Conjunto arqueológico de Petra (Jordania)

 

- Conjunto arqueológico de Petra (Jordania)

Cuando la belleza inunda el paisaje, la historia se eleva ante nosotros y la leyenda se hace realidad, nuestros ojos pueden observar un increíble enclave arqueológico, Petra.

Petra, que en griego significa Piedra, fue la capital del antiguo reino nabateo, situado a escasos kilómetros del Mar Muerto.

El pueblo nabateo se instaló allí hacia el 312 a.C. convirtiéndola en su capital.

Siendo este enclave base fundamental de las rutas comerciales entre Arabia y Siria, de dicha actividad obtuvo Petra su auge económico y su florecimiento cultural.

Posteriormente a la presencia de dicho pueblo, los romanos tomaron el mando, pasando a formar parte del imperio.

En un primer momento, tras los primeros años de presencia romana en el año 63 a.C. , los habitantes mantuvieron su autonomía hasta la llegada de Trajano en el 106 d.C. , quien convirtió Petra en un provincia más del imperio, bajo control directo de Roma.

Fue en el 325 cuando, bajo el mandato de Constantino, pasó a ser parte del imperio romano de Oriente, tras la conversión del imperio al cristianismo, elevado como religión oficial.

Mientras, este territorio había sufrido fuertes terremotos, y había pasado a un segundo plano en el panorama comercial.

Por estas circunstancias, el terremoto del 551 fue para la ciudad el principio del fin, quedando tan derruida que fue imposible de recuperar, además de innecesario, pues ya no constaba como centro económico importante.

Este enclave espectacular fue objeto de múltiples visitas de viajeros a lo largo de la Edad Media, como los sultanes de Egipto en el siglo XIII.

Pero fue en 1812, cuando el primer europeo pisó aquellas tierras, Johann Ludwig Burckhardt.

Aunque el primer estudio formal sobre este yacimiento arqueológico se debió a Ernst Brünnow y a Alfred von Domaszewski, quienes en 1904 escribieron Die Provincia Arabia, aún hoy, una de las obras de referencia básicas para el estudio de las arquitecturas que aquí se encuentran.

De un modo u de otro, Burckhardt se encontró con una ciudad en ruinas que albergaba en su interior los mejores monumentos de la civilización nabatea.

En un espacio natural espectacular y privilegiado, rodeado de altas montañas, se encuentra la ciudad situada en un valle al que se podía acceder por tres pasillos naturales, siendo el más famoso el conocido como el Siq, desfiladero situado al este de la ciudad.

Este desfiladero, es la ruta por la que hoy miles de turistas se adentran a conocer el misterio que guarda este valle jordano.

El paisaje que allí comienzan a contemplar es espectacular, pues el desfiladero serpentea a lo largo de su recorrido, cuyas paredes se alzan, hasta alcanzar alturas de cien metros, lo que hace que uno se sienta sumido en uno de los lugares más mágicos del mundo.

Al final de este increíble camino, justo en frente de la salida del desfiladero, se puede ver el monumento más conocido de Petra, conocido por Khazneh al-Faroun o Tesoro del Faraón, nombre puesto por los beduinos de la zona.

Dicho nombre se le otorgó dando fe a una leyenda, ya que pensaban que la urna que remata el frontón de la fachada protegía los tesoros de un faraón, que los situó allí para que no fueran robados.

Pero este monumento no sólo es el edificio más emblemático, sino que contiene una de las fachadas de mayor tamaño que existen, su altura es de 40 metros y su anchura de 28.

Se mantiene en un estado óptimo de conservación, gracias a la solución llevada a cabo durante su construcción, de rebajar las paredes que le rodeaban, gracias a lo cual es protegido de los vientos, permitiendo así su conservación.

Podemos, además observar en dicha fachada la sabiduría y conocimiento que demostraba el pueblo nabateo de sus contemporáneos.

La parte inferior de la portada recuerda un templo griego, cuyo pórtico tiene seis columnas con capiteles corintios, soportando un bello frontón triangular digno de la misma Atenas.

A su vez la decoración que protege la fachada es de estilo helenístico, donde destacan las figuras de la Diosa Isis, Castor y Pólux, dos Victorias aladas y cuatro amazonas.

Sin embargo sorprende el interior, donde se hallan dos grandes salas laterales y una central de mayor tamaño, todas ellas limpias de decoración y totalmente vacías.

Por esto y por su emplazamiento, se ha discutido ampliamente sobre su función.

Parece claro que se realizó bajo el reinado del rey Aretas IV, a modo de monumento funerario nada más.

De este modo, dejamos el camino de entrada por el desfiladero y nos adentramos en la ciudad por la calle de las Fachadas, llamada así porque en su recorrido se hallan todo tipo de tumbas nabateas excavadas en las paredes rocosas.

Y en esta misma vía se encuentra el Teatro, este es uno de los monumentos rupestres mas espectaculares, con capacidad para más de ocho mil espectadores, aunque la parte del escenario ha sido totalmente destruida, seguramente por los terremotos que suelen asolar la zona.

Así, un poco mas adelante, se pueden ver las tumbas reales.

Cada una se denomina según algún elemento significativo que contenga, así está la Tumba de la Urna, la Tumba Corintia o la Tumba Palacio.

A la primera se accede a través de un gran patio porticado, excavado como la tumba en la pared.

Su fachada vuelve a recordar elementos griegos, mientras su interior sigue estando totalmente vacío y sin decoración.

La Tumba Corintia tiene este nombre porque en su fachada los capiteles que coronan las columnas son de este orden, recordando mucho al modelo del Tesoro del Faraón.

Parece que su interior se divide en varias salas y nichos, por lo que se pensó en que fuera un sepulcro colectivo, para enterrar al monarca junto a algunos miembros de su familia.

Y finalmente la Tumba Palacio, asemejando a un palacio de tipo helenístico, aunque las columnas de este templo se hicieron siguiendo el estilo autóctono.

Dejando a un lado el paseo de las tumbas reales llegamos a una calle paralela al gran río Musa, donde se encuentran los principales templos, de los que sólo uno se mantiene en perfecto estado, el conocido como Castillo de la Hija del Faraón, también relacionado con un mítico faraón egipcio.

Se cree que estaba dedicado a Dushara, el dios supremo del panteón nabateo, aunque no hay nada en el templo que acredite dicha suposición.

De planta cuadrada, en el interior alberga una sala principal con altar.

Sorprende en este edificio su decoración única en todo el conjunto arqueológico.

Por ello se llegó a pensar en una posible autoría romana, pero tras numerosos análisis se descubrió que la iconografía corresponde a la época de mayor esplendor nabateo, al siglo I a.C.

El siguiente templo que hallamos es el conocido como de Los Leones Alados, llamado así por los leones que aparecen en los capiteles de las columnas que se encontraron cerca del altar.

Y un tercero, conocido como el Gran Templo del Sur, de gran tamaño, y en buen estado de conservación pues fue cubierto por toneladas de arena, que le protegieron de las inclemencias de los años.

En frente de estos templos comienza una senda que conduce a otro monumento emblemático de Petra, Ed-Deir o el Monasterio, situado sobre una gran montaña.

Está perfectamente conservado, con 47 metros de alto y 42 de anchura.

Se realizó tallado por entero en la roca, y su fachada recuerda mucho a la del Tesoro del Faraón, de dos registros diferenciados, rematado el superior, también en urna.

Parece que los nabateos al igual que muchos otros pueblos, situaban sus lugares sagrados en los lugares más altos, de ahí la presencia de un lugar de culto en tan elevado terreno.

Sin embargo, aparecieron cerca de este Monasterio restos de tumbas, por lo que también se ha llegado ha decir que la este edificio actuaba de cenotafio de alguno de los últimos reyes nabateos.

Su interior alberga un pequeño altar, signo claro de ser un lugar de culto, independientemente de su función primordial.

El conjunto arquitectónico de Petra, en Jordania, es hoy una de los grandes descubrimientos de la historia, siendo su presencia inigualable en el resto del mundo.

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