Cuando nace el bodegón y donde

 

bodegónEl Bodegón es una pintura o cuadro donde se representan seres inanimados (animales muertos, vegetales), artículos comestibles, objetos como vasijas, enseres y otros utensilios sencillos y de uso corriente.

También recibe el nombre de naturaleza muerta.

No se conoce pintura más representativa de la imitación de la naturaleza que los bodegones, y a la vez género más subsetimado y despreciado.

Esta representación se utilizó, desde sus comienzos en la antigüedad, como parte de la decoración de los comedores.

Al ser el menos literario de los temas pictóricos, ha ocupado siempre el último lugar en la jerarquía académica de los géneros, a pesar de ser objeto de un intenso comercio.

Ya el arte funerario de la antigüedad representó con todo lujo de detalles los objetos y ajuares de los difuntos, un tema que los artistas griegos y romanos trataron con mayor amplitud, como atestiguan las reprografías (pinturas de objetos pequeños) que según Plínio el Viejo hizo el pintor Piraico en la época alejandrina, o las tablas xenion, en las que se representaban abundantes vituallas (frescos de Pompeya y Herculano).

Historia del bodegón y naturaleza muerta

Durante los siglos XIII-XIV se produjo una recuperación de este tipo de temática de objetos humildes en las escenas sacras, como evidencian las obras de Giotto di Bondone y las de los miniaturistas francoflamencos (calendario de Las muy ricas horas del duque de Berry), así como J. Van Eyck o el maestro de la Flémalle.

En el siglo XV los pintores flamencos agruparon ciertos objetos con finalidades simbolicorreligiosas, como las vanitas o atributos de la Virgen y de los santos.

Si bien el bodegón prolifera en los períodos en que florece el arte secular, su resurgir en Italia precedió al renacimiento del coleccionismo de arte.

Así, las primeras obras de este género se centraron en la decoración de nichos de las capillas del siglo XIV, para pasar posteriormente a las salas de las casas particulares; ejemplo de estas últimas son las marqueterías de la sala Gubbio del palacio Ducal de Urbino (1479-1482), conservadas en el Metropolitan Museum de Nueva York.

El resurgir de la pintura de caballete fue obra de los artistas del norte. Es difícil saber si las frutas y las flores conservaban un significado religioso en las pinturas flamencas, o si se trataba ya de un arte profano que se apoyaba todavía en el repertorio de formas tradicional.

En Italia, el verdadero bodegón sin relación alguna con la temática religiosa surge en el siglo XVI, influido por la pintura flamenca, destacando las obras del Caravaggio (Cesto de frutas, galería Ambrosiana, Milán) o de Jacopo de Barbari (La perdiz), y en una línea más fantástica las telas de G. Arcimboldo.

Sin embargo, la época de mayor esplendor de la naturaleza muerta es el siglo XVII. En Holanda sobresalieron Rembrandt (Buey desollado), las flores de Bosschaert, los productos del mar de Van Beyeren, además de las obras de Claesz, Heda o Van Schooten.

En Flandes, la influencia de P.P. Rubens da un aire opulento a las flores de Bruegel de Velours y D. Seghers, así como a las cacerías de Snyders y Fyt.

Por el contrario, en los floreros y bodegones españoles domina una iluminación mística y violenta, con Sánchez Cotán, Van der Hamen y, sobre todo, F. de Zurbarán. En el siglo XVIII brilla la figura de J.B.S. Chardin, quien retornó a una línea intimista que obvia cualquier efectismo, además de los italianos G. Crespi y F. Guardi y el español L. Meléndez.

Tras el neoclasicismo, el género de la naturaleza muerta se incorpora de nuevo con fuerza a la temática pictórica en la obra de G. Courbet, los impresionistas, P. Bonnard y P. Cézanne, y toma especial relevancia en el arte contemporáneo, especialmente con los cubistas, que lo adaptaron perfectamente a la técnica del collage.

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