El paisaje como género pictórico

 

El paisaje como género pictórico con plena autonomía temática nace en el siglo XVI.

Existen algunos antecedentes, como los paisajes representados en tapices, pinturas y miniaturas medievales, especialmente en los relacionados con la vida campesina o el calendario, así como en la representación topográfica y de vistas de la pintura sienesa de Simone Martini y Lorenzetti (frescos de Las alegorías del buen y del mal gobierno, ayuntamiento de Siena).

A partir del siglo XV el paisaje va adquiriendo un peso creciente como género propio, para lo que se revela decisiva la aportación de los artistas flamencos y alemanes (Durero, Altdorfer).

El origen del paisaje

Los primeros paisajes en sentido moderno serán realizados por los artistas neerlandeses del siglo XV, como los hermanos Van Eyck y Dirk Bouts.

En Italia el paisaje está relacionado en sus comienzos con la pintura veneciana; de hecho, mientras Giorgione y sus discípulos pintan paisajes líricos, obras pastoriles llenas de intenciones poéticas que ilustran temas de poetas bucólicos antiguos (La Tempestad, de Giorgione), paralelamente la pintura romana y florentina sigue utilizando el paisaje como fondo de otros temas.

En la pintura de los Países Bajos, el paisaje alcanza su mejor expresión con la obra de Patinir y Brueghel, de atmósfera semifantástica, un estilo que heredarían sus numerosos sucesores (G. Van Coninxloo, J. Cock).

La gran fusión de los estilos septentrional, veneciano y antiguo tiene lugar en Roma: anunciada hacia 1525 por los frescos de Polidoro da Caravaggio
(San Silvestro al Quirinale) e impulsada después por Adan Elsheimer (Huida a Egipto, museo de Munich), Annibale Carracci y Domenichino, el paisaje recibió su forma definitiva con las obras de Nicolas Poussin y Claudio Lorena, quien propuso una síntesis entre el ideal clásico y el naturalismo nórdico, buscando en sus obras captar un instante con toda su variedad lumínica y cromática.

La escuela holandesa del siglo XVII convirtió el paisaje en el género nacional.

En Utrecht, los italianizantes siguen practicando el paisaje compuesto (Bloemart, Both), mientras artistas como H. Seghers, Van Goyen, Van Ruysdael y Hobbema (y excepcionalmente Rembrantd Castillo sobre la montaña, y Vermeer Vista de Delft) pintan la realidad de su entorno, los
múltiples aspectos del paisaje holandés.

Son obras de horizonte llano, con las tres cuartas partes de la superficie cubierta por el cielo nuboso; se trata con profusión la temática de ríos,
bosques, motivos típicamente holandeses como molinos de viento, y el paisaje más accidentado, con una naturaleza que a veces puede mostrarse violenta en tormentas o raros efectos nocturnos.

Los artistas más representativos del paisajismo

Aparecen artistas especializados en ciertos temas: Jan van Goyen es el maestro de los paisajes desolados de los canales y del trabajo; Salomon y Jacob Ruysdael dan una imagen de la naturaleza casi romántica en su apasionante vibración lumínica; Meindert Hobbemas propone un paisaje más lírico y sereno; Paulus Potter y Cuyp son los pintores de animales en el paisaje, y Wouwermann pinta escenas de caza o de soldados.

Importancia considerable tienen también los pintores de vistas urbanas e interiores arquitectónicos, como Van der Heyden y Berckheyde, así como los pintores de marinas Van de Velde y Van de Capelle.

En el siglo XVIII hubo dos focos distintos en el desarrollo del paisaje occidental: la Venecia de Guardi y Canaletto con sus vistas urbanas, que escriben minuciosamente canales y monumentos, y la Inglaterra de Gainsborough, Constable y Turner.

Por su parte, el pintor alemán Gaspar David Friedrich propone paisajes de bosques y llanuras envueltos en una atmósfera de contemplación encantada, de espíritu radicalmente romántico: cementerios, ruinas góticas y paisajes lunares.

En este siglo también los fenómenos naturales se convierten en tema predilecto: erupciones volcánicas (P. Hackert), huracanes (L. Ducros).

Con Corot se abre el camino del paisaje realista, la libertad creativa y la experimentación cromática de los pintores de la escuela de Barbizon, los impresionistas y los macchiaioli.

Los grandes maestros impresionistas son esencialmente paisajistas, ya que en la pintura al aire libre es donde encuentran la expresión ideal para aplicar sus teorías sobre el arte; se ocuparán de paisajes, marinas o vistas fluviales, vistas urbanas, nocturnos, favoreciendo los aspectos formales, en reacción a los contenidos grandilocuentes de la pintura burguesa oficial.

Los postimpresionistas, por su parte, prescindieron de todo naturalismo; de este modo nacen los paisajes de brillante colorido de Van Gogh o
los paisajes estructurados en planos y volúmenes de Cézanne.

Para los artistas fauves el paisaje no será más que un simple pretexto para sus contrastes de color, mientras que los pintores cubistas someterán al paisaje a un análisis sistemático de sus formas esenciales.

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