David: Miguel Ángel Buonarrotti

 

- David: Miguel Ángel Buonarrotti

Si uno alza la mirada y tiene el placer de observar esta obra maestra, se sentirá pletórico y feliz por un instante, pues su belleza anula los sentidos.

Esta bella escultura no necesita presentación de ningún tipo, pues es tal su grandeza que ella habla por sí sola.

Esta obra fue para Miguel Ángel, su autor, la tarea más perfecta que había realizado nunca.

Gracias a ella y a su significación, el genio adquirió fama cuando contaba solo con veintiséis años.

Cuando la obra se expuso al público, éste respondió de diversos modos, llegando incluso a enfadarse y a intentar agredir la estatua tirándole piedras.

Tal reacción ante un desnudo era algo sorprendente en aquella época, si tenemos en cuenta que el arte italiano por aquellos entonces, ya había retratado numerosos desnudos en sus pinturas y esculturas.

Pero lo que es cierto es que nunca lo habían hecho a tan gran escala.

También la nueva imagen dada al rey David sorprendía a sus espectadores, más acostumbrados a observar un rostro más solemne al observar la imagen de dicho rey.

Finalmente, debemos atribuir esta polémica a los cercanos discursos de Savonarola, tan estricto en sus doctrinas e ideales religiosos. Es por este tamaño colosal, por lo que, esta obra se ha llevado otras críticas en fechas más recientes.

Wölfflin, historiador suizo, acusó a la escultura de ser en concepciones, muy lejanas al supuesto clasicismo que en ella se debería observar.

Para ello, describió al David como una especie de gigante sin armonía, de formas desproporcionadas, recalcando esto ultimo, sobre todo, en el tratamiento de la cabeza y de la mano derecha.

Tras estas manifestaciones, otros expertos intentaron defenderla, atribuyendo esas desproporciones a la escala de la figura, o a la adecuación a la vista del espectador desde un punto de vista mucho mas bajo.

Otros prefieren encontrar en ello parte de los conocimientos del artista obtenidos durante su estancia en Roma, al ver y estudiar los pedazos de las estatuas colosales de Constantino, en un yacimiento arqueológico. Sin embargo, debemos de conocer la idea de clasicismo que tenían los artistas en aquella época para lograr comprender lo que Buonarrotti hizo en esta escultura.

Para él, como para gran parte de sus coetáneos, el clasicismo era una oposición al gusto precedente, y era un ensalzamiento de las formas, dotándolas de un nuevo vigor y fuerza, en las que incidía de manera excepcional la luz y la sombra.

También es posible, como apunta Wölfllin que el trabajo del genio se viera condicionado por el intento, sin éxito, de realizar otra obra en el mismo bloque de mármol con anterioridad.

Iconografía del David de Buonarrotti

Otro punto a resaltar, que ya anunciábamos anteriormente, es el nuevo tratamiento iconográfico dado a la obra. Estaban acostumbrados a observar un David como rey, como guerrero del señor y protegido por él mismo.

Pero aquí, el momento elegido es la parte central del discurso bíblico, en el momento exacto en el que, el hombre se está preparando para lanzar la honda, totalmente desnudo y desprotegido, ante su terrible enemigo.

Hasta el momento las otras imágenes que se podían ver semejantes, en cuanto al desnudo, eran las hechas por Donatello o por Verrochio, pero estos retrataron a David en el instante después de haber vencido al gigante. Miguel Ángel decide representarle con la honda sobre el hombro izquierdo, mientras la otra mano desaparece por la espalda en busca del otro extremo del arma, tensando así todo el cuerpo, expectante ante el próximo acontecimiento.

La posición de sus manos y de su cuerpo nos cuenta además, que este joven y bello David era zurdo.

Características de la obra

Con todos los datos que aquí hemos visto y analizado, el genio florentino consiguió realizar una obra de perfectas concepciones, llegando a ser clamado como el cuerpo mas perfecto de la historia.

Como nota anecdótica citaremos la tesis dada por un investigador californiano, Marc Levoy, quien dijo haber conseguido encontrar un defecto a tan sublime hombre.

Parece ser que tras estudiar la cuenca de los ojos, y la dirección del globo ocular, llegó a la conclusión que nuestro bello David era estrábico.

Pero con defectos o no, hemos de reconocer que para los años que tiene esta belleza, su cuerpo, su armonía, su grandiosidad y su sola presencia no tiene rival dentro de la historia del arte.

Siendo aún una obra maestra sin igual, cargada de fuerza, vigor y perfección.

Queda patente en esta obra, como en muchas otras que su autor consiguió alcanzar las cotas mas altas del arte, pero sobre todo en la escultura, donde se desenvolvía con destreza, a la que hizo suya, llenando sus concepciones de la más pura inspiración.

Finalizaremos esta breve deserción con las palabras de Vasari escritas en sus “Vidas” acerca de la obra: “…superior a todas las estatuas modernas o antiguas (…) tiene un torneado de piernas que es bellísimo, y unas articulaciones y una esbeltez de torso, que son divinas, y no se ha visto nunca una postura mas dulce, ni gracia que se le pueda comparar, ni pies, ni manos, ni cabeza, que puedan aproximarse, en cuanto a calidad, originalidad, armonía y dibujo en todos sus miembros.

Y es de verdad que quien vea esta obra de escultura ya no hace falta que se preocupe por ver ninguna otra de ningún otro artista, ya sea de nuestro tiempo, ya sea de cualquier otro tiempo”.

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