Mary Shelley: Biografía y obras

Mary Shelley

Mary Shelly, cuyo nombre de soltera era Mary Wollstonecraft, escribió su obra magna: Frankenstein en una especie de concurso en el que competían su marido y Lord Byron.

Se retaron a escribir la mejor historia de terror.

La conclusión ya de todos es sabida.

Frankenstein y Shelley: La película

Frankenstein es, todavía hoy, un personaje fundamental en cuanto al género terrorífico.

Poco se debía imaginar Shelley acerca de la trascendencia que tendría su obra.

Y es que la novela ha sido llevada al cine en nuestros días, de la mano de Kenneth Branagh, entre otros.

Madre e hijos de Mary Shelley, aspectos claves en su vida

Mary Wollstonecraft Shelley nació el día 30 de agosto de 1797 en la capital británica.

Su madre, la novelista Mary Wollstonecraft,  fue una de las pioneras del feminismo.

Por desgracia falleció al dar a luz a su hija.

La autora de Frankenstein heredaría de su madre un gran tesón y un fuerte carácter.

La pequeña Mary recibió una formación privada.

Contó con un ambiente muy idóneo y propicio para desarrollarse como escritora.

Y es que tenía una constante influencia de los amigos intelectuales de su padre.

De este modo, a la edad de diez años ya publica su primera poesía.

Fue desarrollando unos ideales que conectaban perfectamente con los de su progenitor.

Ambos tenían una visión crítica de las instituciones sociales, tales como la del matrimonio.

Percy Shelley: único y trágico amor

A la edad de dieciséis años, Mary deja Londres para irse con el poeta Percy Shelley.

Mantenían una relación sentimental, aunque él ya estaba casado.

Los jóvenes enamorados, tras un sinfín de viajes a diferentes países tales como Francia y Suiza deciden casarse, después de que la entonces esposa del poeta decidiera quitarse la vida. Era el año 1816.

La noche del 16 de junio de 1816, Mary y su esposo acuden a una reunión en Ginebra, de la que Lord Byron formaba parte, entre otros amigos y conocidos.

Se cuenta que la agradable velada estuvo acompañada por una fuerte tempestad, que inspiró al grupo a leer historias de terror.

Fue en aquel encuentro en que Lord Byron lanzó su original propuesta.

Cada uno de los presentes debería escribir una historia de terror: el vencedor sería el que causara más pavor a los participantes.

Tenía que ser una historia de lo más terrorífica.

Mary, muy animada, aceptó la apuesta y con gran motivación se lanzó a relatar su obra.

A la escritora británica le inspiró un sueño que acabaría conviertiéndose en uno de los clásicos más loados.

Su relato fue sublime y en 1818  publicó su novela: Frankenstein o el Moderno Prometeo.

En un inicio, gran parte del público lector confirió la autoría de la obra a su compañero Percy, por entonces ya un poeta de prestigio.

Se resistían a creer que una jovencita de 21 años pudiera relatar una novela de terror de tal magnitud.

Desde el momento de su publicación Frankenstein obtuvo un éxito inmediato y adquirió progresivamente una gran fama.

Quizá el encanto de Frankenstein resida en la polaridad de su protagonista, a priori, un monstruo, una criatura infame y atroz dotada sin embargo de sentimientos.

Este es un aspecto que se hace patente a lo largo de toda la obra,  pero si existe un momento clave es el diálogo que la monstruosa criatura mantiene con su creador, acerca de la renombrada novela de Goethe; Las desventuras del joven Werther. 

Así, el engendro manifiesta a su inventor: “me resultaría muy difícil explicaros los sentimientos que aquellas obras despertaron en mí.

Ellas llevaron a mi espíritu un cúmulo de imágenes nuevas y sensaciones desconocidas que, a menudo, me sumergieron a partir de entonces en un mar de perplejidad y desaliento.

En el Werther, por ejemplo, además de su atractiva historia, sencilla y conmovedora, se examinan tantas opiniones y se iluminan con tan inmensa luz ciertos temas, que hasta aquel momento habían permanecido para mí oscuros e incomprensibles, que hallé en el libro una inagotable fuente de asombro y de reflexión”.

Mary y su marido se instalan en Italia en el año 1818.

Eran felices compartiendo su vida juntos.

No obstante, el destino les deparaba duras pruebas que habrían que superar.

Y es que la primera hija que tuvieron murió cuando todavía era una niña.

Además, su hijo William, al que Mary había dado a luz en Gran Bretaña, murió al año siguiente.

Pero las desgracias, que nunca vienen solas, continuarían.

De este modo, en 1822 Percy fallece en un naufragio que sucedió en la Bahía de Spezia.

Sumida en una profunda tristeza, la novelista inglesa, que estaba embarazada pierde a su hijo a través de un aborto natural.

De todos los hijos que tuvo, tan sólo Percy Florence vivió la etapa infantil.

En el año 1823 Mary Shelly vuelve a su tierra natal.

Su dolor era tal, que se negaba rotundamente a contraer matrimonio otra vez.

Se centró totalmente en la vida de su hijo, especialmente en la educación y la formación de éste.

Sin embargo, no abandonó su carrera como escritora.

Y es que la literatura era, sin duda alguna, su gran pasión.

No obstante, ninguno de sus posteriores libros alcanzaría el éxito y la fama que consiguió “Frankenstein”.

Aunque esto sea una realidad indiscutible, no hay que devaluar las otras novelas de Shelly, ya que cada cual tiene su encanto.

Obras de Shelley y El último hombre

Así, la obra “Valperga” es un interesante romance, cuyo contexto es el de la sociedad del siglo XIV.

Por otra parte, en “El último hombre”, la autora explica una hipotética extinción de la especie humana debido a una espantosa plaga que se da en el siglo XXI.

Cuando el realismo comienza a ponerse de moda y llega finalmente a Gran Bretaña, su país, Shelly decide abandonar las novelas de ficción.

Realizó numerosos escritos que fueron publicados en varios periódicos prestigiosos de la época.

También consiguió que saliera a la luz una excelente recopilación de la poesía de Percy Shelly.

Y es que la escritora, que había perdido tan dolorosamente a su marido, siempre valoró enormemente las obras de éste e hizo un gran esfuerzo para difundirlas.

En el mes de febrero de 1851 Mary Shelly entró de pleno en el sueño eterno, una noche, mientras dormía.