El ozono troposférico

 

- El ozono troposférico

El ozono es un gas invisible y un constituyente natural de la troposfera. Etimológicamente proviene de la palabra griega “ozein”, cuyo significado es “olor”.

La descripción del olor que desprende varía: para algunos es agradable, para otros presenta un fuerte olor parecido al marisco. El ozono es de color azul cuando se liquida y es irritante y corrosivo.

Normalmente se encuentra en muy pequeñas cantidades o proporciones en la atmósfera después de las descargas que se producen durante las tormentas.

Los efectos, beneficiosos o perjudiciales del Ozono, dependen del lugar de la Atmósfera donde se encuentre. El denominado “ozono bueno” es el ozono que se halla en la estratosfera (la considerada segunda capa de la atmósfera, situada a 50 kilómetros desde la troposfera que, a su vez, se encuentra a 19 kilómetros de la línea del suelo).

La formación del ozono troposférico

El ozono estratosférico forma una capa que se sitúa a unos 20 kilómetros de altura aproximadamente y que cumple una misión fundamental para el normal desarrollo de la vida, pues nos protege de las radiaciones dañinas del Sol.

El llamado “ozono malo” es el ozono troposférico, el que se halla en la capa más cercana a la Tierra.

Los males que puede causar son diversos. Para los seres humanos las manifestaciones más importantes serían: problemas de las vías respiratorias (irritaciones de la garganta, dolor de pecho y tos), cansancio y malestar general.

Los riesgos se incrementan de forma considerable para las personas que padezcan alguna enfermedad de tipo respiratorio y ejercite algún tipo de actividad física al aire libre.

No obstante, se estima como grupo de riesgo las personas que realizan actividades deportivas en un entorno donde se rebasen los límites de ozono, ya que el ejercicio físico puede multiplicar por cinco el aire inspirado.

¿Por qué es perjudicial la formación de Ozono?

El “ozono malo”, también denominado “ozono superficial”, se forma a partir de la conjunción de ciertos gases contaminantes, en su mayor parte provenientes del tráfico de vehículos y de la industria.

Estos gases reciben el nombre de gases precursores y es su combinación con los rayos que emite el Sol y que llegan a la Tierra lo que provoca su transformación en ozono.

Los procesos naturales que dan lugar a la presencia de ozono no tienen consecuencias negativas importantes o graves.

Es la acción humana, con sus actividades, la que puede llevar hasta límites perjudiciales para la salud, conduciendo al ozono a la consideración de contaminante atmosférico. Si bien, se trata de un contaminante secundario que se llega a formar a partir de las reacciones fotoquímicas, activadas por la radiación del Sol, de ciertos contaminantes primarios, que anteriormente quedaron definidos como “contaminantes precursores”.

La molécula de ozono posee un átomo de Oxígeno añadido, conformado de forma simbólica como O3, distinto así del O2 que respiramos. Este tercer átomo muestra una gran propensión tanto a separarse como a combinarse con otros elementos químicos, llevándolos a la oxidación.

De ahí que el ozono sea un gas de una gran inestabilidad y sea, asimismo, muy reactivo. Y, de ahí, que también pueda tener efectos corrosivos y negativos no solo como se apuntaba para los seres vivos, sino también para el entorno; para los materiales.

Por todas estas razones, por los efectos generados, la molécula de ozono es aprovechada para la fabricación de desinfectantes y como desodorante del agua potable, ya que tiene un enorme poder bactericida, muy superior al del cloro, usado como agente blanqueador en la manufactura y fabricación de derivados de la celulosa (papel, por ejemplo), ceras y prendas textiles.

Pero también se utiliza como conservante de alimentos, incluso para envejecer el vino.

La contaminación del Ozono

Curiosamente, los episodios de contaminación que tienen como consecuencia el ozono, se suelen producir en puntos lejanos de los lugares donde se emiten los contaminantes precursores.

La razón la encontramos en que es necesario que transcurra tiempo, horas e incluso días, para que se forme el ozono. Durante esos lapsos de tiempo, las masas de aire se trasladan, pero además, en aquellos ambientes contaminados, como los que se desarrollan cotidianamente en las grandes ciudades, la gravedad del episodio depende del tiempo y de la concentración de ozono.

La conjunción de ambos factores (mayores concentraciones durante más tiempo) agravan el peligro. Los picos altos de concentración, si se desarrollan en espacios cortos de tiempo, son menos perniciosos.

Por esta razón, se han establecido las medidas sobre los riesgos para la población en función de medias horarias. Así, tenemos los siguientes intervalos que las Administraciones deben poner en su conocimiento:

Con un pico de 180 µg de ozono por metro cúbico de media diaria, se debe recomendar a las personas que entran dentro de grupos de riesgo y que son especialmente sensibles al ozono que no realicen esfuerzos físicos intensos al aire libre.

Con picos superiores a 240 µg de ozono por metro cúbico de media diaria, la recomendación a toda la población sería que no ejercitaran actividades físicas intensas en espacios abiertos.

A lo largo de los años en los que el ozono ha sido objeto de estudio, se ha llegado a concluir que tanto la medida como la evaluación del ozono troposférico –el que todos respiramos– es de difícil estudio y determinación, debido principalmente al conjunto numeroso de reacciones fotoquímicas del que es resultado.

En el tiempo en que se ha estado estudiando el problema sobre el terreno, se ha concluido que para poder llegar a reducir los niveles de ozono dañino es necesario, de forma drástica, la reducción de emisiones de los contaminantes precursores, allí donde es posible ejercer algún tipo de control, es decir, en las emisiones de NOx y COV´s, esto es, los Monóxidos de Nitrógeno y los Óxidos de Nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles.

Para poder obtener datos sobre los picos de ozono troposférico a los que una población se enfrenta se hace necesario recabar un gran número de referencias y conocer con exactitud las condiciones y la predicción climatológicas de la región sometida a estudio, algo que requiere del concurso de modelos matemáticos.

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