Iglesia Santa María de Naranco de Oviedo

iglesia de santa maría del naranco

Con una función indefinida, la iglesia de Santa Maria del Naranco es la obra cumbre, en todos los sentidos, del arte ramirense asturiano.

El monte Naranco alcanzó su auge como entorno artístico con el reinado de Ramiro I, quién tras recoger el legado de su predecesor Alfonso II, se consagró a erigir edificios a modo de villas imperiales, en este monte ovetense.

Historia de la iglesia de Santa Maria del Naranco

En primera instancia, parece ser que el rey mandó construir este edificio para ser palacio de ocio y recreo, dentro del bosque que se extendía alrededor, lugar de caza del monarca.

Junto a este palacete alzó un lugar de culto, San Miguel de Lillo.

Parece ser, tal como cuentan las crónicas de historia, que a finales del siglo XIII la iglesia de San Miguel de Lillo, tras un movimiento de tierras sufrió un derrumbamiento en una gran parte de su nave central, por lo que se decidió transformar el edificio palatino en un lugar de liturgia.

Por sus características semejantes y soluciones constructivas, ambas edificaciones se atribuyen a un mismo arquitecto o a la mano del mismo grupo de constructores.

Estos introdujeron motivos decorativos y técnicas constructivas muy originales.

Este edificio quizás formó parte de un conjunto más amplio, cuyo destino sería el de residencia regia, sin embargo funcionó como templo desde el principio del siglo XII hasta que comenzó su restauración en 1929.

Arquitectura de la iglesia de Naranco

Hay que centrarse sobre todo en las soluciones arquitectónicas de San María para cerciorarse de esta originalidad.

El arquitecto, conocido como el del Naranco, levantó este edificio con fines estéticos tal como se deduce de su estructura palaciega con miradores, a modo de villa palladiana.

Mantuvo una rígida estabilidad geométrica, en la que destaca los soportes, los techos y la decoración.

La planta del edificio corresponde a las utilizadas para templos griegos, de forma rectangular, rematado con una cubierta a doble vertiente.

En su aspecto exterior se puede apreciar los cuatro hermosos contrafuertes verticales colocados en los muros más cortos.

Mientras en los largos se adosa una escalera doble exterior y un pórtico con mirador.

El interior se encuentra dividido en dos alturas, aspecto que no es apreciable desde el exterior.

El piso inferior contiene la cámara mayor al centro, con techumbre abovedada con arcos fajones.

Mientras en los laterales se encuentran dos salas menores con cubiertas de madera, de las que una, posiblemente, fue utilizada como baño por la presencia de una pila aún conservada.

El piso superior tiene la misma distribución contando con una sala grande y dos miradores.

Uno de los cuales fue transformado en capilla para la iglesia, tal como deducimos de la inscripción situada en la mesa de altar conservada, instalada allí tras la muerte del monarca, y en la cual se puede leer el nombre con el que se denomina a la iglesia.

Esta piedra de altar se trasladó de la iglesia al Museo Arqueológico de Oviedo para su mejor conservación.

El texto que se puede leer en la pieza es la consagración del altar donde se habla de la devoción a la Virgen y la misericordia de los mecenas de la obra; todos ellos guardan relación con el carácter litúrgico del edificio.

La estancia principal de este piso permite que se vea el sistema utilizado de abovedamiento con cañón corrido, compartimentado por arcos fajones y soportado por una arquería ciega, esta solución usada aquí por el arquitecto esta vinculada a los modelos de termas romanos, pero se convierte en una técnica original dentro del arte ramirense.

En las salas laterales se hallan los miradores, donde se observan las mismas soluciones usadas en la sala principal, pero con una innovación, pues los arcos son de menor tamaño.

En cuanto a su decoración el piso superior es el que acoge el mayor repertorio.

Posee una gran riqueza escultórica en comparación con otros edificios coetáneos a él.

Se compone de cuatro series de capiteles de excepcional manufactura.

A estos se unen sus fustes sogueados, los medallones colocados en las enjutas de los arcos, las placas rectangulares situadas en los lados mayores, y por último las acanaladuras que recorren los perímetros de los arcos.

Centrándonos en los capiteles, las series se dividen del siguiente modo: ocho de orden corintio situados en las ventanas triforas de la fachada occidental y oriental, veinticuatro del mismo orden en la fachada principal y laterales de los miradores, seis variados en el pórtico septentrional y finalmente veintiocho troncopiramidales facetados en el interior de la sala y en los interiores de los miradores.

Estos últimos son los más originales y en ellos se pueden apreciar figuras zoomorfas de felinos afrontados y de cánidos unidos por los cuartos traseros.

En sus esquinas se han representado figuras humanas de frente, ataviadas con mantos largos y apoyadas sobre bastones.

La decoración de los medallones, corresponde a una de las manifestaciones en relieve más novedosas del altomedievo asturiano.

Compuestos por una corona circular decorada con tallos vegetales, del que surgen a veces racimos de uva picoteados por pájaros; mientras en su interior se encuentran series de motivos derivados de sellos y de monedas paleobizantinas y paleoislámicas, con detalles que recuerdan la escritura árabe.

Estas últimas series enmarcan representaciones de animales, como felinos, gallos, cisnes, o animales de tipo mitológico como la quimera.

Las placas rectangulares situadas bajo las ménsulas de apoyo de los arcos fajones de la bóveda, tienen un perímetro sogueado y un cuerpo interior divido en dos secciones.

En la superior, se puede observar personajes frontales con larga túnica, que alzan los brazos y sostienen un objeto sobre sus cabezas.

Iconografía hispana

Estos corresponden a los profetas según la iconografía hispana; mientras que la sección inferior se hallan jinetes afrontados, cuyo significado tiene un trasfondo aún sin identificar.

Aunque vemos un programa iconográfico esplendido y una concepción espacial original, no se relaciona con ningún estilo predeterminado, ni común a la zona; así mismo no se corresponde con las construcciones de uso litúrgico conocidas y tampoco con ninguna de carácter civil.

Es posible, que los detalles eucarísticos contengan referencias al mundo divino relacionado con el supuesto destino religioso como capilla privada del monarca.

Destaca el edificio en general, por su equilibrio en proporciones, su armonía decorativa y sus trazas originales.

No se encuentra ninguna otra obra de trazas semejantes, exceptuando algunos detalles de la iglesia Santa Cristina de Lena.

Por ello debemos pensar, que debió ser obra de un gran profesional que se encontraba de paso por la región.

Esta coincidencia permitió, que dicho arquitecto consiguiera alzar lo que hoy es una de las obras maestras de la arquitectura española.

El resultado en conjunto, de este edificio realizado por entero en sillarejo, material común a las obras asturianas de este siglo, es el de una construcción bella, elegante, esbelta, de proporciones perfectas que nos muestra un exterior sobrio pero hermoso, marcado por sus contrafuertes, miradores y vanos triforos.

Cobijando un interior de austeridad decorativa pero que nos permite vislumbrar la grandeza de su autor a la hora de lograr la belleza a través de recursos sencillos pero acertados.

En diciembre de 1985 la UNESCO decidió que esta obra pasase a formar parte del patrimonio de la humanidad, siguiendo un adecuado criterio de selección.

Por un lado consideró que era una obra fruto del mejor genio humano, que a su vez aportaba valores avanzados dentro del ámbito artístico y cultural dentro de su época; y finalmente, por representar el avance humano y simbolizar en si misma un periodo de carácter histórico.

Es en resumen, un edificio significativo no sólo dentro del arte ramirense o asturiano, sino fundamental para la historia artística de España.

Como edificio prerrománico debemos mencionar que guarda en sus muros todas las concepciones necesarias para dar el gran salto al posterior románico.