El hundimiento del Titanic

hundimiento del Titanic

El Titanic era el barco más bello y lujoso que hubiera existido jamás.

Estaba perfectamente equipado y reunía todos los avances posibles de principios del siglo XX.

La construcción del Titanic había empezado en 1909, en un astillero en la capital del norte de Irlanda.

Era uno de los barcos de la flota que tenía la línea White Line, una compañía de transportación marítima internacional.

Se había realizado con las técnicas más innovadoras del momento y sólo con verlo causaba gran sensación.

Con tanto progreso y perfección reunida en un sólo objeto, la gente de la época estaba plenamente convencida del éxito que iba a tener el susodicho vehículo.

Es más, no fueron pocos, como veremos por desgracia, los que quisieron conocer de cerca sus suntuosas habitaciones, llenas de una riqueza deslumbrante.

Y es que era el primer trasatlántico con doble casco.

Contaba con dieciséis compartimentos/estancos y tres millones de remaches de tres centímetros de grosor.

Su peso era de 42.000 toneladas, medía 300 metros de largo, 30 metros de largo desde la quilla al puente y otros 30 desde el puente hasta el vértice del mástil.

Los hombres más adinerados del momento no se querían perder la aventura.

Tres de los más ricos eran: Benjamín Guggenheim, Isador Strauss, el propietario de las tiendas por departamento de Macy’s y John Jacob Astor, considerado el hombre más rico del planeta.

Las riquezas de éstos, en total, ascendían a más de $ 500, 000, 000 de dólares.

Actualmente, tal cantidad de dinero tendría un valor de once billones de dólares.

La verdad es que el Titanic estaba lleno de gente adinerada.

Su pasaje de primera costaba más de siete millones de las antiguas pesetas.

La verdad es que parecía que valía la pena: gimnasio, squash, jardín, piscina cubierta, baños turcos… todo estaba más que preparado para convertirse en el sueño cumplido de cualquier viajante.

Fecha de la inauguración del viaje del Titanic

El viaje inaugural del Titanic, de Southampton, Gran Bretaña a Nueva York, comenzó el día 10 de abril de 1912.

El 14 de abril el trasatlántico ya había realizado un buen trozo del trayecto, habiendo atravesado la mitad del Atlántico.

Ese mismo día, la radio del California, un barco que pasaba muy próximo al protagonista, informó de una peligrosa noticia: había icebergs muy cerca y había que ir con cuidado.

No obstante esta alerta, el responsable de la dirección que tomaba el Titanic, el capitán E.J Smith hizo caso omiso a dichas palabras, las cuales podrían haber ayudado a salvar multitud de personas.

E.J Smith hizo oídos sordos porque, según se sabe, quería batir un récord y no le interesaba ir demasiado lento.

Aquel fabuloso Trasatlántico estaba hecho para más… Pero la verdad es que ante el verdadero peligro, cualquier medida es poca.

Algunos minutos después de las once de la noche el inmenso iceberg se hallaba a menos de 500 metros del barco.

Se percató de ello el vigía Freed Fleet, que no pudo evitar el grito: ¡Iceberg por la proa! Acto seguido, W.M Murdoch, el primer oficial, dio órdenes de dar marcha atrás y evitar la catástrofe.

Sin embargo, el Titanic ya había ido demasiado lejos y se encontraba en un punto en el que era incapaz de recular para evitar lo inevitable.

Y es que se necesitaban 500 metros para poder girar en tal situación y al menos 1.500 metros para poder parar la enorme maquinaria que estaba en marcha.

Entonces pasó lo que a estas alturas estaba ya más que cantado, los errores eran ya irrevocables.

Un iceberg, demasiado próximo al barco, rozó la proa abriendo una brecha que sería letal.

La chapa del casco se rompe al nivel de la línea de flotación como si de una pieza de vajilla se tratase.

El agua no tarda en llenar los compartimentos donde se guardaban los víveres.

Al poco rato de lo sucedido, los seis primeros compartimentos/estancos se encontraban ya inundados.

En principio, las avanzadas técnicas que se habían usado para construir el vehículo debían impedir tal cosa.

Pero la realidad es que los constructores habían creado los compartimentos abiertos por arriba.

Entonces el agua saltó por encima de las mamparas y ello provocó que la proa se hundiera cuatro metros.

Los compartimentos de tercera estaban hechos un desastre y allí ya no había casi ninguna esperanza de vida.

La proa se encuentra totalmente sobrecargada por el agua, no aguanta un peso tal.

Han ido entrando cerca de tres mil toneladas de agua desde que el iceberg rajó el lujoso trasatlántico abriendo una brecha de cien metros, aproximadamente, que ya no tenía solución.

El agua va pasando de una habitación a otra: 125 toneladas por minuto se desplazan de un lugar a otro.

Esto ocurre a la una y media de la madrugada.

Luego de esto, el Titanic se inclina 45 grados, toda la popa se encuentra ya sumergida y sólo un pequeño trozo de barco, del inmenso vehículo, se puede divisar por encima del agua.

Indudablemente llega el fin.

En este momento, sólo queda el último de los 16 botes salvavidas que había.

Ante este panorama, la cosa ya no puede ir peor, ya que la estructura empieza a doblarse poco a poco.

Son, exactamente, las dos y diez minutos de la madrugada.

Alrededor de las dos de la madrugada salta una noticia bomba, no precisamente por la radio, sino a través de un fatal crujido que anuncia la escisión del trasatlántico en dos partes.

Al cabo de apenas veinte minutos, el gran barco que parecía ser todo poderoso termina en el fondo del mar.

A la catástrofe tan sólo sobrevivieron 705 pasajeros, a los que les costó caro el viaje, en todos los sentidos.

Aunque claro está los que tuvieron peor final fueron los muertos, que fueron numerosos.

Y es que el número total de pasajeros a bordo del Titanic en esta travesía inaugural era de 2201: 885 miembros de la tripulación y 1316 pasajeros.

Los tripulantes eran, todos ellos, adultos.

De éstos, 23 eran mujeres y 862 eran hombres.

Multitud de personas, en definitiva, muertas por una catástrofe que se podía haber evitado.

A lo largo de los años, de pocas embarcaciones se ha hablado tanto como del Titanic.

Incluso se ha llegado a mitificar, tanto el trasatlántico como lo ocurrido y por supuesto, los héroes del suceso que llegaron a salvar vidas.

Ante una leyenda tal, no es de extrañar que en 2005 el Titanic esté todavía de plena actualidad.

Sin ir más lejos, recientemente se hizo una subasta de restos del barco… Por cierto: no os perdáis la película con Kate Winslet i Di Caprio, una forma entretenida de saber un poco lo que pasó.