Los hongos: Un misterioso reino

 

los hongos

Los hongos forman un reino extraño dentro de los seres vivos.

No son ni animales ni vegetales, y evocan sensaciones un poco fantasmagóricas y tétricas: están asociados a la putrefacción, al veneno, al otoño, a la humedad, a la profundidad de los bosques.

Suelen ser viscosos, pálidos, mortecinos y engañosos. Algunas especies poseen cualidades fuertemente alucinógenas y otras provocan enfermedades terribles en las plantas o en los animales.

El reino de los hongos

Sin embargo, los hongos participan en dos de las alianzas fundamentales que sostienen la vida en la Tierra: con las algas forman los líquenes, que son los primeros colonizadores de los terrenos yermos e inician la descomposición de las rocas para que se forme el suelo del que depende la vida vegetal; y con las raíces de las plantas superiores forman las micorrizas, que son vitales para el establecimiento de matorrales y bosques.

Los hongos son muy hábiles para retener humedad y para absorber minerales y proporcionan estos servicios a los vegetales a cambio de las sustancias alimenticias que producen estos.

Además, los hongos reciclan una parte importante de los residuos de la biosfera, junto a las bacterias.

El mayor ser vivo que se conoce es precisamente un hongo. Cuando vemos una seta, en realidad sólo estamos viendo las estructuras reproductoras del hongo, más o menos el equivalente a la flor de una planta.

El aparato vegetativo del hongo, encargado de asimilar los nutrientes, es el micelio, una densa maraña de filamentos que se sitúa bajo el suelo.

Pues bien, el micelio de Armillariella bulbosa, una especie americana, puede ocupar más de 15 hectáreas, pesar más de 100 toneladas y tener más de 2.000 años de antigüedad.

micelio de Armillariella bulbosa

Definición y concepto del hongo

El concepto “hongo” es un poco ambiguo, porque la diversidad de los organismos que englobamos en él es enorme: incluye los amorfos mixomicetos, que nos recuerdan a los monstruos de ciencia-ficción (masas viscosas que reptan por el suelo y se congregan en grandes cantidades atraídos por un hechizo químico), hongos unicelulares, levaduras, mohos, y los hongos superiores, que son los que asociamos con la típica seta, aunque las estructuras reproductoras pueden presentar una gran diversidad de formas: globosas, estrelladas, en forma de copa, de colmenilla, etc.

Estas formas están en relación con el modo de dispersión de las esporas: muchas especies las dispersan por el viento, otras expulsan nubes de esporas al ser golpeadas por las gotas de agua (los “pedos de lobo, por ejemplo), otras atraen a las moscas con olores fétidos para que las transporten y algunas las disparan activamente, como un hongo del maíz, que genera la mayor aceleración de todo el mundo vivo (supera unas diez veces a la de un rifle).

La reproducción de los hongos

la reproducción de los hongos

La reproducción de los hongos es peculiar y muy enrevesada: aparecen muy diversas formas de propagación asexual y la reproducción sexual puede producirse por fusión de gametos, de órganos productores de gametos enteros o de células indiferenciadas del micelio.

Aparte de los dos sexos, se presentan varios tipos genéticos que determinan que algunas combinaciones de cruces sean compatibles y otras no, lo que en la práctica viene a suponer que hay más de dos sexos.

La alimentación de los hongos

Los hongos se alimentan de casi cualquier cosa: la mayoría se nutren de materia en descomposición, y pueden degradar la madera, los excrementos o todo tipo de alimento almacenado (a veces se detienen una vez que han producido unos intermediarios que no pueden aprovechar y nos proporcionan alimentos como la cerveza, el pan o ciertos quesos).

Bastantes son parásitos de plantas y animales y varios causan enfermedades que pueden ser graves en el ser humano, sobre todo infecciones cutáneas o respiratorias.

Muchos hongos arrasan cosechas enteras y otros invaden con sus filamentos el cuerpo vivo de algunos insectos, del que hacen emerger pequeñas setas.

También hay hongos carnívoros, que matan gusanos estrangulándolos con anillos formados por sus filamentos o que atrapan animales diminutos por medio de sustancias muy pegajosas.

hongos carnívoros

Estas modalidades de alimentación aproximan a los hongos con los animales.

Los hongos no son autosuficientes, como lo son las plantas, para su alimentación.

La clasificación de los hongos

Sin embargo, la mayoría de los hongos son inmóviles, crecen durante toda su vida y tienen una pared celular rígida, al igual que las plantas (pero para complicar las cosas no es de celulosa, sino de quitina, una sustancia que aparece también en el caparazón de insectos y crustáceos).

Las sustancias de reserva son más parecidas a las de animales que a las de plantas, aunque aparecen también sustancias exclusivas.

Cada vez está más claro que los verdaderos hongos (se ha visto que los mixomicetos no tienen apenas nada que ver con ellos) son un linaje diferenciado de plantas y animales, aunque más cercano a estos últimos.

Ambos grupos usan enzimas digestivas para descomponer alimentos, aunque tal vez la diferencia fundamental es que los animales suelen ingerir el alimento antes de descomponerlo y los hongos sólo lo ingieren cuando ya lo han descompuesto.

Esta estrategia conduce a una vida menos activa que la de los animales.

También poseen algunas semejanzas en sus códigos genéticos y sobre todo, los une la presencia de un flagelo liso, sencillo y posterior en sus células, con un modo de anclaje muy peculiar.

Este rasgo es una especie de huella delatora de un estrecho parentesco en un pasado lejano.

Hongos y animales forman el grupo de los opistocontos, situado al mismo nivel de ramificación que las plantas en el árbol de la vida (que es mucho más frondoso de lo que se pensaba: además de plantas y opistocontos, incluye otra gran variedad de criaturas exóticas que no tienen nada que ver ellos: las algas rojas, las algas pardas, y muchos tipos de organismos unicelulares).

Así pues, por raro que nos parezca, los hongos son nuestro grupo hermano.

Micorriza de los hongos

Los hongos, de este modo, ayudan a las plantas a establecerse en suelos pobres (no es casualidad que plantas que colonizan estos suelos, como pinos o brezos, sean muy adictas a las micorrizas) y elevan considerablemente la productividad de la masa vegetal.

Pero su importancia puede haber sido mucho mayor. Quizá hayan permitido que las plantas primitivas colonizaran el medio terrestre.

Se han encontrado abundantes estructuras en las raíces de algunas plantas pioneras de los continentes, hace más de 450 millones de años, que son prácticamente idénticas a ciertos tipos de micorrizas actuales.

La existencia hoy día de simbiosis entre algunos hongos y algas pluricelulares, que permiten a éstas aguantar periodos más prolongados de sequedad entre mareas, abona esta hipótesis.

De la importancia de las micorrizas para la vitalidad vegetal habla el hecho de que aproximadamente un 95% de todas las plantas terrestres, desde los
musgos hasta las plantas con flores más evolucionadas, las presentan.

Sólo contadísimas familias no recurren a los hongos, entre ellas la de los alhelíes y la de los claveles (ellas sabrán por qué).

Las micorrizas se establecen en plantas de todo tipo de hábitos y ambientes, pero esta asociación es especialmente estrecha en las plantas arbóreas de interés forestal (prácticamente todas la presentan).

Por ello es importante micorrizar las plantas en las repoblaciones forestales, sobre todo en suelos degradados. También las micorrizas estimulan la producción agrícola.

Los hongos implicados en las micorrizas pertenecen a varios de los principales grupos de estos seres, e incluyen a los basidiomicetos (los que producen las típicas setas con pie y sombrerillo, y que tienen particular importancia en los bosques) y los ascomicetos (cuyos cuerpos fructíferos tienen variadas formas, frecuentemente de copa o colmenilla).

Los hifas (o filamentos) del hongo son atraídas por sustancias que producen las raíces en crecimiento.

Estas hifas penetran sólo en las capas más externas de la raíz, la epidermis y el córtex. Las micorrizas se clasifican en función del grado de intimidad que llegan a alcanzar con la raíz.

En las ectomicorrizas, el micelio principal del hongo envuelve a las raíces como un manto y proyecta hifas hacia el suelo, para absorber nutrientes y hacia la raíz, que penetran entre las células del córtex.

Los hongos que participan principalmente en las ectomicorrizas son los basidiomicetos, que sólo afectan a un reducido número de especies de plantas, pero muchas de ellas son formadoras de bosques.

Existe poca especificidad en este tipo de relación, de modo que una misma especie de hongo puede relacionarse con varias especies de plantas (también puede darse el caso de que una misma planta establezca relaciones con varias especies de hongos).

Los diferentes tipos de micorrizas existentes

Existen otros varios tipos de micorrizas atendiendo al grado de penetración de las células fúngicas.

Los dos principales son las endomicorrizas, en que las hifas del hongo penetran en el interior de las células del córtex de la raíz, y las ectendomicorrizas, en las que el hongo coloniza la raíz tanto por fuera, formando un manto, como por dentro, ocupando el espacio intracelular del córtex.

Estas relaciones suelen ser más estrechas y específicas, y en ellas suele participar un determinado tipo de planta con un determinado tipo de hongo.

El extremo en el sentido de especialización e interdependencia lo constituyen las micorrizas de orquídeas.

Las semillas de estas plantas son diminutas y no contienen siquiera el alimento necesario para germinar.

Para conseguirlo, se asocian en una fase muy temprana con los filamentos de ciertos hongos, que les aportan carbohidratos y nutrientes minerales.

Estos hongos pueden aportar carbohidratos porque son saprófitos (se alimentan de materia muerta) y pueden digerir la celulosa de la madera.

Cuando la orquídea es capaz de realizar la fotosíntesis, entrega carbohidratos al hongo, pero quizá algunas veces esta compensación es demasiado tacaña o por el contrario demasiado generosa.

El colmo del parasitismo es el caso de las plantas del género Monotropa, que carecen de clorofila.

No sólo no se molestan en fabricar su alimento, sino que ni siquiera se ocupan de robarlo de otras plantas por medio de filamentos puntiagudos, como otras plantas parásitas.

Forman micorrizas con hongos que también las establecen con plantas fotosintéticas y simplemente absorben los azúcares que han conseguido los hongos.

Estos dos casos ilustran el hecho de que en la naturaleza son raras las simbiosis perfectas.

Cada organismo que esté implicado en una simbiosis debe estar alerta para que el otro no se aproveche de él.

Los hongos, por ejemplo, se apresuran en transformar los azúcares que reciben de las plantas en otros compuestos no absorbibles por ellas, para que no tengan la tentación de recuperarlos.

Quizá el mejor ejemplo de equipo coordinado y en armonía sea el de las leguminosas que establecen simbiosis en sus raíces al mismo tiempo con bacterias fijadoras de nitrógeno de la atmósfera y con hongos que son muy eficaces absorbiendo el fósforo del suelo.

La enzima clave en la fijación de nitrógeno, la nitrogenasa, necesita un aporte constante de fosfatos. De este modo, las leguminosas están entre las plantas preferidas para repoblar suelos pobres en nutrientes minerales.

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