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El erotismo en el antiguo Egipto

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En ésta época que abarca desde aproximadamente 4 mil años a. de c., hasta el fin del Imperio Romano de Occidente, en el año 476 d. de C., las costumbres sexuales presentaban en el antiguo Egipto cierta posición privilegiada de la mujer, dueña y señora de los deseos del varón, por lo que se convertía en objeto de contemplación y de culto por parte del pueblo.

El principio de la feminidad regía todas las manifestaciones de la vida pública.

Sin embargo, también se observaban testimonios referentes a la tradición incestuosa de sus enlaces reales como norma en la sucesión faraónica.

Las reinas eran infieles y no se diga de los faraones.

Ramsés II tuvo más de cien hijos, los cuales fueron engendrados fuera del matrimonio.

Sexualidad en el antiguo Egipto

Conocida era la reputación de algunas mujeres egipcias como Cleopatra quien a pesar de mostrar rara avidez sexual, dicha actitud no la excluía en su trato con los hombres de clase inferior, aunque sus favoritos desaparecían de la escena una vez estimulado y satisfecho el deseo de la reina.

La relación de un hombre de casta con una plebeya ennoblecía a la hembra, mientras que las establecidas por una mujer de clase alta con uno del pueblo, la denigraba.

El matrimonio era una carga para aquel con escasos recursos económicos, por lo que procuraba unirse a una sola mujer, o en casos excepcionales a varias.

Del contrato matrimonial se desprendía que ella pasaba a constituir una propiedad del marido, y si bien tenía derechos y libertad, debía guardar fidelidad al esposo, darle hijos y educarlos.

En cambio, las costumbres sexuales entre la plebe mostraban una extraordinaria libertad en este campo.

El culto a Milita, símbolo del amor y de la fecundidad

El culto a Milita

Aquellas mujeres prontas a contraer nupcias, debían antes rendir culto a Milita, símbolo del amor y de la fecundidad a quien le donaban su virginidad.

El sacerdote se encargaba de recibir a la muchacha casamentera a la puerta del templo para llevarla por el interior del mismo y conducirla hasta a donde habría de entregarse a un desconocido.

El hombre no importaba, bastaba con que tuviera las monedas que la diosa con imagen sugerente exigía como don.

El acto mismo de la ofrenda de la virginidad era lo que cobraba realce en dicho ritual antiguo que se consideraba venerable.

Ella no podía entregarse a aquel ser humano que verdaderamente amaba sin antes complacer a Milita (representada con una mano en el pecho sosteniendo una paloma y la otra a la altura del vientre con la mano extendida), que podía en venganza, cegar las fuentes de una deseable fecundidad, negándole así la base que constituye un matrimonio.

Las prostitutas sagradas

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Desde que en el próximo oriente comenzó a extenderse el culto a la fecundidad y desde el momento en que la celebración de diversas ceremonias religiosas halló refugio en el interior de los templos, apareció como modalidad ritual la llamada prostitución religiosa que se extendió a partir del culto a la diosa fenicia Astarté, la Milita babilónica, la Isthar asiria y la Astariot hebrea, diosas del amor vivificante y fecundo.

La finalidad que las impulsaba a entrar en los templos e integrarse en la categoría de prostitutas iba desde la necesidad de compensar a la diosa por la exclusividad de su cercano matrimonio hasta el hecho de proveerse de una dote conveniente.

Del precio cobrado, una parte era para ellas, mientras que el resto formaba parte del caudal del templo o era destinado al mantenimiento de los sacerdotes y servidumbre.

Las prostitutas sagradas solían vivir en los templos bajo la severa custodia del gran sacerdote que cuidaba que las acciones de ellas siempre fueran dignas.

Dentro del cometido de ellas, estaba el danzar delante de la estatua de la diosa como preliminar obligado a la practica del acto sexual o como homenaje a la divinidad en el curso de las grandes celebraciones.

Cabe señalar que para mantener en todo momento el carácter de “servidoras sagradas”, era necesario que se mantuvieran en el recinto del templo, fuera del cual perdían la condición de tales.

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