Guerra de las Naranjas (1801): Las intrigas de Godoy

Guerra de las Naranjas

La Guerra de las Naranjas fue un conflicto bélico de corta duración pero importante tanto por el periodo histórico en el que se produce como por sus consecuencias.

Continua la debacle española

En 1801 España declara la guerra a Portugal en virtud del secreto III Tratado de San Ildefonso que sentaba las bases del Tratado de Madrid del mencionado año, por el que Napoleón haría Rey de Etruria (actual Toscana italiana) al hermano de María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV de España; Francia recuperaría la Luisiana Norteamericana (en poder de España desde 1763).

A cambio España ofrecía su Armada Real para la guerra que mantenían Francia e Inglaterra y, declararía la guerra a Portugal para cortar el paso a los navíos ingleses que fondeaban en los puertos portugueses.

Sin embargo, tanto los antecedentes como los sucesos posteriores nos hablan de un periodo histórico tanto a nivel español como a nivel mundial de importantes consecuencias, sobre todo para Francia.

El precedente con más trascendencia será la Revolución Francesa (1789-1799) con la que las Monarquías sobre todo europeas, al contemplar los acontecimientos que acaecen en Francia, temblarán por lo que creen que será un contagio inevitable.

Así, la España de Carlos IV cerrará sus fronteras a cualquier influencia procedente del país vecino.

Será Floridablanca, primer ministro, el que realice una fuerte presión diplomática en apoyo de Luis XVI de Francia.

La Inquisición se erige como justiciera de ideas subversivas, sometiendo a la época de la Ilustración y a sus cabecillas, Jovellanos, Cabarrús o Campomanes entre otros, al ostracismo.

No es descabellado deducir, que la Revolución Francesa en España y ante el miedo generado, cerró las puertas a una etapa de renovación.

Floridablanca, será sustituido por el Conde de Aranda, gran amigo de Voltaire y de otros revolucionarios franceses, que abrirá el camino para la entrada del gran protagonista de la época que nos ocupa, Godoy.

La situación en Francia, con la proclamación de la República y la captura del rey Luis XVI, provocará la caída de Aranda.

El 15 de noviembre de 1792, Godoy, Ministro Universal, tomará las riendas de la Historia de España, con el beneplácito del Rey Calos IV y de su esposa María Luisa de Parma, encantada de tener en el poder a su amante, hasta el Motín de Aranjuez que provocará su derrocamiento en 1808.

Con Godoy, España se convierte en marioneta de Francia.

Los intereses de España se confundirán con los de este Ministro, sobre todo en el plano internacional, más preocupado por su lucro personal que por la Hacienda y la Economía que se dirigían a la bancarrota.

El ascenso del Ministro fue fulgurante desde su entrada en Madrid procedente de Badajoz.

Admitido en 1784, por Carlos III en la Compañía de Guardias de Corps, su golpe de suerte le vendrá en 1788, cuando siendo escolta de los entonces Príncipes de Asturias, el futuro Carlos IV sufrió un accidente con su caballo, y de forma “enérgica y con bravura”, el joven Godoy respondió sometiendo al animal.

Comenzaba una de las carreras más meteóricas en la Historia de España, sobre todo, cuando con 25 años es nombrado Secretario de Estado, o lo que denominaríamos en la actualidad Primer Ministro.

Sin embargo, según las coplillas de la época, parece que su ascenso también estuvo promovido por María Luisa de Parma, reina consorte, de quién se decía que eran amantes.

De hecho, la Reina moría en Roma en 1819, en la casa en que Godoy vivía con su última amante Pepita Tudó, con la que se había casado.

Señalados algunos juegos de alcoba de Godoy, en el plano político la Revolución Francesa continuó marcando la política exterior española.

La muerte en la guillotina de Luis XVI en 1793, enfrentó a diversas monarquías europeas movidas por el miedo contra Francia en la denominada Guerra de la Convención.

España aliada a Gran Bretaña y Austria, consigue algún éxito en el Rosellón contra los sans culottes.

Pero las desavenencias con los aliados, sobre todo con Inglaterra más preocupada en poseer el dominio de los mares, provocaron el recelo español que debía y quería mantener intacta su flota para asegurar sus colonias americanas y el comercio entre éstas y España.

La entrada en Cataluña del ejército francés y la toma de San Sebastián, entre otros hechos, causarán la firma de la Paz de Basilea (1795), en la que Godoy añadirá un título más a su currículum siendo considerado como el Príncipe de la Paz.

Un tratado en el que España recupera las plazas ocupadas en su territorio, como Miranda de Ebro (Burgos) entre otras, y Francia consigue parte de Santo Domingo (la llamada Española), en la que Francia ya había conquistado Haití, por el Tratado de Ryswick de 1697.

La Paz de Basilea, dejaba abierta la puerta para una posterior alianza que se formalizó en el denominado III Tratado de San Ildefonso.

En 1797 la ocupación por los británicos de la Isla de Trinidad y con ella, el control de las rutas comerciales, empujó la caída de Godoy, y su sustitución por Francisco de Saavedra y Mariano Luis de Urquijo. (1798-1800).

Aunque con Pedro Cevallos como cabeza visible del gobierno, en 1801, Godoy consigue de nuevo hacerse con el poder.

El tratado de la guerra de las naranjas

La firma de Tratado de Madrid en 1801 sentará las bases por las que se produjo la Guerra de las Naranjas, entre España y Portugal.

El III Tratado de San Ildefonso entre España y Francia señalaba condiciones ventajosas para ambas potencias.

España cedía la Luisiana que pasaba nuevamente a manos francesas a cambio de protección y del Reino de Etruria, al que más tarde se añadirá el Piombino para el hermano de María Luisa de Palma.

Igualmente este tratado sería un acuerdo de ayuda mutua entre ambos países en contra de Gran Bretaña.

En ese mismo año, Godoy es nombrado Generalísimo, Jefe de los Ejércitos de Tierra y Mar.

El 27 de febrero, declara la Guerra a Portugal al no cumplir Portugal dos condiciones: ruptura y el cierre de los puertos portugueses a Inglaterra y, la cesión de Trinidad a España y de Malta a Francia.

La guerra duró un suspiro; si bien se declaró en febrero, las acciones militares españolas no se iniciaron hasta 20 de mayo.

Godoy como generalísimo de los ejércitos españoles toma el mando ocupando diversas poblaciones portuguesas sin recibir respuesta lusa, que se mantenía tranquila al saber y estar convencida de que España no tenía pretensiones ocupacionales.

España ocupó diversas plazas portuguesas gracias a la nula resistencia tanto de las poblaciones como a la inexistente respuesta por parte del gobierno portugués.

El 6 de junio se firma la paz por medio del Tratado de Badajoz, en la que se devuelven todas las plazas conquistadas a Portugal con excepción de Campo Maior, Olivenza, y Joromenha, que pasan a ser española, fijándose la línea fronteriza en el río Guadiana en aquella región.

Francia que no intervino en batalla, se anexionó parte de la Guayana gracias a la intervención en el tratado de Luciano Bonaparte, nombrado embajador de Francia en Madrid por su hermano Napoleón.

El Rey de Portugal se comprometía a cerrar sus puertos a los ingleses.

Napoleón supo del Tratado y se negó a reconocerlo, ya que sus pretensiones era la conquista de la Península Ibérica, tachando a su hermano de traidor.

Igualmente, el tratado obviaba la cesión de Portugal de varias plazas para poder ser canjeadas por Gibraltar, la Isla Trinidad y Malta.

La necesidad que Napoleón tenía de la flota española para el enfrentamiento con su enemiga Inglaterra, contuvo a Napoleón hasta 1802, año en el que firma la Paz de Amiens, por la que Menorca, entre otras cláusulas, vuelve a manos españolas.

Finalizaba una guerra que no la contienda entre los países con mayor proyección en este momento.

Portugal con sus colonias en América, Francia e Inglaterra, tanto por sus incursiones en Iberoamérica como por su hegemonía europea, y España en un declive contenido.

La Guerra de las Naranjas, llamada así por el ramo de naranjos que le envío Godoy a la Reina María Luisa cuando conquistó la plaza de Elvás, fue el corto episodio de un entramado que desde la Revolución Francesa, pasando por la Guerra de la Convención hasta la derrota española en Trafalgar (1805) y la Guerra de la Independencia Española (1808), advierten de numerosos cambios no sólo en el terreno político y económico, sino en el de las mentalidades y la vida cotidiana.

Todo estaba cambiando.

Godoy desapareció del escenario político con el Motín de Aranjuez.

Hacia el destierro, se dirigió el último valido español, cerrando la historia del Antiguo Régimen.