Combustión humana espontánea: Antorchas humanas

 

- Combustión humana espontánea: Antorchas humanas

Algunos autores señalan que el primer caso que se conoce data de 1673, año en el que un vagabundo parisino falleció chamuscado en su lecho de paja sin que ésta resultase dañada.

“Este fenómeno designado como Combustión Espontánea, aunque es inexplicable, no puede por menos que admitirse”.

Mateo Orfila, “Tratado de Medicina Legal”, 1847

La doncella se levantó temprano. Descorrió las cortinas de las ventanas, dejando que la luz del sol primaveral de 1731 entrara a raudales en la mansión de Cornelia Zangari d’Bandi, condesa de Cesena, Italia. Después se dirigió al dormitorio de la anciana condesa.

Anoche habían acordado que la despertaría pronto. Llamó a la puerta de la habitación, pero sólo le respondió el ruido de sus nudillos en la madera. Insistió otra vez, pero la señora no daba muestras de haberse despertado, así que se decidió a entrar.

Accionó el picaporte y…un grito horrible se le escapó de los labios. La escena era dantesca.

El suelo estaba cubierto de un líquido grasiento cuyo repugnante olor le llevó a taparse la nariz y la boca con las manos. A menos de un metro de la cama, yacían unas piernas humanas sobre un montón de cenizas.

El resto de la habitación no había ardido. Horrorizada, tuvo que aceptar que nunca volvería a ver con vida a la condesa Cornelia Bandi. De la noche a la mañana, su señora había desaparecido, consumida por un fuego que sólo podía ser obra de Dios o del diablo.

Combustión humana espontánea y su explicación científica

¿Puede un ser humano convertirse de un momento a otro en una pira de cenizas humeantes? La extraña muerte de Cornelia Bandi, en abril de 1731, es uno de los primeros casos documentados del extraño fenómeno llamado Combustión Humana Espontánea (CHE).

La Combustión humana espontánea afecta al cuerpo de una persona sin que exista una fuente de ignición externa fácilmente identificable.

La combustión es extraordinariamente rápida y localizada, pudiendo reducir el cuerpo a cenizas en pocos minutos, sin que el fuego afecte a los elementos más próximos del entorno.

No puede compararse con el proceso de incineración, ya que un horno crematorio somete un cadáver a temperaturas superiores a 800°C durante varias horas y aún así resisten fragmentos de huesos.

Una macabra particularidad de la CHE es que frecuentemente quedan intactas las extremidades inferiores de las víctimas.

La combustión humana se produce más frecuentemente en mujeres de edad avanzada, obesas y con enfermedades. Lo curioso es que la mayoría de cadáveres afectados por la CHE no presentan signos de resistencia o lucha.

Asimismo, dicen que el trastorno se presenta con mayor probabilidad en personas depresivas y solitarias. La víctima está siempre sola, lo que se ha constituido en una de las principales bazas de los escépticos de este fenómeno, ya que si no hay testigos que puedan confirmarlo ¿cómo se va a hablar de combustión “espontánea”?.

El tiempo ha demostrado que el origen de varias muertes definidas anteriormente como combustión espontánea son accidentes cuya explicación es de lo más terrenal.

Los casos de combustión espontánea humana a lo largo de la historia

La primera investigación del fenómeno de la combustión espontánea se atribuye al francés Jonas Dupont, quien en 1763 publicó su obra “De Incendis Corporis Humani Spontaneis”.

En 1841, el diario londinense “British Medical Journal” informaba por primera vez en la historia de “extraños incendios internos” que afectaban a algunas personas. Garth Haslam es uno de los mayores expertos en Combustión Humana Espontánea en la actualidad. Según Haslam, el misterio de la Combustión Humana Espontánea radica en “la aparente carencia de causas externas de la combustión; la única fuente de ignición que la lógica puede dictar es el cuerpo mismo”.

En su estudio “Spontaneous Human Combustion; Brief Reports in Chronological Order”, Haslam hace un recorrido histórico por los casos de combustión espontánea sucedidos desde el siglo XVII hasta 1982.

De los cincuenta casos encontrados, Haslam afirma que veinte o carecen de datos suficientes para su estudio o se reducen a simples accidentes domésticos.

Autores como Jenny Randles insisten en que este terrible fenómeno sigue una tendencia creciente con el paso de los años.

En su libro “misterios extraños e inexplicables del siglo XX”, Randles asegura que en el año 1980 ocurrieron el 10% de los casos conocidos de combustión espontánea, una cifra que supera los veinte casos.

Hubo una época en que el interés por la Combustión Humana Espontánea era tan grande que incluso el gran escritor Charles Dickens hizo morir a uno de sus personajes de esta misteriosa enfermedad en su novela “Casa desolada” (”Bleak House”).

Lo curioso es que en la segunda edición de esta novela Dickens incorporó un prólogo citando todos casos ocurridos hasta entonces, como respuesta a los críticos más escépticos.

Teorías actuales sobre la combustión espontánea

En la actualidad existen múltiples teorías que pretenden explicar el fenómeno de la combustión espontánea.

Mientras que los científicos aluden a enfermedades como el síndrome neuroléptico maligno o la hipertermia maligna, otros han pretendido explicarla desde el punto de vista sobrenatural. Así pues, en el siglo XVII se tenía la convicción de que la CHE era un castigo divino reservado para los peores pecadores.

Sin embargo, en los siglos XVIII y XIX la creencia fue más mundana, ya que se consideraba que la combustión humana espontánea era el resultado de una ingesta excesiva de alcohol.

Sin embargo, esta teoría tuvo que desecharse por dos factores. En primer lugar, porque la autopsia de los cuerpos reveló que la mayoría de las víctimas no eran alcohólicas, y en segundo lugar porque que el alcohol por sí solo puede encender las pasiones humanas, pero nunca un cuerpo en su sentido literal.

También se culpó a los espíritus o poltergeist y, más recientemente, la combustión espontánea se ha atribuido a la mala práctica del Kundalini Yoga, una tradición de origen indio que pretende obtener el equilibrio físico y espiritual a través del tratamiento de los puntos energéticos del cuerpo (chakras).

La combustión se originaría cuando se produjese una apertura accidental del chakra 1 o “chakra raíz”, donde según ellos reside el control y el funcionamiento del cuerpo humano.

La ufología también se ha ocupado de este misterioso fenómeno. Jacques Bergier (1912-1978), autor de obras como “Guerra secreta bajo los océanos” o “Extraterrestres en la historia”, intentó establecer una relación entre los casos de combustión humana espontánea y los avistamientos OVNI.

Las teorías ufológicas abarcan desde la abducción extraterrestre a otras francamente disparatadas, como que las víctimas eran en realidad seres de otro mundo que se negaban a volver a su hogar espacial (¡si es que como la Tierra no hay nada, amigo lector!).

En 1951, Estados Unidos vivió el dramático caso de la señora Reeser, apodada posteriormente “la mujer ceniza”. Mary Hardy Reeser tenía 67 años y vivía sola en su domicilio de Florida.

El 2 de junio de 1951, su vecina fue a visitarla para entregarle un telegrama, pero sólo encontró un montón de cenizas sobre el sillón y una pierna intacta que incluso conservaba el zapato y la media.

Aunque la Policía cerró el caso concluyendo que se debía a un incendio accidental por uno de los cigarrillos que acostumbraba a fumar la señora Reeser, uno de los agentes que participaron en la investigación envió los restos al FBI con la siguiente petición: “Requerimos cualquier información o teoría que pueda explicar cómo un cuerpo humano puede ser destruido por un fuego confinado a un área tan pequeña y dañar tan escasamente la estructura del edificio y la decoración del apartamento”.

Esa explicación todavía está por concretarse.

 

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