El Renacimiento: Genialidad y Humanismo del Arte

 

- El Renacimiento: Genialidad y Humanismo del Arte

Un nuevo despertar de la civilización, un amanecer después de los mil años de noche y oscuridad en los que se había sumergido la Humanidad durante la Edad Media.

El Renacimiento en Italia como origen

El Renacimiento es ante todo un movimiento italiano, que surge en el siglo XV.

Supone un retorno a la medida humana.

En las universidades se comienzan a leer los clásicos en griego y latín, y se cuestionan y discuten postulados teológicos y dogmas de fe.

Con la aparición de la imprenta es posible la divulgación y la difusión de la cultura, mientras que con la invención de la brújula, surge un interés por la ampliación de horizontes y la conquista del mundo.

En los edificios predominan las dimensiones horizontales, mientras que las proporcionadas dimensiones de planta y altura, responden a las exigencias humanas.

El hombre se siente por primera vez, el centro del Universo y requiere de un lenguaje a su medida, fruto del humanismo racional.

Es concebido como un ser tridimensional que se relaciona con el mundo en el plano horizontal.

En los edificios desaparecen las dimensiones desmesuradas y se retorna al equilibrio y al repertorio básico del clasicismo.

Los edificios renacentistas se pueblan de una grandiosa calma, plena de melódica belleza, debido a la visión unitaria de todas las artes plásticas de la época.

Se entiende que las obras deben aparecer unidas, para ser observadas simultáneamente en su conjunto y de una sola vez.

La repercusión de esta concepción de unidad, se observa especialmente en la composición de la pintura, donde predomina la perspectiva lineal, en el afán de conseguir una composición unida.

Características del Renacimiento

La figura clave del Renacimiento es el humanista, un hombre culto y versado en las lenguas y la filosofía de la Antigüedad, conocedor de las más avanzadas teorías sobre Geografía y Cosmología, poeta y entusiasta.

El progreso de la ciencia y también del arte, está en poder de los humanistas, que con el análisis lógico, de las obras artísticas y las discusiones sobre los ideales de belleza, van a dar lugar al nacimiento de la crítica del arte.

Sin embargo la influencia entre el artista y el crítico será recíproca.

Y el humanismo se proyectará como fuente incesante de alimentación para el arte.

La fuerte personalidad de algunos artistas, unida la lucha de las repúblicas por conseguir grandes obras de arte, convierte a los artistas en famosos, cotizados en diferentes lugares.

Se fomenta la individualidad y la personalidad del creador, que se convierte en genio.

En el Quattrocento (siglo XV), Florencia es un auténtico hervidero constructivo.

Artistas y obras del Renacimiento

Brunelleschi se encarga de alzar una grandiosa y orgullosa cúpula para la Catedral de Santa María del Fiori que caracterizará al cielo de la ciudad.

En las iglesias de San Lorenzo y del Santo Espíritu adoptan todos los elementos clásicos.

En la capilla Pazzi, el artista presentará el esquema de lo que será la genuina arquitectura renacentista, en la que los ritmos espaciales creados presagian el futuro de las grandes construcciones.

La capitalidad del arte en el Cinquecento, de sobria robustez en toda su obra plástica, será Roma, donde los Papas, ejercerán el mecenazgo sobre las artes.

El protagonista de este siglo es Bramante, que decide un arte donde la estructura arquitectónica será lo único dominante.

Concibe el proyecto de San Pedro del Vaticano con gran majestad romana; a su muerte, es Rafael quien sigue los trazados de Bramante.

Pero Miguel Ángel, el genial escultor florentino modificará posteriormente el proyecto y ejecutará el principal tema arquitectónico: la cúpula, modelo imitado por todas las que le sigan en occidente, hasta el siglo XIX.

La escultura renacentista

En escultura, el genio creativo donde convergen hermosura y expresividad nace en la figura de Miguel Ángel Buonarroti.

Su personalidad está repleta de idealismo y rebeldía, y es uno de los magníficos genios de la Historia.

Utiliza casi persistentemente el blanco y macizo mármol, puesto que estima a este ilustre material, como el más apropiado para aproximarse a la belleza.

Las figuras de Miguel Ángel son siempre admirables, auténticos titanes; son el arquetipo humano, donde el tratamiento de la anatomía sólo es un pretexto para alcanzar el ideal buscado.

En sus esculturas se propaga una irrefrenable vitalidad contenida, más propia de dioses que de hombres.

El equilibrio entre forma bella y movimiento expresivo, alcanza en la escultura de Miguel Ángel, su más alta expresión histórica.

La pintura renacentista

En las capitales italianas, el arte pictórico advierte un portentoso impulso y una metamorfosis constante.

En el siglo XV se origina una sumisión del tema, al conjunto, que es un mundo en sí mismo, desprovisto de vínculo con el exterior.

La cuestión religiosa se frecuenta como tema profano y el paisaje, los desnudos de idealizada belleza, el volumen de las formas y el sentido espacial, son los horizontes limadores de la pintura renacentista.

La luz se manipula y perfecciona con progresiva exquisitez, con la intención de resaltar los planos.

La obsesión del pintor por la profundidad contrasta con las formas planas, que corroboran un arte de dos dimensiones.

El paisaje se cultiva con pasión, al servicio de la obtención de efectos de profundidad y encuadres de las figuras.

En las complicadas composiciones, es muy habitual plasmar diversas acciones o varias figuras principales.

En el Cinquecento, la luz y las sombras conquistan una nueva trascendencia, donde el claroscuro dota a las formas de un aspecto redondeado, en detrimento de la apariencia plana; los colores se esgrimen con mayor soltura y para obtener el volumen, el creador maneja múltiples recursos aparte de los sombreados.

A pesar de que ha desaparecido la obsesión por la perspectiva, las escenas alcanzan una profundidad natural.

Los paisajes se pueblan de centros lumínicos y las composiciones se resuelven con asiduidad en forma triangular, donde las figuras y personajes se relacionan entres sí, con juegos de miradas y manos y donde cada representación pictórica plasma una sola escena que enfatiza la acción principal.

La figura estelar de este siglo es Sandro Botticelli.

Su dibujo es eléctrico, compuesto por trazos enérgicos que provocan un agitado movimiento a todas las figuras.

La tristeza que se descubre en todos los semblantes de los personajes que pinta, son a la vez, expresión del temperamento del pintor y de la melancolía que asedia la vida en Florencia a fin de siglo.

La alabanza del desnudo y los paisajes flamantes culminan en El nacimiento de Venus, Alegoría de la primavera y La Calumnia.

La escuela del Cinquecento se enorgullece con tres gigantes de la pintura.

Leonardo da Vinci, personifica el gran prototipo del renacimiento.

Sus excepcionales obras de arte revelan a un hombre único, dotado tanto para la creación estética como para la ciencia.

La última cena y La Gioconda, son cuadros supremos de la historia de la pintura.

La obra de Rafael es enorme y su temática abarca varios asuntos religiosos, retratos y grandes composiciones.

La concepción espacial, la profundidad y la amplitud de los ambientes, donde mueve a sus figuras con total libertad, constituyen sus principales contribuciones.

Miguel Ángel es fabuloso por su aportación en al Capilla Sixtina, donde el dinamismo alcanza su plenitud.

Las dimensiones de tan vasta representación y las peculiares condiciones de enfoque y luz, confieren a la obra una gran excelsitud y fastuosidad.

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