Felipe II: Reinado y Biografía

 

- Felipe II: Reinado y Biografía

Hijo del emperador Carlos V y de Isabel de Portugal, Felipe II nació el 21 de mayo de 1527 en Valladolid.

Era de carácter serio, absolutamente fiel a su labor de gobernante y de gran rectitud en todas sus decisiones, en especial en la justicia.

Muy pronto consiguió la simpatía de su pueblo ya que era un rey nacido y educado en España, no como su padre.

Reinado de Felipe II

Asumió su trono cuando éste abdicó en 1556 y estará en él hasta 1598.

Se casó en varias ocasiones, su segundo matrimonio fue con la reina de Inglaterra en 1554, María Tudor, ya que Carlos V estaba especialmente interesado en unir la familia inglesa con la española.

Por aquel entonces Felipe II fue proclamado rey de Nápoles, duque de Milán y luego tuvo la soberanía de los Países Bajos.

Cuando murió su esposa, y con motivo de sellar la paz con Francia, el rey se casó con Isabel de Valois.

Los franceses disputaban la primacía en Europa pero se llegó a la paz de Cateau-Cambresis, tras la espectacular victoria española en la batalla de San Quintín, la cual obligaba a Francia a colaborar con España en la lucha contra los infieles y los herejes.

Además la jerarquía de poder o la monarquía francesa se estaba acercando al calvinismo, surgiendo lo que se denominan Hugonotes, o calvinistas franceses, de tal forma que para Felipe II el cariz de los acontecimientos no era positivo para sus intereses.

Esta paz también era muy propicia para frenar las oleadas turcas que procedían del Mediterráneo.

Para evitar este peligro sobre las potencias europeas se firmó la Liga Santa junto a las ciudades de Roma, Venecia y Génova, que cristalizó en la famosa batalla de Lepanto en 1571, cuando dirigía los mandos el hermano de Felipe, don Juan.

En este periodo, como le ocurrió a su padre, también hubo problemas religiosos, que quizás se radicalizaron aún más.

Frente al monarca español centralista absolutista, católico dentro del espíritu contrarreformista de Trento, aparece el calvinismo de Guillermo de Orange, líder de los Países Bajos en su sublevación, o el anglicanismo de la reina Isabel I de Inglaterra, que dirigió al final el frente contra los españoles.

En el país se llegaron a construir barreras para impedir la entrada de protestantes y de extranjeros libres.

La ortodoxia católica lo quiso llevar hasta el último extremo impidiendo la salida de universitarios españoles fuera de España.

Una de las ciudades más controladas era Sevilla, que significaba el lugar de origen para ir a América y que además estaba plagado de genoveses.

También fue bastante problemático el episodio de las Alpujarras, en Granada, una rebelión morisca debido a la represión del rey ante este contingente.

Finalmente se decidió distribuir a la población morisca por el territorio peninsular ya que se consideraba una mano de obra apropiada y válida.

También existieron problemas económicos, igual que sucedió durante el reinado de Carlos V, ya que se tenían que sufragar muchos gastos por lo que aumentaron las deudas del estado, que no pudo pagar.

Muchos banqueros se arruinaron y el estado tuvo que vender títulos nobiliarios para recaudar fondos.

Uno de los asuntos más complicados para el rey fue el de los Países Bajos, una prioridad desde la primera de las rebeliones en el año 1566 concluida con la ejecución de Horn y Egmond.

El imperio de Felipe II

Este territorio englobaba las zonas de Bélgica y Holanda.

En aquel momento se había extendido el protestantismo en la sociedad por medio de la alta burguesía, muy abundante en esta zona.

En los setenta hay momentos de mucha tensión con polémicas entre las facciones que buscaban el poder real.

Por un lado estaba el duque de Alba y por otro los partidarios del príncipe de Eboli, que más tarde sería sustituido por el polémico Antonio Pérez. Pero el foco de atención se centró con el asesinato de Juan de Escobedo, hombre de confianza de Juan de Austria, que se dice, fue planeado por el propio Pérez.

Los últimos años del reinado de Felipe II se vio principalmente envuelto en tres problemas de grandes dimensiones: el enfrentamiento con Francia contra el calvinista Enrique de Borbón, que ganó la guerra civil, con los Países Bajos y contra la Inglaterra que representaba Isabel I, que además apoyaba a los calvinistas que había en los Países Bajos y atacaba con actos de piratería el comercio Atlántico entre Sevilla y el Caribe. Al menos la gran alegría de este periodo para el rey sería la anexión de Portugal en 1581 ya que tras la muerte de Don Sebastián sin herederos directos daban a Felipe II, el pariente más cercano, todas las posesiones de Portugal y Brasil.

La situación en Flandes no terminaba de dilucidarse para alguno de los dos bandos, a pesar de los éxitos en un principio de Alejandro Farnesio. Fue un conflicto total cuando se metieron de forma plena Francia, Inglaterra y Países bajos, ya que lo hicieron juntos bajo la firma del tratado de Greenwich.

El fracaso más celebre de la historia de Felipe II en aquel momento fue contra los ingleses en la derrota de la mítica Armada Invencible en 1588, que pretendía atacar las Islas a través del Canal de la Mancha a las órdenes de Farnesio.

Las condiciones climatológicas adversas y las tácticas militares de los ingleses provocaron ese severo correctivo.

En los Países Bajos, el mismo Alejandro Farnesio, hábil militar y político, de todas formas pudo mantener algunos enclaves importantes en las zonas católicas de Bélgica y Luxemburgo (Unión de Arrás), mientras que los calvinistas de la parte de Holanda tenían prácticamente en su mano la independencia total en la Unión de Utrecht.

En Francia, pese al apoyo de los tercios, Enrique de Borbón ocupaba París y reivindicaba la política tradicional antiespañola.

En el momento de su muerte, el rey Felipe II había conseguido mantener, no sin grandes dificultades, la supremacía de los Habsburgo, pero ya el imperio pasaba de forma clara a la defensiva.

La dolorosa derrota de la Armada supuso el declive total del rey y del gran siglo de esplendor que había vivido España.

La muerte de Felipe II

La persona de Felipe II ya estaba sufriendo problemas de salud. En los últimos años pudo colocar a su hija Isabel Clara Eugenia en la zona de los Países Bajos tras su matrimonio con el archiduque Alberto.

Pero su condiciones físicas ya no estaban para conflictos, tenía unos durísimos ataques de gota que se fueron repitiendo con mayor frecuencia. En junio de 1598 sufrió unas fiebres tercianas que le enviaron a la cama directamente, sin poderse mover y con dolores intensos.

El 13 de septiembre de ese mismo año moría el rey más famoso de la historia de España en el Monasterio del Escorial, en Madrid, a los 71 años de edad, dejando atrás unos días de agonía, pero también unos años de mucha intensidad.

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