Decubre a Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer, cuyo nombre real era Gustavo Adolfo Domínguez Insausti Batista, nació en Sevilla el día 17 de febrero de 1836.

Biografía de Gustavo Adolfo Bécquer

Sus padres eran José Domínguez Bécquer y Joaquina Bastida Vargas.

La procedencia de esta familia se remontaba a unos nobles flamencos que, a finales del siglo XVI, vinieron a España con el fin de hacer negocios.

Llegaron a obtener una buena posición social y económica.

Su progenitor era un pintor famoso y muy apreciado por los viajeros ingleses.

Éste fallece cuando el pequeño Gustavo tenía sólo cinco años de edad.

Así, el joven Bécquer empezará a sufrir, ya de pequeño.

Cumplidos los 10 años, entra a estudiar en el colegio de San Telmo, lugar en el que se acogía a los huérfanos más humildes, pero que tenían procedencia noble.

Su madre muere en 1847 y pronto se instala, junto a su hermano Valeriano, en la casa de su madrina Manuela.

Los dos quedan, pues, al cuidado de su tío que era pintor, al igual que su padre.

Valeriano también será pintor y los dos hermanos visitarán, más adelante, distintas y numerosas ciudades de España.

Esos viajes servirán de mucho en cuanto a la obra literaria de Bécquer.

Así, realizará con la inspiración que éstos le sugieren: Historia de los templos de España y las inolvidables leyendas de tradiciones regionales.

Pronto se iniciará en el mundo de la pintura en el taller de su tío Joaquín Domingo Bécquer.

El escritor romántico aprenderá tanto pintura como humanidades.

Tiene una relación muy estrecha con su hermano Valeriano y siempre se apoyarán mútuamente.

Valeriano llegará a ser un conocido pintor.

Gustavo Adolfo Bécquer empieza a recibir influencias literarias, que están de moda en la época: Balzac, Espronceda y Byron, entre otros.

Además, lee a los autores clásicos y su vocación literaria se hace cada día más fuerte.

Obras y libros de Bécquer

Cuando estaba estudiando pintura escribió: Oda a la Señorita Lenona en su Partida, en el año 1852.

Por otra parte, consigue publicar sus primeros escritos en un periódico local.

Publica varios sonetos y poemas entre 1853 y 1855.

De éstos señalaremos La plegaria y la corona.

El 1857 no es un buen año para la salud del joven Bécquer.

Así, se pone enfermo de tuberculosis y simplemente logra reponerse en parte, no del todo.

Ese mismo año sale a la luz su maravillosa obra: Historia de los Templos de España.

Luego durante los meses de mayo y junio sale en La Crónica su escrito: El caudillo de las manos rojas.

Julia Espín y Bécquer

Es en este periodo, concretamente en 1858, cuando conoce a su gran amor: Julia Espín.

Pero será un amor sufrido y al no poderla conquistar del todo, cuando él está más que enamorado, el escritor padecerá un duro golpe.

Julia Espín era hija del director de la Universidad Central, maestro de solfeo en el conservatorio y organista de la capilla real: Joaquín Espín.

Éste tenía dos hijas: Julia y Josefina.

Don Espín hacía tertulias en su casa.

Y es que el siglo XIX fue un periodo en el que las tertulias literarias se pusieron muy de moda, tanto en cafés como en viviendas particulares.

En estos encuentros que se daban periódicamente, Bécquer se fue enamorando de Julia, la cual le inspiró varios poemas.

Así, escribió en el álbum de ésta con la dedicatoria: “A Julia”, la rima XVI, de la que destacamos el siguiente fragmento: “Si al mecer las azules campanillas de tu balcón, crees que suspirando pasa el viento murmurador, sabe que, oculto entre las verdes hojas, suspiro yo”.

Pero ésta tenía ambiciones más “elevadas” y se acabó casando con un rico ministro, eso sí dos años después de la muerte de Bécquer.

Además a Julia no le gustaba el ambiente bohemio en el que el poeta se movía.

La tuberculosis del escritor fue la gota que colmó el vaso y la Espín no quiso saber ya nada más del artista.

Bécquer, que estaba profundamente enamorado de ella, quedó marcado.

Pero el poeta continúa trabajando duro.

Así, en 1859 en la revista El Nene aparece su primera rima: “Tu pupila es azul” y realiza para La Época los escritos Crítica literaria y El Maestro Herold.

En 1860 sale publicada La Cruz del Diablo en La Crónica, mientras que en El Contemporáneo sale la primera de las Cartas literarias a una mujer.

Ocupará el puesto de redactor en este periódico hasta 1865.

Es precisamente en 1860 cuando conoce a Casta Esteban.

En 1861 sale a la luz La Creación y hace una excursión a Sevilla, lo que le inspirará para realizar Maese Pérez, el organista.

En el mes de mayo, todavía afectado por la decepción de su anterior amor, se casa con Casta Esteban, la cual renovará, por un periodo corto de tiempo, las esperanzas de su corazón, ya marcado por las decepciones de la vida.

Todo ello lo vemos plasmado en la Rima XLVI: “Tu aliento es el aliento de las flores, tu voz es de los cisnes la armonía, es tu mirada el esplendor del día, y el color de la rosa es tu color.

Tu prestas nueva vida y esperanza a un corazón para el amor ya muerto: tú creces de mi vida en el desierto, como crece en un páramo la flor”.

Pero la felicidad matrimonial le va a durar poco.

De este modo, a finales de 1863 se va con su familia y su hermano Valeriano, separado éste de su mujer y con dos hijos, al Monasterio de Veruela, con el fin de descansar y reponerse de su enfermedad.

Se trata de un lugar desamortizado y desde allí el escritor creará sus Cartas desde mi Celda, las cuales enviará al periódico.

En diciembre de 1864, cuando hace un mes que ha sido nombrado director de El Contemporáneo, gracias a la ayuda de su amigo el ministro González Bravo, consigue el puesto de censor de novelas.

Aquí estará sometido a las contrariedades políticas, propias de la época.

Pronto, el poeta sufre otra dura decepción.

Así, en 1868 descubre que su esposa le es infiel.

Gustavo Adolfo Bécquer se separa de ésta.

Entonces, el escritor se va a Madrid y tras la Revolución de la Gloriosa marcha a Toledo, donde se instalará junto a su hermano y dos de sus hijos.

En el mes de junio comienza el Libro de los Gorriones.

Luego, en 1869 vuelve a Madrid con el cargo de director literario de La Ilustración.

En 1870 muere su hermano y con ello, llega el fin de Gustavo Adolfo Bécquer que ya no aguanta otro golpe.

Durante sus últimas horas, en Sevilla hay eclipse total de sol.

El amigo de Bécquer, Ferran, autor de Cantares, cuando muera el escritor iniciará las gestiones para editar y financiar la publicación de las Obras Completas.

A éstas en las sucesivas ediciones, se fueron incorporando numerosos de los escritos del poeta.

Bécquer, antes de fallecer comentó a Ferran: “si es posible, publicad mis versos.

Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”.

Y desde luego, no se equivocó.