Gino Severini. Biografía y obras

Gino Severini es uno de los exponentes del futurismo, movimiento artístico surgido en Italia en los inicios del siglo XX.

Gino Severini y el futurismo

Este movimiento florece con la llamada revolución industrial y promueve una transgresión en todos los ámbitos artísticos, rompiendo los cánones de la ortodoxia en el arte, glorificando la belleza de la velocidad, del poder y del movimiento de las nuevas tecnologías, y ensalzando, creando gran polémica con esto, la guerra y la destrucción.

Biografía de Severini

Años antes de la firma del tratado futurista nace Gino Severini en la ciudad italiana llamada Cortona, el día, un 7 de abril de 1883.

Debido a la modesta situación económica de su padres, pocas serán las oportunidades que el jovencito Severini tendrá para estudiar, sin embargo, y antes de fijar su residencia en Roma a los 17 años, consigue frecuentar la Scuola Tecnica de Cortona y recibe clases de dibujo de mano de una pintora local, Matilde Luchini.

Desde su llegada a Roma compagina sus estudios en la Scuola Serale di Disegno agli Incurabili con su trabajo en un banco.

Su despertar al arte y a la pintura en general se producirá sobre todo con su encuentro y posterior amistad con Umberto Boccioni primero y Giacomo Balla después.

El primero es el motor del nuevo movimiento futurista, el segundo le hará descubrir la puntilleante pintura divisionista de Seurat.

Tras su estancia en Roma, se traslada a la Meca del Arte, París, en 1906, y allí estudiará a los neoimpresionistas como Signac y se dejará envolver por el bohemio y vanguardista ambiente de la ciudad del Sena.

Su círculo de amistades lo formarán artistas como Braque, Juan Gris, Modigliani, Picasso y el escenario será el París de las luces, de las fiestas, del alcohol.

Impresionado por tanta novedad en su vida, se aleja un poco del futurismo naciente, pintando cuadros de marcado aire divisionista como “Fiesta en Montmartre” y no se adherirá al movimiento de Boccioni y Marinetti hasta 1910, año en que firmará el manifiesto que aparecerá en el diario Le Figaro.

Su negativa al principio se debe a su poco convencimiento en lo que se refiere al centralismo y protagonismo de la máquina como objeto al que loar, no obstante aceptará y empleará el dinamismo surgente, como se verá en sus obras con el tema del baile.

Por esta época Severini es un habitual de la noche parisina y frecuenta las famosas boites de nuit como El Moulin de la Galette, el Bal Tabarin y los locales que dan la bienvenida al nuevo día como el Royal Souper, el Rat Mort o el Monico.

Obras de Gino Severini

La noche parisina, el baile, el movimiento, serán, por lo tanto, protagonistas de sus obras y de su vida en estos años parisinos.

Fruto de esta agitada joie de vivre es “La danza del Pan Pan al Monico”, cuadro creado en 1909 y considerado por Apollinaire como el mejor cuadro futurista.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue destruido, era propiedad del alemán Borchardt, y tras la guerra, concretamente en 1959, fue reconstruido por el mismo Severini gracias a viejas fotografías y a unas reproducciones en cerámica.

Esta obra es importante porque reúne muchas de las características novedosas de la época, así como recrea el ambiente sonámbulo de la noche parisina, un ambiente que corresponde con la visión particular de Severini, que ve la ciudad como un gran organismo vivo, dinámico, donde el teatro, el boulevard y el café-chantant son puntos de encuentro de la nocturnidad parisina.

El futurismo ensalza este movimiento frenético y estrepitoso de los cuerpos al bailar, que, concretamente en el cuadro del Monico, se fusiona con la algarabía de gente que ríe bajo los efluvios del alcohol al sonido de violines cíngaros.

Este universo festivo aparece en el cuadro de forma fragmentada, colorida, con unas combinaciones cromáticas que nos recuerdan al puntillismo seuratiano, como también sucede en el cuadro “El Boulevard”, 1911.

Durante el año 1912, Severini experimenta una época de cambio en cuanto a estilo se refiere, parece dejar atrás la etapa precedente y sumirse en una nueva que lo colocará en los límites de la abstracción cubista.

A esta etapa pertenecen claramente sus cuadros “Jeroglífico dinámico de Bal Tabarin”, “Bailarina azul” o “Dinamismo de una bailarina”.

En febrero de ese mismo año participa en la primer exposición futurista de la Galerie Bernheim-Jeune, exposición que resulta todo un éxito y que significará la consagración de este nuevo movimiento y su punto de partida a otros muchos lugares como Londres, Berlín y los Estados Unidos, hasta apagarse poco después de la Primera Guerra Mundial.

El 28 de Agosto de este mismo año se casa con Jeanne Fort y juntos se trasladan de vacaciones a Italia, donde Severini trabajará en el manifiesto “L’analogie plastique du dynamisme” que dará lugar a la obra “Ritmo plástico” del 14 de Julio, un cuadro que hace sumergir a Severini en un cubismo cada vez más emergente.

Hacia finales del 1913 abandona la frenética ciudad de las luces, para anclar en las tranquilas costas de Anzio en Italia y recuperarse así de su malogrado estado de salud.

La Bailarina de Severini

Durante esta estancia aprovechará para crear unas de sus obras más emblemáticas, “Mar=Bailarina”, donde los compases de una bailarina se igualan el serpenteo de las olas.

Los colores rielan haciendo fragmentar el espectro cromático en miles de colores, que al igual que un mar que ansia alcanzar la orilla, se lanzan hacia el marco, invadiéndolo.

Sin embargo, no todo será locura, bullicio, frenesí y vacaciones.

Los malos tiempos no tardarán en llegar y una guerra se desencadenará.

Severini, quien durante esta primera década del siglo XX sirve de nexo entre las tendencias francocubistas e italofuturistas empezará a adaptar su temática a los nuevos y caóticos tiempos.

Un ejemplo de esto es su cuadro “Tren de la Cruz Roja atravesando un pueblo” (”Train de la croix rouge traversant un village”), cuadro pintado en 1915 en la población francesa de Igny.

En este cuadro la fragmentación del paisaje da la sensación de fractura que caracteriza nuestra percepción de un objeto en movimiento.

Sus últimos años pictóricos desembocarán en un cubismo cada vez más en boga, que le fascinará y que le llevará a escribir en 1921 el libro “Du cubisme au classicisme”.

En los años sucesivos Severini se dedicará a pintar máscaras, a participar en diferentes muestras como la Prima mostra del Novecento Italiana, y decorará la casa Rosenberg de Roma entre otras.

En 1936 participa en la exhibición Cubismo y Arte abstracto del Museo di Arte Moderno entre otras muchas, y será galardonado en numerosas ocasiones durante toda su vida.

Cuadros a destacar de su escasa creación tardía son “Arlequín con mandolina” y “Maternidad”.

El número 11 de la Rue Schoelcher de París será el escenario de su muerte, que tendrá lugar el 26 de febrero de 1966.