En las fronteras de la biosfera

 

biosfera fronteras

Ningún organismo está preparado para prosperar allí donde no hay suelo, donde apenas hay humedad, donde el viento, el frío o el sol actúan con todo su implacable rigor.

Efectivamente, salvo algunas bacterias invisibles, no hay organismos.

Pero vemos cómo las rocas peladas se van cubriendo con los años, muy lentamente, de manchas de colores, y cómo de las cortezas de los árboles cuelgan fantasmagóricas “barbas de chivo”.

Sabemos que en las tundras árticas los renos se alimentan de algo que no es exactamente hierba y hemos oído que algo llamado maná alimentó a los israelíes en lo más inhóspito del desierto.

Sabemos que la vida coloniza prácticamente toda la Tierra, pero solo pudo hacerlo cuando dos grupos de organismos de habilidades dispares se unieron y cooperaron entre sí.

Los líquenes son culpables de que seamos animales terrestres.

Abrieron el camino para la conquista de los continentes, mucho antes de que se atrevieran las plantas (se conocen fósiles del Precámbrico, de hace más de 600 millones de años).

Royeron tercamente las rocas para extraer nutrientes minerales y empezaron a formar los primeros suelos.

Se las apañaron para vivir con la ayuda del polvo que el viento depositaba, con la humedad del aire y la luz del sol.

No se apresuraron: tenían mucho tiempo por delante.

Se conformaron con crecer algún que otro milímetro en los años buenos. Después de varios cientos de millones de añostransformaron las montañas.

Los componentes de esta asociación afortunada son un alga y un hongo.

Sus capacidades se complementan muy bien. Las algas fabrican materia orgánica por sí mismas: sólo requieren luz, agua, aire y una pizca de minerales. Los hongos no pueden vivir solos, pero son muy eficaces absorbiendo agua y minerales y pueden construir estructuras de protección para las algas.

Es un poco extraño que los hongos tengan estas capacidades, porque provienen del mismo grupo que dio lugar a los animales y se alimentarían de materia orgánica ya formada.

Quizá muy pronto en su evolución se asociaron a los vegetales y por eso desarrollaron esas facultades que tan bien les vienen a estos.

¿Qué es un liquen?

Los líquenes

Un liquen es algo más que la suma de sus partes.

Es una especie de superorganismo nuevo, con estructura y propiedades diferentes a las de sus dos constituyentes por separado.

A veces, incluso todo es más complicado: dos especies de hongos se asocian a un alga, un hongo se asocia a dos especies de algas y hasta dos especies de hongos forman una compleja asociación con otras dos algas.

Algunos hongos pueden vivir facultativamente tanto asociados a las algas, como libremente, alimentándose de materia orgánica muerta. Los que se unen a las algas sufren cambios en su morfología, estructura y metabolismo.

Aproximadamente una quinta parte de los hongos vive en simbiosis liquénica con algas, eucariotas o procariotas (cianobacterias).

simbiosis liquénica

Los líquenes pueden adoptar una gran cantidad de formas: frecuentemente sobre las ramas de los árboles son ramosos y enmarañados, para recoger la humedad y el polvo, y sobre las rocas asoleadas son acorazados y forman una dura costra pegada al sustrato y protegida del viento.

A pesar de ello, en la mayoría se distinguen unas estructuras en forma de copa: son los órganos de reproducción del tipo de hongos que más interviene en esta relación, los ascomicetos.

La diversidad de los líquenes no es muy elevada, se conocen unas 15.000 “especies” (decir “asociaciones” sería más correcto).

Pero seguramente el número final será muy superior porque habitan por toda la Tierra, donde dominan en los lugares más inhóspitos (los desiertos fríos y cálidos y las altas montañas), aunque presentan más diversidad en latitudes tropicales, pero no en las selvas lluviosas, sino en los
bosques de nieblas de las laderas de las montañas.

Las relaciones entre los organismos

Las relaciones entre los organismos, al igual que ellos mismos, evolucionan.

Un detestable parasitismo puede acabar en una generosa cooperación, y del mismo modo, una relación igualitaria puede terminar en esclavismo. La asociación entre algas y hongos es en muchos casos asimétrica.

Está claro que los hongos son necesarios para que las algas sobrevivan en ambientes tan hostiles para ellas, pero los hongos parecen haberse limitado a esta aportación mínima.

Controlan y envuelven a las algas y obtienen de ellas mucho más de lo que aportan.

En cierto sentido, las vampirizan.

Ellos son los que deciden cuándo y cómo ha de efectuarse la reproducción y cuándo crear nuevas colonias.

Las algas han perdido en muchos casos la capacidad de reproducción autónoma, y en todo caso, nunca pueden reproducirse de forma sexual, sino sólo asexual.

Los hongos sí pueden reproducirse tanto sexual como asexualmente, según les interese en cada momento, y pueden formar unos órganos de propagación en los que están presentes los dos miembros de la asociación.

Los líquenes presentan muchas variedades de sustancias que sólo producen ellos. Por ello, son una fuente de medicamentos, tinturas y venenos.

El maná de la Biblia se ha relacionado con líquenes pertenecientes al género Aspicilia, que pueden ser arrastrados por el viento, son comestibles y ricos en polisacáridos y crecen en gran número en el desierto.

Los líquenes también pueden ser usados para datarsuperficies rocosas o restos arqueológicos, usando especies de crecimiento anual bien definido.

datarsuperficies rocosas

Pero la mayor utilidad de los líquenes en la actualidad, ante la acelerada degradación ambiental, es que actúan como vigilantes de la
contaminación atmosférica.

Los bioindicadores

Un buen bioindicador, u organismo que nos informa de la concentración de determinadas sustancias en el ambiente, debe presentar estas características: ciclo de vida largo, amplia distribución, reacciones visibles ante los contaminantes, escasa o nula movilidad, suficiente biomasa, escasa interacción con el sustrato y homogeneidad genética.

Los bioindicadores

Esta última no la poseen los líquenes, pero sí todas las demás propiedades. Además, no poseen una capa aislante del exterior, ya que obtienen muchos de sus nutrientes de la deposición atmosférica.

Reaccionan rápidamente ante pequeñas variaciones en el medio (de la acidez, por ejemplo), no poseen sistemas de excreción de sustancias nocivas y no suelen sufrir plagas.

Los líquenes que viven sobre las cortezas de los árboles (un sustrato más o menos homogéneo) son los más usados como bioindicadores.

Ellos nos informan con veracidad: el resto depende de nosotros.

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