Los inventos de la electricidad que más han cambiado a la humanidad

inventos de la electricidad

Debemos entender que la electricidad en sí no es un invento sino más bien un fenómeno natural, lo cierto es que quizás sí que podamos atribuir el calificativo de “invento” al hecho de adiestrarla a partir de la labor de estos “forjadores”.

A estas personas debemos la elaboración de la historia de la electricidad; las cuales, con su reflexión y duro trabajo, han ido moldeándola y adaptándola a cada una de las necesidades de nuestra vida.

Entre estos estudiosos debemos destacar al filósofo griego Tales de Mileto a quien se le ha considerado como “padre de la energía” ya que fue la primera persona que intuyó su existencia.

Si estudiamos con mayor detenimiento el término “electricidad” comprobaremos que su raíz deriva del griego “elektron” y cuyo significado es “ámbar”.

El propio Tales de Mileto, en el 600 a.C., sería el descubridor del hecho de que, frotando una varilla de ámbar con un paño, aquélla atraía pequeños objetos como cabellos, plumas, etc.

El efecto de dicha frotación era que la varilla se electrizaba.

Lo cierto es que no todas las materias poseen la propiedad de cargarse de electricidad y, aunque lo hagan, pueden llegar a comportarse de distintas maneras.

La botella de Leyden

Es curioso el hecho de que uno de los primeros artefactos “eléctricos” resultó ser la famosa botella de Leyden, algo así como un condensador y medidor de cargas.

El uso de esta botella no era de gran utilidad ya que, en dicha época, nadie entendía de electricidad y lo único que hacían era emplearla como mero juguete.

El hecho de que algunos inventores sospecharan que en esa botella había algo más que un mero divertimento conllevó a una impresionante conclusión, que la electricidad era una fuente de energía; a partir de este mismo concepto se elaborarían los principios de la misma.

Paso a paso, invento tras invento, estas personas fueron acercándonos aún más al conocimiento y uso de la electricidad en beneficio propio hasta lograr introducirla en nuestra vida cotidiana y emplear sus principios en inventos tan primordiales en la actualidad como son nuestros electrodomésticos.

Las brújulas de navegación

En esta sinopsis del origen del teléfono debemos destacar al lector la enorme relevancia atribuida al estudio elaborado en torno a la electrostática y al magnetismo.

A comienzos del siglo XVIII, y bajo los designios de la reina inglesa Isabel I de Inglaterra, el investigador William Gilbert ofreció sus conocimientos al estudio de los imanes con el objetivo de mejorar la exactitud con las que se pretendían emplear en las brújulas de navegación.

De la mano de sus hallazgos se formularían los fundamentos de la brújulas de navegación y Magnetismo.

Tras este impresionante descubrimiento otro hombre, el físico alemán Otto von Guericke, se atribuiría (y con razón) la creación de la primera máquina electrostática que consistía en una esfera de azufre torneada con una manija a través de la cual se podía conseguir descargas al posar la mano sobre la esfera.

Una vez logrado este fenómeno era necesario dominarlo a través de un conducto, gracias a la fatigosa labor de Stephen Gray se pudo transmitir la electricidad a través de un conductor contribuyendo a la sucesión de otros experimentos también relacionados con las formas de transmisión de la electricidad, como es el hallazgo de gran relevancia fundamentado en el hecho de que dicho conducto tenia que estar aislado de tierra.

Con posterioridad, fueron los científicos G.Wheler y J Godfrey quienes efectuarían la clasificación de los materiales en eléctricamente conductores y aislantes.

El primero en identificar la existencia de dos tipos de cargas eléctricas ( la positiva y la negativa o la carga vitria y la carga resinosa) fue el señor Charles Francois de Cisternay Du Fay; a través de sus interesantes estudios el inventor manifestaba que “al frotar con un paño de seda el vidrio logra una carga positiva y si se frota con una piel algunas sustancias resinosas (ámbar o goma) que producirá la carga negativa”.

No muchos años después el honorable señor Benjamín Franklin explicaría, a través de sus investigaciones sobre los fenómenos eléctricos y amparado en las revolucionarias teorías hasta ahora enunciadas por otros colegas, la naturaleza eléctrica de los rayos.

Su ardua labor fue tan productiva que incluso llegaría a desarrollar una conjetura a partir de la cual advertía que la electricidad es, en realidad, “un fluido que existe en la materia y cuyo flujo se debe al exceso o defecto del mismo en ella”.

Entre sus grandes inventos nos quedamos con el pararrayos y las lentes bifocales.

A mediados del siglo XVIII, el químico Joseph Priestley (1766) formula la teoría de que “la fuerza que se ejerce entre las cargas eléctricas varía inversamente proporcional a la distancia que la separan”.

Es mediante este complicado enunciado como el químico pretendía demostrar que “la carga eléctrica se distribuye uniformemente en la superficie de una esfera hueca y que, en el interior de la misma, no hay un campo eléctrico, ni una fuerza eléctrica”.

Al igual que muchos otros inventores, también le debemos a su curiosidad, el descubrimiento del oxígeno.

A las puertas del siglo XIX, el mundo se encuentra en una denotada situación marcada por la incertidumbre y agotamiento, esperanzados en el hallazgo de la tan ansiada solución que procure un cambio: la Revolución Industrial (1760), la Revolución Norteamericana (1775) y la Revolución Francesa (1789) se harán partícipes de hacer realidad este deseo.

La balanza de torsión

El señor Charles Agustín de Coulomb sería uno de los ingeniosos que nos deleitaría con otro invento de gran importancia en el estudio de la electricidad y de su aplicación en la vida cotidiana; el descubrimiento de la balanza de torsión con la cual se podía medir con mayor exactitud la fuerza entre las cargas eléctricas, corroboraba que “dicha fuerza era proporcional al producto de las cargas individuales e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa”.

Luigi Galván y su análisis sobre las corrientes nerviosas-eléctricas aplicadas en las ancas de rana (lo que el propio investigador tildó de Electricidad animal) se convierte en la inspiración para fundamentar el trabajo de otro ingenioso, el señor Alessandro Volta a quien se le atribuye la construcción de la primera celda electrostática, una batería capaz de producir corriente eléctrica: la pila y la lámpara de seguridad para los mineros.

El electromagnetismo

El científico Danés Hans Christian Oersted descubre el electromagnetismo.

El crucial descubrimiento más bien se debió a la fortuna pero el hecho de que la aguja de la brújula colocada accidentalmente cerca de un cable energizado por una pila voltaica se moviera, puso en evidencia la relación existente entre la electricidad y el magnetismo, entre la corriente eléctrica y la potencia, un hallazgo de suma importancia para inventos posteriores.

Dos franceses, Jean-Baptiste Biot y Felix Savart, enunciaron la ley de Biot-Savart mediante la cual era posible elaborar un cálculo de la fuerza que ejerce un campo magnético sobre una carga eléctrica pudiendo, así, definir la intensidad del campo magnético producido por una corriente eléctrica.

Años más tarde, el inglés William Sturgeon construye el primer electroimán.

Los principios de la electrodinámica sufren un denotado progreso de la mano de Andre-Marie Ampere quien llega a la conclusión de que la Fuerza Electromotriz es producto de dos efectos: la tensión eléctrica y la corriente eléctrica y del hecho de que éstos se atraen si las corrientes fluyen en la misma dirección y se repelen cuando fluyen en contra.

Con eruditos como Michael Faraday la historia de la electricidad sufrió un paso fundamental al establecer que “el magnetismo produce electricidad a través del movimiento”.

Había nacido el electromagnetismo y los inventores intentaron utilizar dichos descubrimientos para ampliar la posibilidad de lograr metas tan alcanzables e inimaginables como era el emitir mensajes por largas distancias.

El telégrafo

Uno de los inventos antecesor del teléfono lo encontramos en el telégrafo concebido a partir de la idea de un simple circuito electromagnético para transmitir información por el señor Samuel F.B.Morse.

Gracias a la electricidad, los telegramas dejarían de lado el clásico y arcaico sistema de las palomas mensajeras.

James Clerk Maxwell, matemático inglés, formuló las cuatros ecuaciones que sirven de fundamento de la teoría Electromagnética y dedujo que la Luz es una onda electromagnética, y que la energía se transmite por ondas electromagnéticas a la velocidad de la Luz.

Todo este largo proceso culminaría en 1876 cuando el cúmulo de conocimientos era vertiginoso.

Hasta la fecha, la comunicación se había logrado a partir de hilos y cables que conducían la electricidad desde una punta a otra del continente, existían lugares como el océano que aún no se habían enmendado la necesidad de transmitir mensajes.

La respuesta se encontró en las ondas electromagnéticas y la posterior invención de la telegrafía sin hilos a través de las ondas daría rienda a un artefacto capaz de enviar y recibir dichos mensajes: la radio.

Pero quizás sea el sonado error protagonizado por el físico e inventor de origen escocés, Alexander Graham Bell, quien revolucionaría honestamente las comunicaciones.

Es sabido que el señor Bell, tratando de perfeccionar el telégrafo, descubrió por pura casualidad lo que más tarde pasaría a denominar Teléfono.

El teléfono

El inmenso paso que dicha quimera dio a la comunicación humana se basó en todos aquellos principios que se habían forjado en siglos anteriores sobre los enunciados elaborados a partir de los fenómenos eléctricos y magnéticos.

La idea era que cada teléfono tuviese un par de cables de cobre que iban de casa a casa hasta una central en el medio de la ciudad.

Habría un operador de interruptores sentado frente a un tablero con una conexión para cada par de cables que entraban a la central.

Cada interruptor tenía encima una pequeña luz y una gran batería proporcionaba corriente por medio de una resistencia para cada par de cables.

Cuando alguien contestaba el teléfono, el interruptor completaba el circuito y dejaba que la corriente fluyera por los cables entre la casa y la central.

Al encenderse la luz encima de la conexión para esa persona en el tablero, el operador conectaba su teléfono con el del emisor preguntándole con quien deseaba hablar.

El operador enviaba una señal de timbre hacia el receptor y se esperaba a que la otra persona contestara.

Una vez que el receptor contestaba, el operador no hacía más que conectar a las dos personas.

En un sistema telefónico moderno, el operador ha sido reemplazado por un interruptor electrónico y cuando se levanta el teléfono, el interruptor “se da cuenta” de la completación de un circuito ejecutando un tono de marcado para saber que es posible llamar.

El día 14 de febrero de 1876, Alexander Graham Bell solicitaría en EEUU una patente para un artefacto capaz de hacer audible el sonido a larga distancia, un teléfono electromagnético que competiría con el similar invento de Elisha Gray.

La demostración de que el teléfono de Bell era superior hizo que la paternidad del invento cayese en este último.

El boom de estos estudios provocaría un notable progreso del electromagnetismo durante el siglo XIX asentándose las bases para el uso práctico de la telefonía hasta llegar a los hogares y a uno aparatos diminutos: la telefonía móvil.