Dientes de sable: ¿Las fieras más temibles?

 

No sabemos exactamente si los extintos carnívoros de dientes de sable fueron superiores a los grandes depredadores actuales, como leones y tigres, pero el tamaño de sus colmillos superiores hace que sintamos que fueron las peores fieras de la historia.

Siempre evocamos la imagen del poderoso y enorme Smilodon fatalis, cazador de mamuts, cuando nos hablan de dientes de sable.

Pero lo cierto es que la presencia de colmillos muy desarrollados en vertebrados carnívoros ha evolucionado independientemente al menos cinco veces.

Es un ejemplo espectacular de convergencia evolutiva hacia un modo de caza que tuvo mucho éxito en el pasado, en diversos grupos que vivieron muy separados en el tiempo y el espacio y por tanto tuvieron que enfrentarse a situaciones ecológicas distintas (aunque los dientes de sable fueron muchas veces los superdepredadores que se especializaron en cazar animales de gran tamaño).

Algunos linajes perduraron más de cien millones de años. Si su técnica de caza era tan eficaz, ¿por qué no ha sobrevivido ningún diente de sable?

Ya algunos reptiles gorgonópsidos, depredadores del Pérmico, hace más de 250 millones de años, presentaban dientes de sable, muy parecidos a los de los mamíferos en aspecto. En estos aparecieron por primera vez en los boriénidos, unos marsupiales sudamericanos, en el Cretácico, hace unos 110 millones de años.

Algunos creodontos, primitivos mamíferos depredadores, algo toscos y lentos comparados con los carnívoros actuales, que vivieron hace entre 55 y 35 millones de años, también presentaban colmillos superiores desarrollados.

Muchos de los nimrávidos, una familia emparentada con los félidos, que son a veces conocidos como “falsos dientes de sable”, poseían estos dientes y algunos tenían una apariencia similar a los impresionantes Smilodon.

Características de los dientes de sable

Vivieron desde hace 37 millones de años hasta hace apenas 5 millones de años. Los nimrávidos eran como gatos, pero con las patas y la cola más cortas.

Algunos tenían una dentición similar a la de los felinos actuales y otros poseían caninos de tamaño intermedio. Incluso en los miembros que poseían mayores colmillos, estos eran más pequeños y cónicos que los de los tigres de sable “verdaderos”.

Estos son los grandes félidos, de la subfamilia machairodontinae, que incluyen a las terribles bestias a las que tuvieron que hacer frente los hombres primitivos (los últimos representantes se extinguieron hace sólo 9.000 años).

Estos son los llamados tigres de dientes de sable, por su aspecto, aunque no estén directamente emparentados con los tigres ni con otros felinos actuales.

Existieron varios géneros, como Homotherium (13 millones a 10,000 años atrás, en Eurasia, África, Norteamérica), Machairodus (ancestro del Homotherium, 51´5 millones de años (MDA) a 2 MDA, en África y Eurasia), Megantereon (23 MDA a 9,000 años antes, en África, Eurasia y Norteamérica) y Smilodon (42.5 MDA a 10,000 años atrás; Norte y Sudamérica).

Es interesante que nos detengamos un poco en la distribución de este último género, que se originó en Norteamérica, pero que al formarse el istmo de Panamá hace unos 3 millones de años, colonizó la casi totalidad de Sudamérica, llegando hasta la Patagonia.

En Sudamérica vivía por aquellos tiempos Thylacosmilus, un género de marsupiales de dientes de sable, muy parecidos a los esmilodontes.

El tilacosmilo tenía un tamaño similar al de un puma actual y estaba dotado de un par de larguísimos caninos de unos 15 centímetros que, en posición de reposo se replegaban sobre una mejilla ósea que probablemente estaba recubierta de piel, precisamente como en algunos parientes primitivos del Smilodon.

Los hombros eran muy robustos, como en los felinos del continente septentrional, y probablemente tales características se combinaban en conjunto para garantizar un método de de caza muy similar.

Es muy posible que sus víctimas fueran los grandes mamíferos notoungulados como Trigodon (con aspecto de rinoceronte).

Los dientes del tilascomilo eran de crecimiento continuo.

La musculatura del cuello debía ser menos potente que la de los verdaderos tigres dientes de sable y sus garras eran también más cortas.

Estas características “inferiores” podrían haber hecho que el tilacosmilo perdiese en la competencia con los esmilodontes.

Los largos colmillos de todos estos animales eran frágiles y podían partirse fácilmente en la pelea por agarrar y contener a una presa.

Un reciente estudio publicado en la revista PNAS de USA, usando un modelo mecánico por ordenador del cráneo (el más avanzado, según los autores), sobre el Smilodon fatalis, que llegó a pesar 400 kgs (era mayor que cualquier felino actual) y tener dientes de 18 cm de longitud, ha revelado que la fuerza de mordida aportada por la musculatura de la mandíbula del dientes de sable era “relativamente débil”.

“Un tercio de la de un león de un tamaño similar”, dicen los científicos en el estudio. “Su cráneo estaba pobremente optimizado para resistir la carga extrínseca de una presa luchando”.

¿Por qué entonces eran capaces de matar presas tan grandes?

El método de caza que practican los grandes felinos de la actualidad, por asfixia, era demasiado arriesgado e ineficaz, al enfrentarse a grandes animales difíciles de manejar y con gran poder de defensa.

Se cree que la técnica de caza de los dientes de sable se basaba en atacar rápidamente desde atrás, contener brevemente o derribar a la presa con sus fuertes patas y asestar una rápida y letal mordedura en la parte inferior de la garganta, seccionando la carótida, o en la cabeza, ayudados por su poderosa musculatura cervical.

Podían abrir su boca hasta 120º grados para morder. Así causaban a la víctima una muerte mucho más rápida que por asfixia.

La extinción de los dientes de sables

La desaparición de los últimos dientes de sable coincidió claramente con cambios en la disponibilidad de presas de gran tamaño, como mamuts, megaterios, mastodontes, jirafas, etc.

Éstas se extinguieron, redujeron sus poblaciones o migraron debido a varios factores, como la presión cazadora del hombre primitivo, cambios climáticos globales y enfermedades transmitidas por animales que acompañaban a los humanos.

Los tigres de dientes de sable eran depredadores muy especializados y de gran tamaño (y por tanto con menor capacidad de respuesta reproductiva).

Los félidos actuales eran más adaptables y depredadores más eficaces de presas más pequeñas, por lo que se cree que les ganaron en la competencia.

Es un enigma por qué no han perdurado hasta la actualidad dientes de sable en África, el único continente que ha mantenido una exhuberante y abundante megafauna de herbívoros hasta los tiempos modernos.

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