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Los 10 mandamientos para un gazpacho perfecto

gazpacho
Si bien es cierto que admite muchas variaciones, no debemos olvidar su esencia.

Por eso hemos decidido compartir con vosotros nuestros 10 mandamientos para que os quede un gazpacho perfecto:

  • Honrarás al tomate por encima de todas las cosas: debéis recordar que la razón de ser de un buen gazpacho es un buen tomate. Se acabó el “todo vale” tomatero. Si queréis convertiros en unos maestros del gazpacho tenéis que utilizar tomates maduros (mejor si son tomates pera) con un punto dulce. Es lo que marcará la diferencia entre un gazpacho cualquiera y “El Gazpacho”.

 

  • Dejarás macerar los ingredientes el tiempo que sea necesario: una vez hayáis picado todas las verduras y añadido el aceite, el vinagre y la sal, lo ideal es tapar la mezcla y dejar que madure (cuanto más tiempo, mejor). De esta forma, los sabores se potenciarán y quedarán mejor integrados. Además, así los frescos más delicados tendréis la oportunidad de retirar parte de las verduras con tendencia a “repetir” una vez hayan dejado huella en vuestro futuro gazpacho.

 

  • Buscarás la suavidad y la moderación: tenéis que dejar que el verdadero protagonista de la receta, el tomate, domine la partida… ¡no os paséis con el resto de ingredientes! Sí, a nosotros también nos encanta el ajo, pero muchos gazpachos pecan de “cazavampiros”… no permitáis que el vuestro sea uno de ellos. Utilizad una variedad de aceite que no amargue mucho, y el vinagre mejor si es de Jerez.

 

  • Respetarás la tradición buscando tu propio camino. Mientras no olvidéis que el señor de la huerta es la clave del gazpacho y que vuestra misión es mantener la esencia mediterránea, sois libres de experimentar (recordad: ¡moderación!) con otros ingredientes que descubran nuevos matices: sandía (el gazpacho de sandía de Susi es de nuestros favoritos y podéis probarlo en nuestras próximas cestas), frambuesas, fresas, melocotón, albahaca, hierbabuena… Hay todo un universo fresco esperando ser redescubierto para la causa “gazpachera”.

 

  • Neutralizarás el poder “destructivo” del ajo: un truco muy sencillo para que el ajo no repita es quitar el filamento verde que se encuentra en el interior de cada diente. Este pequeño elemento es el responsable de que su sabor se repita hasta el infinito… ¡y podéis neutralizarlo con un solo movimiento de muñeca!

 

  • Darás una oportunidad al gazpacho sin pan: no estamos diciendo que lo desterréis del gazpacho para siempre (¡los Dioses nos libren!), tan solo os aconsejamos probar a espesar la receta con almendras, piñones… El resultado será más ligero, y los frescos celíacos e intolerantes al gluten agradecerán vuestra consideración.

receta de gazpacho

  • No jugarás a Masterchef (no en nombre del gazpacho): lamentamos deciros que no sois Emil ni Mateo (que por cierto, era nuestro favorito), fresc@s. Mucha gente se viene arriba en el momento gazpacho y les da por añadir gambas, aguacate, jalapeños… ¡ERROR! Mejor utilizar unos pocos ingredientes que funcionen: la grandeza del gazpacho está en su sencillez.

 

  • Recordarás que la frescura es sagrada: es la cualidad que más apreciamos en este mundo y, en el gazpacho, todavía más. La frescura define el gazpacho, es la fuente de su poder. Por eso insistimos en la importancia de no abusar de ingredientes que puedan perturbarla… Podéis dar rienda suelta a la imaginación siempre y cuando recordéis que la frescura lo es todo.

 

  • Te despedirás de las pepitas: no hace falta seguir a rajatabla este mandamiento, pero hay quien prefiere no encontrarse pepitas en el gazpacho. Si también es vuestro caso, lo único que tenéis que hacer es colar bien la mezcla después de batir los ingredientes (si sois muy maniáticos, os recomendamos batir el tomate por separado, pasarlo por el colador y añadirlo a la mezcla después).

 

  • No caerás en el barroquismo extremo: si habéis llegado hasta aquí, ya tenéis un gazpacho casi perfecto… ¡no vayáis a estropearlo en el último momento! Ya sabéis que somos fans del contraste de sabores y texturas, pero cuanto más sencilla sea la presentación del gazpacho, mejor lo habréis hecho.

Olvidaos de los excesos decorativos y del horror vacui (hay que ver cómo nos gusta un buen latinismo)… no hay lugar para las cursilerías, no en un gazpacho fresco.

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