Hattin: Derrota cristiana el 4 de Julio de 1187

batlla de hattin

Cuentan de la época de las Cruzadas, cuando los valientes caballeros Templarios y Hospitalarios batallaban contra el fervoroso infiel, un sin fin de historias en donde la suerte, la gracia de Dios junto al bien hacer de las tropas, hacían salir victoriosos en más de una batalla al bando de los cristianos.

Por lo menos esa es la impresión que a muchos nos da tras estudiar o leer los relatos que quedan de las Cruzadas; sin embrago, es más cierto hablar de una exquisita labor militar cristiana pero sin olvidar que hubo más de un hereje que daría otros tantos quebraderos de cabeza.

Este es el caso del sultán de Egipto cuyo nombre era Saladino, único artífice de uno de los más sonados desastres del ejército cristiano

La batalla de Hattin

Fue un 4 de Julio en el año 1187 de nuestro señor, al Oeste del Mar de Galilea, en Tierra Santa; concretamente en el desfiladero conocido como Cuernos de Hattin (Qurun-hattun), cuando es vencido, en primer lugar, y expulsado, como consecuencia, el ejército cristiano del reino de Jerusalén.

El inicio de dicho enfrentamiento lo encontramos en la provocación por parte de Reinaldo de Châtillon, un noble cuyas posesiones lindaban en la frontera y cuya fama le precedía por su afición al bandidaje y al saqueo.

Fue esta peculiar afición la que llevó a los cristianos al enfrentamiento con las hordas de Saladino puesto que, en uno de los asaltos de las caravanas musulmanas, hicieron prisionera a la hermana del sultán y, una vez que la noticia llegó a oídos del sultán, éste decidió tomar represalias llegando incluso a matar con sus propias manos a Reinaldo por su atrevimiento.

La batalla de Hattin se integra en lo que sería los inicios de la tercera Cruzada junto la derrota cristiana en Arsuf, Jaffa y Cesarea, liderados éstos por el mítico Ricardo Corazón de León.

Sería tras este fracaso cuando se lograse firmar un tratado de paz (1192) que aseguraba la existencia del Reino latino de Jerusalén, si bien circunscrito a una franja costera y un estrecho corredor hasta la ciudad que estaba bajo el poder de los musulmanes.

El 1 de mayo de 1187, junto al irreverente noble cristiano Reinaldo, cabalgaban el rey de Jerusalén Guido de Lusignan, Balduino de Ibelin, el conde Raimundo de Trípoli (el único en escapar de la captura) los grandes maestres de la orden del temple y del Hospital.

Saladito había arrasado en la ciudad de Seforia y, por la ruta de Tiberíades hasta la zona geográfica denominada como cuerno de Hattin por su peculiar forma.

Una vez en el lugar del encuentro entre ambos frentes la tensión desembocó en un ingenio de estrategias militares por parte de ambos bandos pero sin duda destacaría la técnica de Saladino con importantes medios como el avasallante ataque de la caballería ligera y de los arqueros sarracenos, el constante y paciente asedio con toda clase de artimañas como las que se cuentan acerca de la quema de los rastrojos cercanos al campamento cristiano de forma que debilitara y creara nerviosismo entre las filas enemigas.

Ante este recio acoso la única solución que parecía lógicamente viable era atacar al enemigo lo antes posible y de frente y terminar con los constantes asaltos que lo único que hacían era debilitar aún más el ejército cristiano.

La carga fue liderada por Raimundo de Trípoli y su objetivo fue el sobrino de Saladino, Taqi al-Din; la nefasta actuación de sus tropas hizo que el resto de los efectivos no llegasen a tiempo para socorrerle de forma que se dirigieron a Tiro huyendo de un terrible final.

Por otra parte los infantes cristianos también habían caído en otra trampa ya que tras la escalada de la colina norte con la misión de sorprender al enemigo se encontraron entre un precipicio y las tropas musulmanas; se cuenta que muchos de ellos murieron y que otros tantos no dudaron arrojarse al vacío; y los que más, se rindieron.

La caballería de Saladino remataría la faena lanzándose contra la pequeña resistencia cristiana que moraba al sur del cuerno y donde se encontraba el mismísimo rey.

Tras su ataque, cualquier resistencia cristiana era un mero recuerdo; ahora también tenía en sus manos una de las reliquias más importantes del mundo y de la religión cristiana: la Vera Cruz.

Por lo que hemos podido leer, la victoria de Saladino fue indiscutible; había destruido casi la totalidad de las fuerzas enemigas, había capturado a los principales caudillos, había eliminado a los caballeros de las órdenes religiosas y había arrebatado a los cristianos la Vera Cruz, su más preciada reliquia.

El resultado inmediato de esta batalla fue la definitiva conquista del Reino de Jerusalén por parte de Saladino y el fin de las esperanzas para mantener la zona como un dominio cristiano.

Sí que es cierto que la lucha en las Cruzadas entre cristianos y musulmanes continuarían ya que esta importante derrota cristiana marcaría un hito en la Historia pero no mermaría la guerra que se había iniciada mucho tiempo atrás.

Sabemos que los enclaves costeros cristianos aún se mantendrían durante un siglo más, e incluso Jerusalén volvería a ser, por poco tiempo, ocupada de nuevo entre los años 1228 y 1244.