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La odisea de volver sana y salva a casa

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320 mujeres asesinadas. Desaparecidas, 4800. Y todo ello en una sola década: la que va de 1993 hasta 2013.Y todo ello en una sola población mexicana: Ciudad Juárez.

Los cuerpos que se han encontrado indican que, antes de acabar con sus vidas, las víctimas sufrieron violaciones, amputaciones y torturas. ¿Qué está ocurriendo en esta parte del mundo para que la mujer sea objeto de exterminio? ¿Qué factores actúan en su contra?

Ciudad de Juárez violencia machista

A lo largo de estos diez años se ha hablado de prostitución, de narcotráfico, de ritos satánicos, de violencia machista, de videos sado-pornográficos, e incluso se ha especulado con la existencia de grupos dedicados al tráfico de órganos.

La indiferencia de las autoridades locales y estatales ante este torrente de crímenes y desapariciones ha motivado una reacción a escala mundial en demanda de protección a la mujer y de esclarecimiento de unos hechos, inexplicables para cualquier razonamiento lógico.

Ciudad Juárez es una próspera población mexicana situada en el estado de Chihuahua, al norte del país. El río Bravo cruza estas tierras pero permite el paso a través de un puente. En la otra orilla se halla El Paso, ciudad perteneciente a Texas, EE UU.

La vecindad con el país más poderoso del mundo convierte a Ciudad Juárez en una población próspera.

En ella se instalan algunas industrias de montaje estadounidenses con el propósito de abaratar costes e incrementar sus beneficios. hay una amplia oferta de puestos de trabajo y en su búsqueda acuden hombres y mujeres de cualquier parte de México.

Para estas últimas, sobre todo, la obtención de un puesto de trabajo representa el acceso a la autonomía personal, en una sociedad tan paternalista como la azteca.

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Pero la libertad conseguida puede tener un alto precio. La tradicional cultura machista reacciona con violencia ante la tentativa de la mujer por mostrarse independiente.

En Ciudad Juárez la mujer es especialmente vulnerable. Allí trabaja; allí vive sola, en muchos casos.

Aunque la valiente incursión de la mujer en formas de vida más modernas no representa, en sí misma, la causa de las muertes y desapariciones. Para Irene Khan, Secretaria General de Amnistía Internacional, existe un dato que produce pavor: “La pista principal de estos crímenes -dice- es que se mata a mujeres por el simple hecho de serlo; además de tratarse de mujeres humildes, sin familia cerca, habitantes de zonas marginadas”.

¿A qué obedece, pues, esta misoginia acendrada? ¿Acaso amenaza la mujer la preeminencia del varón en la sociedad mexicana?.

El investigador Alfredo Limas habla de “insalubridad mental” y de “una aguda obsesión por el agravio” de ciertos sectores machistas.

Muchas de estas mujeres huyen de una violencia intrafamiliar y se encuentran con una violencia social que acaba con sus vidas. En México, tres de cada diez mujeres reciben malos tratos físicos en sus propios hogares. En ciudad Juárez estas cifras aumentan y se sitúan en cinco de cada diez.

Es indudable que los ánimos varoniles se muestran más exacerbados en una población en donde las posibilidades de independencia para la mujer son mayores.

Que la visceralidad está presente en los asesinatos lo demuestra el hecho de que los cadáveres aparezcan con signos de ensañamiento, mutilaciones y estrangulamientos.

Una de las cosas que más impresiona en todo este asunto es la indiferencia que han mostrado las autoridades locales y de la nación. Y su pasividad a la hora de actuar.

Irene Khan ha sido contundente en sus declaraciones, realizadas en el año 2003: “… el Gobierno ni siquiera tiene información clara de las cifras y de lo que ha sucedido.

No ha abierto las investigaciones criminales; las madres a mí me comentaron de la falta de interés a la que se enfrentaban cuando iban a denunciar el hecho de que sus hijas habían desaparecido.

Las investigaciones han sido mal manejadas. Es una letanía de violaciones que ha cometido el Gobierno y que deben ser corregidas”.

Ante tales acusaciones, el Gobernador de Chihuahua, Patricio Martínez, reaccionó tachando de calumniosas estas declaraciones. Por su parte, el Gobierno Central de Vicente Fox manifestaba la imposibilidad de actuar por respeto a las competencias del estado de Chihuahua.

Pero mientras las autoridades del país se pasaban la patata caliente de tan dramática situación, en el interior y en el exterior del mismo surgían movimientos de protesta y de lucha que reclamaban el esclarecimiento de los hechos y el castigo de los culpables.

El 1 de noviembre del 2003, Día de Difuntos en el mundo latino, se realiza en Washington una procesión de duelo en memoria de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez.

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Esta marcha culminaría en la catedral católica de Saint Matthews, con la celebración de unos actos religiosos.

Por entonces, una investigación encargada por el Instituto Chihuahuense de la Mujer, titulado: “Homicidios de Mujeres: Auditoría periodística”, ponía de manifiesto que las mujeres muertas en la última década habían sido 321, lo cual significaba que las cifras oficiales se deshinchaban en 63 casos.

En febrero del 2004, Amnistía Internacional y Fundación V-Day organizan una marcha que parte de El Paso -Texas- y a la que se unen manifestantes del lado mexicano.

Esta marcha caminará por las calles de Ciudad Juárez, portando lemas en demanda de justicia para las víctimas y peticiones para que se hallen con vida las mujeres desaparecidas. A este acto concurrirán actrices y personalidades de renombre internacional.

Jane Fonda, profundamente impresionada, declarará: “Soy mujer y siento el dolor de esas mujeres como una daga en mi corazón”.

Al lado de Fonda caminaron Sally Field, Christine Lahti y Eve Ensler. Muy cerca de donde se manifestaban, enterradas en las arenas del desierto, se habían hallado en distintas fosas más de un centenar de mujeres asesinadas.

En marzo de ese mismo año, diversas organizaciones sensibilizadas con la situación del estado de Chihuahua crearon el primer Tribunal de Conciencia.

El objetivo de este tribunal era delimitar la responsabilidad de las autoridades y funcionarios no “…sólo por la omisión o negación de justicia, sino por el silencio y la forma en que se ha tolerado esta violencia externa contra las mujeres y las diversas formas de discriminación que enfrentan”.

Estas palabras podían suscribirlas todas las entidades que participaban en el Tribunal de Conciencia: Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, Justicia para Nuestras Hijas, Casa Amiga, y Mujeres de Negro de Chihuahua.

Tanta demanda y acción solidaria tenían que dar sus frutos. Por fin, en ese mismo mes de marzo, el Presidente del Gobierno mexicano en ese momento, Vicente Fox crea una Fiscalía Especial para la Atención de los Delitos Relacionados con los Homicidios de Mujeres en Juárez.

Al frente de la Fiscalía sitúa a María López Urbina. Esta letrada se había distinguido un año antes por solicitar el arresto de 81 funcionarios que no habían mostrado el celo suficiente en las investigaciones.

Pero, sorpresivamente, la Fiscal Especial, tras cinco meses de trabajo dio por resueltas sus tareas en un comunicado realizado por teleconferencia. Anunció que todas las mujeres desaparecidas -4454, cifras oficiales- , excepto 34, habían sido halladas con vida en distintos lugares del país.

También argumentó que los asesinatos -307, cifras oficiales- no constituían un feminicidio, sino que eran producto de homicidios, infanticidios y parricidios.

Estas explicaciones y las cifras manejadas por María López disgustaron a los sectores que habían estado luchando por el esclarecimiento de los hechos.

La Fiscal no había realizado un análisis de las causas, no había puesto su dedo acusador sobre los culpables, no había redimido la memoria de tanta mujer violada, ultrajada, torturada, estrangulada y abandonada bajo las arenas del desierto.

En la actualidad sólo hay un hombre, el egipcio Abdel Latif Sharif Sharif cumpliendo una condena de 30 años por haber dado muerte a una mujer. A la espera de ser juzgado, permanece en prisión José Abraham Ortiz, presunto autor de otro asesinato.

Las manos se encontraban muy vacías para que la Fiscal declarara resuelto el caso. Ester Chávez, directora de Casa Amiga, explotaba de indignación: ¿Por qué lo niega? ¿De qué se trata? ¿ A quién trata de encubrir? Y si no existe evidencia de feminicidio, ¿qué puede decir de las 90 mujeres que responden al patrón de asesinatos seriales?

Hubo tiempo en que cada ocho meses se descubría en el desierto de Chihuahua una fosa común conteniendo no más de ocho cadáveres de mujeres. ¿Era una señal? ¿Era un rito? ¿Era una provocación? ¿Qué tipo de juego satánico era éste? María López ha hecho “su” trabajo.

Pero en Ciudad Juárez, cuando una mujer sale a la calle, aún hoy en día tiene motivos para seguir preguntándose: ¿Regresaré sana y salva a mi casa?.

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