Es posible “entrenar” a nuestro cerebro para preferir la comida saludable

 

circuito de recompensa cerebral

Apostamos a que si os dan a elegir entre una pizza y un plato de judías verdes, muchos de vosotros os quedaríais con la pizza sin dudarlo ni un instante… ¡y ni nosotros podríamos culparos! Es pura ciencia…

La comida rápida (galletas, patatas fritas, hamburguesas, pasteles, etc.) es altamente adictiva, y además se relaciona con los circuitos de recompensa de nuestro cerebro, que hacen que nos enganchemos cada vez más (al habernos acostumbrado a ingerir este tipo de comida, los circuitos de recompensa se activan con alimentos ricos en calorías, y eso provoca que elijamos cien veces antes un donut en lugar de una manzana).

Pero hoy os vamos a contar que este “enganche” es reversible… ¡y que podemos educar a nuestro cerebro para que prefiera la comida saludable!

Un estudio piloto realizado por la Universidad de Tufts (Massachusetts) y el Hospital General de Massachussets , sugiere que es posible ignorar el poder que ejerce la comida rápida, desarrollando una preferencia hacia los alimentos saludables.

Y sin necesidad de pasar por el síndrome de abstinencia que provoca abandonar la comida poco saludable: es cuestión de acostumbrar a nuestro cuerpo poco a poco.

Durante la investigación, se establecieron dos grupos: uno de intervención -formado por 8 personas- y otro de control -formado por 5-.

El grupo de intervención se sometió a un programa de pérdida de peso cuyos menús estaban diseñados de la siguiente forma: 25% proteínas, 25% de grasas y el 50% de hidratos de carbono de bajo índice glucémico.

La clave reside en el alto poder saciante de las recetas, y en un cambio progresivo en los hábitos alimenticios.

Seis meses después de comenzar el estudio, los investigadores detectaron mediante resonancias magnéticas del cerebro que los circuitos de recompensa habían cambiado en los participantes del grupo de intervención.

Al mostrarles imágenes de alimentos saludables, sus centros de recompensa mostraron mucha más actividad que los del grupo de control; mientras que al enseñarles imágenes de alimentos ricos en calorías, la activación del centro de recompensa se redujo significativamente.

“El programa de pérdida de peso está específicamente diseñado para cambiar la reacción de la gente a los diferentes alimentos, y nuestro estudio muestra que las personas que participaron en él tenían un mayor deseo por alimentos más sanos“, destaca el doctor Sai Krupa Das, uno de los responsables del estudio.

“Hasta donde sabemos, es la primera vez que se ha demostrado que es posible cambiar este comportamiento“.

Aunque el estudio es pequeño y todavía no se pueden extrapolar resultados, la idea es repetir el proceso con grupos más amplios y confirmar lo que sugiere este primer acercamiento.

Ya sabéis, otro Septiembre es posible… y quién sabe, puede que en un tiempo no muy lejano, prefiráis una menestra fresquita antes que un plato gigante de patatas fritas 😉

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