El Dibujo origen y arte

 

El DibujoEl dibujo, como primaria expresión artística, se remonta a tiempos prehistóricos, como así lo demuestran las pinturas encontradas en las cuevas mediterráneas y francocantábricas.

El dibujo preparatorio como anteproyecto de la obra definitiva, por el contrario, no aparece hasta la civilización egipcia.

De los dibujos griegos y romanos, como los de Apeles o Parrasio, sólo se tienen noticias a través de los testimonios de Plínio el Viejo y otros historiadores.

Sí se conservan en cambio numerosos testimonios gráficos del dibujo en la edad media, como el cuaderno de notas de Villard de Honnecourt del siglo XIII, con figuras y bocetos arquitectónicos (Bibliothèque Nationale, París).

A partir del siglo XIV, el dibujo arquitectónico se utilizará cada vez más para plasmar sobre el papel proyectos cuya construcción se alargaba varias décadas; es el caso, por ejemplo, de los cuadernos de proyectos para las fachadas de las catedrales de Orvieto y Siena.

La historia del dibujo como arte

Los cuadernos de notas tuvieron en los siglos XIV-XV un papel esencial, aunque distinto al anterior: dejaron de ser únicamente repertorios de motivos iconográficos o formales utilizados en los talleres para pasar a contener anotaciones de viaje o apuntes personales.

El más célebre de estos cuadernos de viajes es el atribuido a Gentile da Fabriano; se conservan también dos cuadernos de Jacopo Bellini (Louvre; British Museum) compuestos no por dibujos preparatorios sino por dibujos pensados ya como expresiones artísticas autónomas que no tendrán su corolario en una obra pictórica.

A principios del siglo XV, el dibujo ya se había convertido en un medio esencial para el estudio de la antigüedad y la naturaleza, y también para la transmisión de modelos.

Sin embargo, el dibujo no alcanzó su madurez hasta el siglo XVI, al convertirse en el instrumento de investigación por excelencia: el dibujo ya no se limita únicamente a los complejos estudios de perspectiva de Piero della Francesca o Paolo Ucello, sino que, con Leonardo por ejemplo, llega al análisis científico del hombre y del mundo natural.

El dibujo deja de ser un instrumento de trabajo, y adquiere un valor en sí mismo.

También fue Leonardo quien introdujo novedades técnicas, como la sanguina, que permitía realizar los dibujos con mayor rapidez y facilidad, y tipológicas como los presentation drawings (dibujos magistrales) realizados por encargo; los dibujos magistrales más famosos son los donados por Miguel Ángel a Vittoria Colonna.

El cinquecento fue además un siglo fundamental para el desarrollo del coleccionismo y, por tanto, para el reconocimiento del valor autónomo del dibujo.

El interés por el coleccionismo continuó en el siglo siguiente y se extendió a Francia e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII.

Paralelamente se perfeccionaron nuevas técnicas como el pastel, muy adecuado para el retrato y la acuarela, y desde 1790 se extendió el uso del lápiz de grafito Conté, aunque no por ello dejaron de realizarse los dibujos tradicionales al carboncillo, lápiz y pluma en los estudios académicos.

Goya es probablemente el último de los grandes dibujantes clásicos, y sus álbumes realizados a la aguada de tinta china y a la sepia dan fe de su extraordinaria creatividad.

Hacia mediados del siglo XIX el dibujo entró en crisis a causa de la difusión de la litografía.

En el siglo XX, a pesar de que algunos artistas como Degas, Picasso o Klee siguieron interesándose por el dibujo, este arte ha terminado limitándose al campo de la publicidad, la arquitectura y el diseño industrial.

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