Egipto y Roma: Dos imperios destinados a la confrontación

Roma, en el año VII a.C., se había consolidado como un gran imperio conquistador y ávido de las regiones más importantes, fructíferas y estratégicas del Mediterráneo; Egipto, por su fama, no podía dejar de sucumbir a los encantos romanos ya que la fama civilizadora y sus lauros en innumerables batallas debían bastar a este imperio faraónico de capa caída.

Es en este momento cuando se habla de un Egipto marioneta de Roma ya que parece ser que cualquier cambio importante que quisieran dar tenía que ser consentido y aprobado por el Senado romano.

Por otro lado, es bien sabido que hacía ya algún tiempo que en el trono egipcio ya no se sentaba la casta antigua sino más bien otra helenizada encomendada a sus antepasados y con las dificultades de su tiempo; lo que también es cierto es que tampoco le faltarían a estos gobernantes las intrigas palaciegas, fratricidios y demás dramas.

Es quizás en el periodo en el que se produce la confrontación entre dichos imperios cuando se inicia el declive del imperio faraónico egipcio y se habla de Egipto como una provincia más del imperio romano.

Antes de llegar a este inesperado resultado, se contarían un sinfín de enfrentamientos entre egipcios y romanos siendo el más sonado aquel cuyo desenlace vendría de la mano de una historia de amor.

Sus principales protagonistas serían los legendarios Cleopatra y César; la primera, una mujer amante de sus antepasados y devota de la tradición faraónica egipcia capaz de conseguir devolver parte de su esplendor al Antiguo Egipto antes de la dominación romana.

El segundo, un exitoso general romano partícipe de la persecución de Pompeyo durante la segunda guerra civil romana y artífice de la consolidación de Cleopatra en el trono faraónico.

A la llegada de César a la región inhóspita de Egipto, las primeras noticias hablaban de una lucha interna entre hermanos por el trono faraónico; su papel como testamentario de Tolomeo XIII le hace intervenir en el conflicto con el fin de obtener un acuerdo entre los hermanos y, como no, afianzar el poder romano entre los egipcios.

Lo que en un principio parecía tratarse de una misión de “conquista” resultó más bien una de “seducción” por parte de Egipto hacia su mensajero.

Se dice que Cleopatra, con apenas 20 años, decidió presentarse de incógnito ante un maduro Julio César envuelta en un tapiz para no ser reconocida por los allegados a su hermano y con la única esperanza de atraerlo hacia su bando.

La fervorosa obsesión de Cleopatra por su imperio y por el legado que sus antepasados le habían dejado eran bazas suficientes para excusar su entusiasmo por ocupar el trono egipcio ante la presencia romana.

Esta luchadora se encargó de estudiar la cultura de sus antepasados, llegó a saber hasta 6 lenguas con sólo 20 años, algo impensable para sus antecesores ya que la costumbre era que todos se criasen al estilo griego, mientras que Cleopatra fue la única que puso el empeño suficiente para cultivarse y aprender, por ejemplo, la lengua egipcia.

De todas formas la leyenda sigue en pie ya que no se sabe si fue el amor profesado hacia su patria o el hecho de que un hombre de esa edad, con fama de mujeriego, sufridor de una acusada abstinencia por la guerra… no pudiese dejar de sucumbir a las exigencias de la fémina,  la que se proclamaría reina de Egipto.

Lo cierto es que César decidió tomar parte de la batalla entre los hermanos y, tras morir Tolomeo XIII en los avatares de la contienda, se quedó al lado de Cleopatra durante una larga temporada.

Es en ese periodo en el que se engendra el hijo de la pareja, Cesarión, y cuando se producen los últimos coletazos de la contienda civil romana.

Tras la calma, César lleva a Cleopatra a Egipto donde es recibida como la reina que era.

A la muerte de César de la mano de su sobrino Brutus, en Roma hubo una época de desorden, una guerra civil entre los partidarios de la República y los partidarios del Triunvirato que acabó con el ascenso de dos hombres a los altos cargos de la República: César Octavio (hijo adoptivo de Julio) y Marco Antonio (hombre de confianza de Julio).

Ambos hombres eran enemigos pero firmaron un tratado de paz, Octavio se quedó con el Occidente y Marco Antonio con el resto.

Cleopatra volvió a Egipto.

No tardó mucho tiempo cuando de nuevo Roma se acerca a Egipto con el fin de hacer uso de la servidumbre de esta última; y es Marco Antonio, gran amigo de Julio César, quien le pide a Cleopatra que ofreciese su flota como muestra de simpatía a su bando.

Ante la negativa de Cleopatra es el mismísimo Marco Antonio quien decide acudir ante la reina con el fin de aclarar la posición de Egipto ante Roma.

De nuevo no se sabe qué es lo que realmente sedujo a este segundo romano pero de nuevo se repite la Historia del conquistador seducido y es que de nuevo se produce un enamoramiento quedándose Marco Antonio en Egipto y dejando embarazada a Cleopatra de mellizos.

El regreso de Marco Antonio a Roma se debería ante la llamada del Senado y del propio Octavio quien le incita a contraer matrimonio con su propia hija, el deber con la patria.

La noticia corrió por cada una de las provincias romanas hasta llegar a las áridas tierras egipcias, Cleopatra enfadada ordenó su inmediato regreso.

La decisión de seguir las indicaciones de la reina egipcia y el repudio de la queridísima hija de Octavio no hizo más que empeorar la situación romana, la propaganda romana hablaba de un heroico y luchador Octavio frente a un mujeriego, vividor Marco Antonio quien, fruto de sus debilidades, pensaba dejar todo el imperio romano de oriente a Cleopatra y sus hijos.

Estallaba la guerra entre Roma y Egipto.

Aunque el final no resultó en absoluto alentador para los egipcios, Marco Antonio no dudó en reunir algunos barcos y esperar en Grecia a una posible invasión italiana.

Un 2 de septiembre del 31 a.C.se produjo la batalla naval, por un lado los egipcios poseía una fuerza mucho más numerosa que la romana pero la debilidad humana provocó que por un mero ataque de pánico de la grandiosa reina Cleopatra, se decidiese pasar al plan B y proceder a la huida.

Una vez producida la retirada, a Octavio no le fue difícil la entrada en Alejandría consiguiendo así la victoria.

No se sabe bien si fue uno u otro el primero en morir lo que sí es cierto es que el engaño de que uno y otro habían muerto provocó el suicidio del otro amante; uno a manos de una espada y otra a manos de un veneno de áspid.

Era el fin la del imperio romano, Egipto se convertía en una provincia más del imperio romano.