velar por la propia integridad física.

¿Qué es el canibalismo sexual?

El canibalismo sexual es un ejemplo extremo de la disyuntiva entre tener mucha descendencia a un coste muy elevado (o incluso un coste total) o sobrevivir con muy pocas posibilidades de reproducción.

Los machos de especies solitarias, carnívoras y con pocas oportunidades de aparearse son los principales candidatos a ser comidos por las hembras, mayores que ellos en la mayoría de los grupos animales.

Los animales sociales tienen abundantes comportamientos que evitan o minimizan la agresión. Los animales solitarios, en cambio, deben cambiar radicalmente sus hábitos para posibilitar la unión sexual.

Si además las hembras cuentan con poderosas armas de depredación y los machos se encuentran escasamente con las hembras, por lo que tras hallar a una de ellas se juegan gran parte de sus posibilidades de dejar descendencia, es bastante probable que la atracción sexual acabe siendo fatal.

Una estrategia ventajosa podría ser que las hembras se comieran algunos machos antes de copular, ejerciendo la selección natural que castiga a los débiles o torpes.

Pero esto implica que, si la hembra puede copular y tener descendencia muchas otras veces, pudiera quedarse sin machos si la proporción sexual de la especie es 1:1 (50% de machos y 50% de hembras), salvo que los machos sobrevivientes compensen las pérdidas copulando muchas veces.

También podría sesgarse la proporción sexual a favor de los machos, por ejemplo, 5:1. Otra estrategia más ventajosa aún podría ser que las hembras se comieran a los machos durante o después de la cópula, cuando ya se transfirió esperma. Así, la hembra escoge un macho de su gusto e inmediatamente sacia su gran apetito de recién embarazada.

El macho también podría beneficiarse: podría dejarse comer o incluso suicidarse activamente si al aportar alimento a su prole logra una descendencia mayor a la que tendría si permaneciera vivo.

Se han generado dos modelos matemáticos para predecir las condiciones que propician el canibalismo sexual, uno para antes de la cópula y otro para después de la misma.

¿Qué factores facilitan el canibalismo antes de la cópula?

Newman y Elgar, en 1992, analizaron la acción de dos tendencias opuestas: la hembra que come al macho obtiene una ventaja nutritiva que puede ser importante, pero corre el riesgo de no ser fecundada.

La adopción de esta estrategia permite predecir algunos resultados:

1) Los machos grandes serán preferentemente devorados porque aportan mucho alimento.

Las hembras seleccionan machos grandes para copular y, sin embargo, muchas especies han evolucionado hacia machos enanos. Este enanismo masculino puede ser una táctica para pasar desapercibidos y evitar ser comidos por las hembras.

2) El canibalismo sexual será frecuente si hay muchos machos, pero será evitado si son escasos.

Los machos enanos, muy numerosos, compensarían este riesgo achicándose más y más.

3) El modelo predice más canibalismo en hembras hambrientas y/o ya copuladas.

Buskirk y colaboradores publicaron en 1.984 un modelo para especificar las características ecológicas que favorecerían el canibalismo sexual después de la cópula.

Comerse al compañero será beneficioso siempre para la hembra pero no para el macho, salvo:

1) que las expectativas del macho de copular nuevamente sean escasas y/o

2) que el valor nutritivo del macho sea tal que mejore en mucho su descendencia, generando muerto más hijos que si quedara vivo.

Una revisión muestra que se conocen cientos de especies caníbales sexuales.

Dos especies de arañas tienen machos suicidas.

En 1992, Elgar listó 88 especies de invertebrados para los que se dieron detalles de canibalismo sexual en observaciones en la naturaleza. Casi todas son de insectos, siempre del grupo de las mantis, donde esta conducta es casi universal, o arácnidos (arañas y escorpiones).

También se conocen casos de canibalismo sexual entre algunos crustáceos y caracoles. El canibalismo es más frecuente antes (56% de los casos) que después de la cópula (31%).

La famosa especie Mantis religiosa mostró un respetable 30% de canibalismo en el campo. En los escorpiones había dos unanimidades: todos los datos de las 11 especies eran anecdóticos y poscopulatorios.

En 49 especies de arañas, en cambio, predominaba el canibalismo precopulatorio (82% de los casos).

El canibalismo sexual tiene bastante importancia en la dieta de algunas hembras: la de la mantis Tenodera aridifolia sinensis consigue el 63 % de su dieta de sus compañeros machos.

Argiope aemula es una araña común en los jardines japoneses. Sasaki e Iwahashi encontraron que las hembras se comen regularmente a los machos durante la cópula en la naturaleza. Los machos de las arañas tienen como dos penes; los órganos copuladores están en los palpos, dos patitas delanteras. El macho de A. aemula copula con uno de los palpos e intenta retirarse. La hembra entonces intenta atraparlo. Si lo agarra, se lo come. Si el macho se salva y no quedó muy roto (pierde patas con frecuencia), vuelve a la carga blandiendo el otro palpo. Copula entonces un buen rato, ya que muere súbitamente y es comido mientras por la hembra. Esta muerte súbita explica por qué las hembras comían ‘siempre’ (entre 80 y 90 % de los casos) a los machos sin resistencia tras la segunda cópula. Aparentemente estos machos tienen casi nulas posibilidades de volver a copular y un tamaño nada despreciable, el 10% del de la hembra.

Maydianne Andrade confirmó en 1995 que en Latrodectus hasselti, una pariente australiana de la viuda negra, el macho coloca activamente su cuerpo contra la boca de la hembra, estimulando la mordedura mortal durante la cópula. Es el primer caso conocido de suicidio regular de los machos. En ellos se dan las condicionantes que exige la teoría. Estos machos tienen mínimas posibilidades de copular otra vez: viven poco, trasladarse a otra tela es muy peligroso, casi no comen y, para colmo, rompen sus órganos palpares al copular. Estos machos parecería que cobran dos seguros de vida: 1) las cópulas de los machos canibalizados son más largas y fertilizan más huevos; 2) las hembras así copuladas son más renuentes a realizar nuevas cópulas, por lo que, inmolándose, el primer macho aseguraría una máxima paternidad.

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