El imperio Mongol (ss. XII y XIII): Gengis Kan y la organización de un pueblo nómada

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Desde la Península de Corea hasta el río Danubio, incluyendo China, Irán, Irak y los países de Asia Central y Asia Menor, con una extensión de 36 millones de km, el sueño de un hombre, Temudjin o Gengis Kan, se cumplió únicamente logrando reunificar las tribus nómadas mongolas y creando un gran imperio.

Biografía de Gengis Kan

En 1206, un guerrero llamado Temudjin es proclamado Jan o Kan.

Sus proezas guerreras, sus dotes de mando militar y la integración de la vida nómada en sus escarceos territoriales, le llevaron a conseguir un papel destacado en la historia, siendo el poseedor de uno de los imperios más grandes de la historia.

Su ejército, el mejor en los ss.XII y XIII, no se basó en el número de soldados sino en la agilidad, precisión y efectividad, tanto de sus caballos como de sus hombres y, en el manejo de un arma, el arco, entre otras innovaciones técnicas que, por un largo periodo de tiempo, les hicieron imbatibles.

La organización militar mongola

La organización militar mongola llevada a cabo por Gengis Kan se basaba en la distribución de soldados por el sistema decimal y la separación de los miembros de la misma tribu a fin de evitar conflictos y conexiones tribales.

Según este novedoso sistema militar, los soldados se organizaban en arban (10 hombres), jaghun (100 hombres), mingghan (1000 hombres) y tumen (10000 hombres).

Los líderes de cada grupo recibían el nombre de Noyan, y la liga de 2 ó 5 tumen, daba lugar a la hordu u horda.

La disciplina, como en cualquier ámbito militar, era dura, de tal manera que las infracciones no se libraban de castigo.

Por otra parte al ser un pueblo nómada, los soldados eran acompañados por sus familias durante las grandes campañas; esto involucraba a todo el grupo tanto en la lucha como en la defensa.

La diferencia con los grandes ejércitos europeos era evidente.

Frente a los entrenamientos occidentales, basados solamente en quién poseía la categoría social de caballero, y ataviados de grandes armaduras y caballos fuertes, para soportar la gran carga tanto de las vestimentas o protecciones como de las pesadas armas, los mongoles vivían continuamente entrenando.

Como juego o como aprovisionamiento de víveres, uno de los mejores adiestramientos consistía en, anualmente, practicar el arte de la caza en las estepas.

Formados en círculo, los jinetes mongoles dirigían a todo tipo presas hacia el centro de dicho círculo, donde, después de recibir la orden de su comandante, se comenzaba la caza propiamente dicha.

La disciplina formaba igualmente parte del juego, ya que si uno de los jinetes mataba una de las piezas antes de tiempo, era castigado.

Otra gran diferencia con los ejércitos europeos eran las armas.

Los mongoles eran tan hábiles con los arcos y las flechas que podían atravesar cualquier armadura occidental.

Igualmente, la pesadez de corazas occidentales les hacía ser presa fácil de las armas mongolas, sobre todo, cuando se mataba a sus caballos provocando la indefensión de dichos caballero.

Las armaduras ligeras junto con camisas de seda blanca, de gran utilidad para sacar las flechas, hacían ágiles y rápidos a los ejércitos de Gengis Kan.

De igual relevancia, no podemos olvidar los estribos, que si bien fue o un invento de los hunos o bien un invento chino, facilitaban la montura del caballo a la vez que se podía disparar sin necesidad de asir las riendas del caballo para dirigirlo.

La filosofía miliar distaba mucho de la visión romántica de los caballeros medievales.

Se basaban en unas campañas prácticas y estratégicamente preparadas tanto por el Kan como por sus generales, acumulando mediante un gran sistema de inteligencia, toda la información necesaria sobre sus oponentes.

Llevaban a cabo, entre otras tácticas militares, la retirada fingida y la guerra psicológica.

La retirada fingida consistía en que en medio de la lucha, una o más destacamentos, huían deliberadamente del campo de batalla.

El rival, al observar dicho repliegue, consideraba que había llegado la victoria disponiéndose a perseguirlos.

Aprovechando esta situación, los mongoles les dirigían hacia donde querían para acorralarlos y una vez que tenían al enemigo, procedían a disparar sus certeras flechas.

Con ello, lograban evitar la lucha cuerpo a cuerpo y combatir con la habilidad entrenada de sus arcos y flechas.

Por otro lado, la guerra psicológica, fue empleada por Gengis Kan, como medio de atemorizar al adversario, creando una atmósfera de miedo que impidiera al enemigo preparar adecuadamente la lucha.

Antes de comenzar la invasión de un pueblo, Gengis Kan le daba la oportunidad de pasar a la condición de vasallaje, rindiéndose y pagando un tributo.

Si esta propuesta era rechazada, los mongoles procedían a la aniquilación total, apoderándose de los ingenieros a quienes incorporaba a su ejército.

La habilidad militar de este pueblo no se queda exclusivamente en estas dos tácticas.

La gran preparación para la guerra se observa no sólo en la red de inteligencia que infiltraban en los diversos ámbitos que estaba dispuestos a conquistar, sino que, en el mismo campo de batalla y a través de mensajes por medio de banderas, se ejecutaban las órdenes del alto mando.

Eran capaces de cambiar el curso de un río e impedir, en los asedios, la llegada de víveres.

Bien abastecidos por medio de caballos que transportaban infinidad de flechas, la utilización de escudos humanos o la persecución de los líderes enemigos hasta su total exterminio, y en muchas ocasiones no tener piedad, como lanzar animales vivos prendidos en llamas, o no despreciar en su alimentación la carne humana, hicieron que durante un gran periodo de tiempo sus tácticas, estrategias y organización militar les hicieran invencibles.

Fue Hungría, concretamente el rey Béla IV, el que descubrió que la única manera de frenar a estos hábiles jinetes eran los castillos o fortificaciones, inexistentes o de escasa entidad hasta entonces en Asia.

La Yasa

En el plano legislativo, los mongoles tenían un código, la Yasa, que agrupaba las distintas tradiciones, pensamientos o procedimientos de buen gobierno.

El código, entre otras curiosidades, exoneraba del pago de impuestos a los médicos, se permitía la tortura y, únicamente, los rollos que contenían la Yasa podían ser vistos por el Kan.

En cuanto a la religión, existía una gran diversidad de creencias correspondiente a la disparidad de etnias y tribus.

En un principio, con Gengis Kan, existía una tolerancia limitada hacia la libertad de culto.

Sin embargo, la influencia de la Ruta de la Seda, punto de confluencia en el tráfico de ideas, religiones y filosofía, de formas de vida, justificó la libertad de culto, e incluso eximió del pago de tributos a los sacerdotes.

La principal religión será el lamaísmo o budismo tibetano (de hecho el vocablo Dalai Lama es de origen mongol) aunque también llegó el cristianismo, el chamanismo, siendo ésta la religión tradicional del pueblo mongol, y el hinduismo.

La muerte de Gengis Kan en 1227, el imperio se dividió en cuatro confederaciones de tribus cuyo mando lo ostentaba cada uno de los cuatro hijos de Gengis Kan.

Sin embargo, en 1229, su tercer hijo Ogodei, será elegido como Gran Kan, continuando con la expansión del imperio, conquistando entre otras poblaciones, Irán, Georgia, la gran Armenia.

En 1246 y hasta 1251 accede al título de Gran Kan, Guyuk, nieto de Gengis Kan, y que frenaría la gran expansión mongola aunque no del todo, ya que se saqueo Bagdad y el sur de China sería conquistado.

En 1260, se producirá la división definitiva del imperio mongol hasta su desintegración, formándose la Horda de Oro (sur de Rusia), el Khanato de Irán, el Yagathai en Asia Central y el Imperio Chino.

La sedentarización, la pólvora y las armas de fuego sepultaron la manera de hacer la guerra de los mongoles.

Igualmente la orografía no esteparia, les dificultó y frenó las nuevas conquistas.

El imperio se diluía y se transformaba

Finalmente, en 1921, Mongolia se declaró independiente de China; paradójicamente seiscientos cuarenta y dos años atrás, los mongoles sometían a China, instaurando la Dinastía de los Yuan.

En 1924, Mongolia se declaró como un país proclamando la República Popular Socialista gracias a la intervención de Rusia.

Con la caída del comunismo, en 1992, Mongolia celebró sus primeras elecciones multipartidistas y aprobó una constitución que junto a la liberación económica, inició el proceso para regir su propio destino.