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Miguel de Cervantes : ¿En qué lugar de La Mancha?

Miguel de Cervantes

Cervantes no quiso acordarse de un lugar de La Mancha. Pero, ¿sabemos por qué? ¿Hay datos que nos permitan asegurar, o al menos suponer, cuál fue ese lugar?

Cuatrocientos años atrás hubo un escritor que llegó a la última página de su libro y escribió la palabra “Vale” para señalar la conclusión del mismo. Nadie le podía decir entonces que, con su novela, cedía a la Humanidad el mayor logro literario de todos los tiempos.

Nadie le podía decir entonces que los personajes que acababa de engendrar representarían el símbolo y el estandarte de todos los sentimientos, de todas las pasiones, de todas las fábulas, de todas las magias, de todos los sueños y de todas las frustraciones que envuelven a los hombres desde que nacen hasta que finalmente mueren.

En suma, nadie le podía decir en esos instantes al modesto escritor que siempre había sido Miguel de Cervantes que acababa de modelar al hombre moderno en su total plenitud, en su más espesa y profunda dimensión.

Había nacido El Quijote, ese personaje brutalmente universal que eclipsaría con creces la gloria y la fama de su propio creador, hasta el punto de que hoy en día se conocen más detalles, más abismos y más entresijos de la personalidad del ilustre Caballero Andante que de la escurridiza existencia del escritor castellano que le insufló vida.

Pero hay un tema que ha desatado los perros del desconcierto y de la polémica cuando hasta hoy dormitaban plácidamente, sujetos por la cuerda que Miguel de Cervantes había colocado en torno a sus cuellos. Se trata de la enigmática frase con que éste inicia la novela. Todos la conocemos: “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” Ese comienzo, verdaderamente espectacular, inunda de intriga y de misterio a una figura -El Quijote- ya de por sí mágica y enigmática. “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”

¿Realmente no quería acordarse Cervantes de ese lugar? ¿Era un mero pretexto, un simple recurso literario para captar la atención del lector?

La lectura, por superficial que sea, del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha no nos permite suponer que Cervantes declinara en su fuero interno adjudicarle un pueblo de origen a su estrambótico caballero.

La obra se ve salpicada de referencias muy concretas a lugares, poblaciones y situaciones típicamente manchegas. El escritor resulta tremendamente minucioso en la enumeración de unas poblaciones que conocía a la perfección. No olvidemos que su esposa, doña Catalina de Salazar y Palacios, era natural de Esquivias.

miguel cervantes

Cervantes conocía bien aquellos parajes y en algún lugar hubo de inspirarse para crear un personaje tan peculiar e inédito como aquél de la Triste Figura.

Uno de los pueblos que con mayor encono disputa el derecho a considerarse ese lugar de La Mancha que Cervantes declinó nombrar es Argamasilla de Alba.

Corren versiones, sin profundas averiguaciones que las corroboren, de que el insigne escritor anduvo enamorado de una Pacheco, doña Magdalena, y que la pasión que generó hacia ella lo llevó a protagonizar algún tipo de escándalo.

Fuera esta la causa o su condición de recaudador de impuestos, profesión siempre sujeta a desconfianzas y a denuncias, el caso es que Cervantes acabó con sus huesos en la única cárcel disponible en Argamasilla de Alba, la Cueva de Medrano, en donde concibió al héroe de su novela y algún episodio de los que se vio envuelto en sus salidas por un mundo eminentemente literario.

La posible verosimilitud de esta hipótesis descansa sobre el hecho de que en la iglesia de San Juan Bautista de esta localidad se hallaba expuesto un cuadro de Don Rodrigo de Pacheco, tío de su adorada, presa de una locura que le habían generado unos fríos al afectarle el cerebro.

La visión de este cuadro pudo suscitar en Cervantes el entretenido juego literario de crear un personaje que lleva a cabo innúmeras locuras para ofrendarlas a su amada. Pero lo que en tiempos del escritor eran locuras, en otros tiempos se habían considerado grandes gestas de encomiable memoria.

¿Qué no haría él por su Magdalena querida si fuese uno de aquellos ya desaparecidos caballeros inmersos en románticas lides tan solo para alegrar el rostro de sus amadas?

Cervantes no disponía de una máquina del tiempo que le permitiera regresar al pasado; pero de lo que sí disponía era de un gran genio literario y de una imaginación portentosa. Sobre el papel sí que se sentía capaz de emular aquellos fantásticos actos de amor.

Argamasilla de Alba pudo ser, pues, aquel “lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” porque allí quedó un amor que le fue ingrato al escritor y que, en suma, por unos motivos o por otros, dio con sus huesos en la cárcel.

don quijote

Poco antes de que Cervantes publicara la segunda parte de su ingeniosa obra, un tal Alonso Fernández de Avellaneda, que no es más que el seudónimo de alguien no identificado del todo, presentó a la luz pública una obra apócrifa que continuaba las aventuras de Don Quijote.

En dicha obra, Fernández de Avellaneda situaba el desconocido lugar de La Mancha en Argamasilla de Alba, cosa que, indudablemente, no extrajo de su propio magín, sino que es obligado sospechar que era de común, general y fácil creencia.

De cualquier modo, cuando Don Miguel de Cervantes retoma la paternidad de su obra y en 1615 presenta la segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, mantiene en el anonimato la localidad de la cual es originario su héroe.

No obstante, consciente de la expectación y de la cantidad de especulaciones que se levantan al respecto entre los seguidores de la obra, en las últimas líneas, con la pluma ya cansada y exhausto el ánimo, se ve obligado a ironizar que escamotea el nombre de la población “…por dejar que todas las villas y lugares de La Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo…”

Lo que no sabemos a ciencia cierta es cómo respetar más sabiamente la voluntad del escritor: cesando en nuestras indagaciones o poniendo todo nuestro ahínco en ellas.

Otra población que se disputa la gloria de ser la cuna de Don Quijote es Villanueva de los Infantes.

Hasta hace poco tiempo, la notoriedad literaria, que no monumental -que está fuera de todas dudas-, le venía a esta localidad del Campo de Montiel por el lúgubre mérito de ser el sitio donde Quevedo pasó a mejor vida.

Fue en las celdas del Convento de Santo Domingo. Indagaciones académicas a cuyo pie figura el sello de alguna universidad señalan que Villanueva de los Infantes bien pudiera tratarse de la población que oculta Cervantes. En el sustancioso prólogo que acompaña a la primera parte de su obra indica el escritor que se pueden tomar ciertos informes de don Quijote por parte de “…todos los habitadores del distrito del Campo de Montiel…”

Y ya iniciado el libro, en su segundo capítulo, cuando narra la primera salida del esquelético caballero a lomos de su no menos flaco rocín, el autor indica que “…comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel.”

Campo de Montiel es una comarca que se reparte entre Albacete y Ciudad Real, sobresaliendo las poblaciones de Villahermosa, Villanueva de la Fuente y Villanueva de los Infantes, siendo esta última la que las encabeza y la que con mayor fuerza se inscribe en la tradición cervantista. ¿Fue, pues, originario de ella Don Quijote?

Otra población que esgrime algún título al respecto es Esquivias, patria chica de doña Catalina de Salazar y Palacios, con quien había casado Cervantes en 1584 y a cuya población, por testimonios de su esposa y de otros familiares, conocería a fondo. Si se inspiró en algún personaje de esta villa, ¿no es lógico suponer que lo ocultara para evitar problemas propios o herir suspicacias ajenas?

También Alcázar de San Juan se cree legitimado no sólo para autoproclamarse como el lugar de La Mancha que da inicio al libro tal vez más universal de cuantos se han escrito, sino que, además, entra en gresca con Alcalá de Henares para arrebatarle el derecho a considerarse el lugar de nacimiento del propio escritor.

Para esto último esgrime una partida de bautismo guardada en una de sus iglesias y la contrapone a todos los estudios y averiguaciones históricas que sitúan en el pueblo madrileño el nacimiento de Miguel de Cervantes.

Los alcazareños piensan que si Cervantes ocultó, o no proclamó, la identidad de la villa donde vio la luz por primera vez, bien pudo, para resarcirla, dedicarle la procedencia de su genial personaje, aun cuando tuviera que ocultarla tras esa espléndida perífrasis con que inicia el relato.

Sea como fuere, el escritor manifestó que la patria de Don Quijote había de ser “algún” lugar de La Mancha sin determinar, que es tanto como designarle La Mancha entera como patria.

¿O por qué no el mundo en su totalidad, sin barreras, sin lindes, sin sombras que le impidiesen ver gigantes donde los demás sólo vemos tristes y quejumbrosos molinos a merced del viento rutinario?.

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