Historia de los satélites

 

Para acceder a los que hoy conocemos como Era Espacial (período de la historia moderna en el que se le dio un empuje sin precedentes a la exploración física del cosmos) era necesario básicamente el progreso de dos especialidades: el entendimiento del universo y el desarrollo de cohetes.

El desarrollo de los cohetes

El primer evento importante relacionado con el tema de los cohetes ocurrió en 1232, en lo que se conoce como la batalla de Kai-Keng.

Para ese entonces la civilización China ya había descubierto la pólvora y la utilizaba en los fuegos artificiales para sus celebraciones.

Pero en este tiempo, los chinos y los mongoles estaban en guerra unos con otros. Durante el enfrentamiento, el ejército de China repelió a los invasores de Mongolia con un aluvión de “flechas de fuego volando”.

Estas flechas de fuego eran una forma simple de un cohete de combustible sólido. Era básicamente un tubo con pólvora, tapado de un extremo y con una abertura en el otro.

El cilindro se unía a un palo largo. Cuando la pólvora se encendió, el fuego, el humo y el gas escaparon por el extremo abierto, produciendo un gran empuje.

El palo actuó como un sistema de guía simple que mantuvo el cohete volando en una dirección fija.

No está clara la eficacia de estas flechas de fuego voladoras como armas de destrucción, pero sus efectos psicológicos sobre los mongoles deben haber sido formidables.

A partir de este suceso, el uso de cohetes para la guerra se expandió a otras naciones de Asia y Europa. Ubiquémonos ahora en otro momento de la historia, ésta vez relacionado con la exploración del espacio.

La exploración del espacio

Corría el año 1610. El italiano Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo, matemático y físico construyó un telescopio utilizando el recién inventado lente. Con éste, pudo ver el cielo como ningún ser humano lo había contemplado.

En ese tiempo, la Luna y todos los demás cuerpos celestes eran considerados generalmente como luces misteriosas, moradas inalcanzables de dioses y demonios.

Pero Galileo realizó una serie de descubrimientos asombrosos que dejaron claro que la luna era simplemente otro mundo con sus propias características topográficas.

Además, localizó muchas nuevas estrellas, y las cuatro lunas principales de Júpiter.

Galileo publicó estos importantes hallazgos en el libro Sidereus Nuncius(Mensajero Sideral).

Debido a este libro, la fama de Galileo se extendió por toda Italia y el resto de Europa.

Sus telescopios empezaron a tener mucha demanda, y Galileo amablemente se los proporcionaba a los astrónomos de su predilección, incluyendo un especialmente importante contemporáneo suyo llamado Johannes Kepler (1571–1630), astrónomo y matemático alemán.

Antes de 1610, Galileo y Kepler se comunicaban entre sí, aunque nunca se conocieron.

De acuerdo con una anécdota histórica (alrededor de 1610), Kepler se negaba a creer que Júpiter tenía cuatro lunas que se comportaban como un sistema solar en miniatura.

Un telescopio de Galileo de alguna manera llegó a su puerta. Kepler lo utilizó inmediatamente y pudo observar las cuatro grandes lunas de Júpiter a las que describió como satélites, un término que se deriva de la palabra latina satelles que hacía alusión a las personas que escoltan o rodean a una persona poderosa.

Kepler descubrió las tres importantes leyes del movimiento planetario, que describen el comportamiento de todos los satélites a medida que viajan alrededor de sus cuerpos primarios respectivos. Estas leyes, se utilizan ahora ampliamente para describir el movimiento de los satélites artificiales (hechos por el hombre).

En 1611, Kepler mejoró el diseño del telescopio original de Galileo. Antes de   su muerte en 1630, escribió una novela llamada Somnium(El Sueño), la cual trata de la historia de un astrónomo de Islandia que viaja a la Luna.

Mientras que la trama habla de demonios y brujas (que ayudan al héroe  de la historia a alcanzar la superficie de la Luna en un estado de sueño), la descripción de Kepler de la superficie lunar es bastante precisa. Muchos historiadores se refieren a esta obra (publicada después de la muerte de Kepler en 1634) como la primera pieza genuina de ciencia ficción.

Pocos años después, en 1687, el célebre científico inglés Isaac Newton (1642–1727) publicó en su gran obra Philosophiae naturalis principia mathematica (Principios Matemáticos de la Filosofía Natural) la Ley de la Gravitación Universal y sus tres principios del movimiento, que permitía explicar en términos matemáticos precisos el movimiento de casi todos los objetos observados en el universo.

La trama habla de demonios y brujas (que ayudan al héroe  de la historia a alcanzar la superficie de la Luna en un estado de sueño), la descripción de Kepler de la superficie lunar es bastante precisa.

Muchos historiadores se refieren a esta obra (publicada después de la muerte de Kepler en 1634) como la primera pieza genuina de ciencia ficción.

Por primera vez en la historia, los seres humanos podían observar el cielo armados con adecuadas herramientas matemáticas y leyes físicas.

La historia de los satélites en la edad moderna

En 1952, el Consejo Internacional de Uniones Científicas anunció la celebración del Año Geofísico Internacional para 1957, año en el que se le daría un mayor impulso a la investigación científica mundial para explorar la Tierra y su atmósfera.

Los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Soviética, cada uno por su cuenta, prometieron lanzar un satélite en ese año.

Era un período muy tenso. Estaba en pleno desarrollo la Guerra Fría y Dwight D. Eisenhower (1890–1969), presidente de Estados Unidos en ese entonces, no quería distraer a su científico ingeniero en cohetes militares, Wernher von Braun, con el tema del satélite científico, ya que su mayor prioridad era el desarrollo operacional de misiles balísticos capaces de portar armas nucleares.

Además consideró que la fabricación de satélites por parte de la Unión Soviética no suponía una amenaza para la seguridad nacional, por lo que se asignó poca voluntad política para ser el primer país en lanzar un satélite científico.

De hecho, casi ningún analista de inteligencia estadounidense y estratega político pensó que los soviéticos tuvieran la capacidad técnica para llevar a cabo una hazaña de este tipo. Eisenhower apoyó abiertamente un “sin prisas”.

Por otro lado, los oficiales militares y científicos soviéticos estaban consientes de su franca desventaja ante Estados Unidos en materia de tecnología de armas nucleares.

Es por eso que tomaron una decisión estratégica: darle prioridad al desarrollo de cohetes propulsores de gran empuje necesarios para levantar su pesado armamento nuclear.

Esta estrategia resultó ser una ventaja inicial para ellos en lo que tiene que ver con el tema de la exploración espacial.

Los escritos del visionario ruso Tsiolkovsky inspiraron a muchos ingenieros aeroespaciales que le sucedieron, incluyendo el soviético Sergei Korolev (1907–1966).

Como parte de la celebración del Centenario del nacimiento de Tsiolkovsky, Korolev pidió y recibió permiso para usar el poderoso y más antiguo cohete militar de su país (el misil balístico intercontinental R-7) para lanzar un satélite, denominado Sputnik 1 (palabra rusa que significa “acompañante”, o “satélite”, cuando se utiliza en el sentido astronómico).

El permiso fue concedido y el 4 de octubre de 1957, lanzado desde el cosmódromo de Baikonur (actual Kazajistán), el Sputnik 1 fue el primer objeto hecho por humanos en viajar alrededor de la Tierra.

Este suceso histórico fue seguido con gran interés en todo el mundo.

La Era Espacial había comenzado.

El simple artefacto de 83.5 kilogramos (184 libras) era esencialmente una esfera hueca de acero con baterías y un transmisor de radio, a la que se adjuntó cuatro antenas en forma de látigo que iban desde 2.4 a 2.9 metros (7.9 a 9.5 pies) de longitud.

A medida que sobrevolaba la Tierra, el Sputnik 1 proporcionó a los científicos información sobre la atmósfera superior de la Tierra y la población de meteoritos cerca del espacio terrestre.

El satélite volvió a entrar en la atmósfera y se incendió el 4 de Enero de 1958.

Este éxito soviético representó una sorpresa tecnológica y un golpe psicológico sobre Estados Unidos y sus aliados, Además, marcaría el comienzo de la Carrera Espacial entre ambas naciones.

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