La ilustración: La razón y la experiencia

La ilustración

La Ilustración es un gran movimiento que domina el panorama intelectual de la Europa del siglo XVIII.

Surge a partir de un cambio generalizado de mentalidad que tiene su origen en Inglaterra y tiene como principales pilares la razón y la experiencia como las vías fundamentales de conocimiento.

Para algunos de estos ilustrados, como Voltaire, el ejercicio de la razón derivó en una clara impugnación de todo lo relacionado con lo sobrenatural, en definitiva de muchas creencias cristianas.

La corriente habitual de este periodo fue deísta (admitía una religión natural o filosófica) aunque había algunos ateos reconocidos.

También hubo cristianos que defendieron la posibilidad ilustrada de la razón, aceptando al mismo tiempo que la razón humana tiene sus límites.

Además de la razón ocupan un lugar destacado la naturaleza, que remplaza en parte a Dios y que aparece además como algo real e ideal; la tolerancia, con la intención de respetar todas las opiniones y acabar con las persecuciones de otros tiempos; el progreso, con la vista puesta en una edad de oro futura y no pasada, siempre con una intención positiva; y la civilización, concepto aparecido en la Francia de 1760 y que se fue extendiendo como conjunto más o menos ilustrado de conocimientos, valores culturales, nivel tecnológico etc.

Todas estas ideas del momento configuraron un sistema de valores donde predominaba la razón y el utilitarismo, heredado más de Bacon y de Locke que del propio Descartes.

En cualquier caso la visión ilustrada que se tenía era buena parte deudora de la cristiana en el sentido de la concepción universalista del hombre.

Momento histórico de La Ilustración

De forma cronológica la Ilustración ocupa la segunda mitad del siglo XVIII, entre la publicación de “Espíritu de las leyes” de Montesquieu en 1748 y la aparición del movimiento literario alemán Sturm und Drang (tormenta y empuje) y el libro de Herder “Otra filosofía de la historia para la educación de la humanidad” en 1774.

Además puede apreciarse de forma clara cómo las ideas ilustradas avanzan en Europa de norte a sur y de oeste a este.

Los primeros países que primero se apuntaron a esta tendencia fueron Inglaterra, Francia y Holanda, y después lo hicieron Alemania, Italia y España.

De este modo el principal centro de innovación cultural se trasladó de las ciudades italianas del renacimiento al triángulo noratlántico de Londres-París-Amsterdam.

La Ilustración fue un movimiento occidental que incluso llegó a zonas americanas.

Sus ideas calaron en las élites urbanas de nobles y notables del tercer estado, es decir, comerciantes, financieros, funcionarios, y trabajadores de profesiones liberales como médicos y abogados.

Hombres y obras importantes de La Ilustración

Por poner algunos ejemplos de hombres importantes de la época, Gibbon y Montesquieu eran aristócratas, Rousseau un plebeyo de origen menestral, Helvetius un financiero y Voltaire un burgués ennoblecido.

La Enciclopedia “Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers”, 1751, dirigida por D´Alembert y Diderot fue la empresa intelectual emblemática de la mentalidad ilustrada de la última parte del siglo XVIII.

Se trataba de la síntesis más completa de conocimientos y un vehículo muy potente de difusión de nuevas ideas.

Para su redacción colaboraron unas 130 personas, entre ellos Voltaire (que escribió artículos históricos), Rousseau (sobre música), Bufón (acerca de las ciencias naturales), Qesnay y Turgot (sobre cuestiones económicas), etc.

Los volúmenes fueron apareciendo poco a poco, con algunas interrupciones debido a ciertas prohibiciones de las autoridades.

En el año 1765 se terminaron sus diecisiete volúmenes y en 1972 ya estaban acabados los once grabados planeados.

La Enciclopedia tuvo una rápida difusión por Europa y su éxito fue rápidamente muy importante donde se tradujo a varios idiomas, aunque en la parte central del continente no tuvo una buena acogida.

Bien es cierto que es difícil calibrar su influencia real, incluso en Francia, ya que su suscripción no quería decir que se compartiera al cien por cien su filosofía, teniendo en cuenta que la compra de libros estaba presidida por el eclecticismo.

La historia ilustrada quiere ser netamente filosófica y propone descubrir causas y leyes generales, ya sean de índole moral o física.

Se pretende hacer de la historia casi una física social para lo que se necesita abarcar temas muy amplios: el inglés Gibbon elige a Roma, Voltaire la historia universal desde la época de Carlomagno o el siglo de Luis XIV y el escocés Robertson escoge para sus estudios la Europa medieval y la formación del periodo moderno.

En general los ilustrados no eran revolucionarios, sino reformistas.

No se oponían a la monarquía pero sí querían acabar con el absolutismo del Antiguo Régimen.

Pretendían limitar el poder real (al estilo inglés) para afirmar las libertades individuales, o por lo menos que los monarcas utilizaran su posición privilegiada para defender la cultura y el bien del pueblo.

La educación sería fundamental para acabar con la incultura de la población y su embrutecimiento.

En cuanto a la artes la Ilustración lleva a cabo un proceso claro de moralización, rechazando el estilo Rococó, que es considerado demasiado frívolo a la vez que decadente.

En su lugar se presenta el Neoclasicismo como un movimiento más homogéneo, con la intención de restaurar el arte antiguo.

Es un momento donde aparecen las Academias como lugares ya de aprendizaje y donde el artista ya no es un simple artesano, e incluso muchos estudiantes viajan a Italia a completar su formación.

En todas las manifestaciones artísticas se aprecia la necesidad de volver al periodo clásico ya que en él estaba la vuelta a la naturaleza.

Se producen hallazgos fundamentales como el descubrimiento de dos ciudades sepultadas por el Vesubio, Pompeya y Herculano, y artistas como Joachim Winckelmann, gran admirador de la cultura griega y detractor del rococó, ensalza la obra de arte como un producto histórico que es necesario imitar.

Para él la belleza como tal hay que buscarla en el arte griego por su forma de entender la sencillez y las pasiones humanas.

Todo el entusiasmo de Winckelmann lo oscurece Piranesi, que trabajó en Roma en sus “Cárceles Inventadas”, grabados magníficos, espectaculares donde juega con las luces, las sombras e imágenes impactantes para provocar una reacción en el espectador.