Fernando Botero: Grandes pinturas y esculturas atípicas

 

fernando botero

Probablemente para la mayor parte de la sociedad contemporánea la gordura no es una cualidad bien apreciada, sino más bien una enfermedad o un defecto que hay que evadir a toda costa, no obstante para Fernando Botero la presunta desproporción de la figura y las siluetas voluminosas constituyeron la base de su inspiración.

No hay que ser un experto en arte para reconocer este estilo único y contracorriente; su obra nace de lo improbable, del verdadero culto al cuerpo, no aquel que se deteriora o se cohíbe para parecer excesivamente delgado, sino el que se ha deleitado en sí y se ha dado gusto con toda clase de placeres.

Resulta fácil reconocer un Botero en diversos espacios públicos, en algún que otro museo, incluso en casas de subastas prestigiosas, gracias a sus sobredimensionadas medidas que describen la belleza desde un punto de vista que sale del paradigma estereotipado de las pasarelas.

La obra de este maestro colombiano es inconfundible ya que él ha logrado exhibir hermosísimas exposiciones inéditas en varias ciudades cosmopolitas donde con sencillez y creatividad, detecta lo que otros no ven y es esa capacidad la que atrapa a muchos observadores que no pueden pasar desapercibidas sus creaciones.

Cada pintura y escultura expresa lo atípico, pero como es lógico de cualquier obra a muchos agrada y enamora mientras otros tantos la polemizan y rechazan, sea como sea da de qué hablar ya que es irreproducible.

obras fernando botero

Lo más hermoso de su trabajo es que permite acercar a las personas comunes con el artista, de manera que todo este arte no queda encerrado en un lugar de exposición sino que se exhibe en mil y un lugares entre ellos, Venecia, los campos Eliseos, el Park Avenue en Nueva York, Recoletos en Madrid, la plaza de la señoría de Florencia, en el Hermitage de San Petersburgo, diversas ciudades de Colombia, París y muchos más.

Es que si miramos atrás nos daremos cuenta que pocos artistas han logrado tan grande repercusión en vida, por eso sus invenciones son valoradas dentro de los ranking de arte como unas de las esculturas y pinturas más cotizadas, esto en cuanto a subastas y ventas se refiere; definitivamente no hay nada que Fernando Botero cree que no tenga su dosis de originalidad, frescura y grandiosidad, lo cual lo convierte en un éxito comercial.

En fin no hay algo mejor para lucir que una obra del ícono universal del arte, una obra no sólo sobredimensionada y bella sino además crítica. Una muestra de Botero es capaz de describir un fenómeno que contextualiza la situación mundial.

Entre ella quizás resalta el tópico de la situación política colombiana y global; entre lo cual se refleja el impacto de los horrores de la tortura y de la guerra. Aunque a decir verdad él dice que: “la temática de la pintura es la naturaleza y uno de pronto, cuando tiene una impresión fuerte, se desvía de esa temática central”.

La historia de Fernando Botero todavía está en marcha, pero resumirla hasta el día de hoy implica relatar el ascenso de un creador, escultor y pintor, que ha visto reconocido el valor de su obra prácticamente de forma simultánea al momento de realizarla.

Tanto es así que, en la actualidad, cuenta con numerosas condecoraciones y premios que le avalan como uno de los autores vivos más importantes de nuestra época.

Biografía de Fernando Botero

Botero nació en Medellín (Colombia), en 1932, y fue allí donde, con tan sólo 16 años, participó en una exposición junto con otros artistas. Era la primera vez que mostraba su pintura y sus propuestas convencieron al público, gustaron; una aceptación que le abrió la puerta del periódico “El Colombiano”, en el que empezó a colaborar como ilustrador antes de cumplir la mayoría de edad.

Los dos párrafos anteriores bastan para intuir que, la de Botero, es una trayectoria marcada por la palabra “precocidad”. En 1952, veinte años, consiguió el primer premio de su carrera; lo logró la obra “La costa”, que quedó clasificada en segundo lugar en el IX Salón de Artistas Colombianos. Con este estímulo bajo el brazo, Botero decidió viajar a Europa y centrarse en el estudio de los clásicos. Permaneció en Italia hasta 1955, sin embargo aún tardaría una década en encontrar un espacio europeo en el que mostrar sus lienzos y esculturas.

Antes de que esto ocurriera, habría de obtener en 1958 el Premio Nacional de Cultura de su país y viajar a Nueva York. Lo hizo en 1961 y, ya en 1964, presentó su primera exposición individual en el Museo de Arte Moderno de la ciudad (MoMA); una institución que contribuiría a revalorizar su producción al adquirir en 1966 uno de sus títulos, “La familia presidencial”.

En 1965, Botero concluye una de sus creaciones más representativas, “La Familia Pinzón”, con la que consolida definitivamente su estilo.

Definir los rasgos que, como un armazón, estructuran la obra de Botero resulta sencillo: perfiles curvos, figuras orondas y bellas al tiempo, y materiales tradicionales: óleos si hablamos de pintura; metales si nos centramos en su labor escultórica; y, en cualquier caso, la consecución de un sentimiento cálido en el espectador, bien gracias a los colores acogedores de sus cuadros; bien a través de las expresiones amables de sus figuras enormes de metal.

Hay en Botero cierto matiz Naïf, que se mezcla con la información que su producción nos ofrece sobre Colombia, donde está considerado uno de los “embajadores” del país con mayor influencia; indispensable a la hora de exportar los valores del arte colombiano.

Después de triunfar en Nueva York, la primera exposición europea no se hizo esperar: en 1966, Alemania recibió la obra de Botero; después, y hasta el momento, se sucederían sus exposiciones en todo el mundo: China, Japón, Venezuela, Argentina, Francia… En 1978 se instaló en París.

Reconocimientos internacionales de Botero

Entre los reconocimientos internacionales que Botero ha obtenido, hay que destacar la Orden Andrés Bello, en 1976, otorgada por el Gobierno de Venezuela; la Cruz Boyaca del Gobierno Colombiano, que obtuvo en 1977; y el nombramiento de Personaje del Año en Colombia, en el año 2000; una mención que puede ayudarnos a comprender la dimensión popular alcanzada por el pintor, cuya obra, en numerosas ciudades, ha cruzado los límites de los museos y las galerías para instalarse en avenidas y paseos, integrándose en el paisaje urbano de las ciudades del siglo XXI.Ciudad Botero

El 14 de octubre de 2000 se inauguró en Antioquía Ciudad Botero, un complejo integrado por seis salas destinadas, junto con la plaza en la que se ubican (espacio idóneo para las esculturas), a albergar la obra que Botero donó a Medellín.

Cuando este museo sólo era un proyecto impulsado tanto por el Gobierno colombiano como por la empresa privada, se pretendía con él, aparte de convertir la ciudad natal del pintor en uno de los espacios ineludibles para el estudioso de su obra e impulsar así la actividad social, cultural y turística de la zona, contribuir a desligar a este núcleo urbano de la única fama que hasta entonces lo distinguía: la inseguridad provocada por los carteles y el terrorismo.

Con esta intención, y hasta la fecha de su inauguración, el propio Botero siguió de cerca los pasos para rehabilitar y reutilizar el antiguo Palacio Municipal; un proceso que no quedó al margen de la polémica, ya que, para albergar la producción del creador, fue necesario poner fin a la función original del palacio, convertido por los vecinos en centro de discusión pública.

El colectivo desalojado, lógicamente airado, no consideró prioritario, en una ciudad con tantas carencias como Medellín, “desperdiciar” tiempo y dinero en albergar las esculturas y los lienzos del artista.

Inmerso en este ambiente extremo, zozobrando entre sus defensores y sus críticos, el sueño de Ciudad Botero fue convirtiéndose en realidad. ¿Cuál fue su coste? 38.000 dólares sin incluir el valor de las piezas donadas por Botero: más de cien obras de su colección de arte internacional entre las que destacan, aparte de la suya propia, firmas como la de Frank Stella, Roberto Matta, Robert Rauchemberg y Antoni Tapies.

Quien decida trasladarse a Ciudad Botero, con una extensión de 30.365 metros cuadrados, podrá pasearse entre las catorce esculturas que salpican la plaza del museo y apreciar, además de la obra de maestros consagrados del arte moderno, catorce dibujos y 56 pinturas del autor colombiano.

En cuanto al objetivo de la iniciativa, si bien es cierto que cuantitativamente las cifras invertidas pueden provocar rechazo en los que reclaman mejoras sociales e inversión en seguridad ciudadana, también lo es que cualitativamente, sin duda, Ciudad Botero contribuye a cambiar Medellín y orientarla hacia una nueva dirección, que convive con la actual y lucha contra ella.

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