Mijaíl Gorbachov y la Perestroika: admiración exterior y repudio del pueblo ruso

Mijaíl Gorbachov

En 1985, Mijaíl Gorbachov inicia en la URSS, la Perestroika o reestructuración.

Comienzan una serie de reformas que pretenden ser una segunda revolución comunista; la siguiente a la de 1917.

Aclamado exteriormente y denostado por su propio pueblo, no debemos quitar méritos a Gorbachov aunque su Perestroika, analizada con la actual perspectiva histórica, no llegó a los objetivos por ella marcados.

¿Qué fue realmente la Perestroika?

Mitificado por los socialistas y comunistas europeos, en verdad, la Perestroika fue más un conato de reestructuración ya que los resultados no fueron los que se pretendían.

Lamentablemente, las características propias de la URSS (gran territorio, numerosas culturas, división étnica, diversidad religiosa,…) configuraron su disolución y la retirada de la competición con el gigante estadounidense.

A partir de la II Guerra Mundial, el concepto de superpotencia cambia; la preponderancia ya no se mide en población y territorio, sino en competitividad económica y especialización, que se plasma en dos sistemas económicos antagónicos: Capitalismo y Comunismo, ambos representados por los ganadores en la contienda: EEUU y URSS.

Europa se convierte en objeto de deseo y el telón de acero es la frontera entre dos mundos divididos; el escenario bélico se focaliza fuera de Europa como forma de canalización de las nuevas armas.

Es la doble moral nacida de la II Guerra Mundial; los estados agonizantes presupuestan ingentes cantidades en armamento para ser usado en los diversos conflictos dispersos por la tierra.

El mundo vuelve a estar en peligro pese a los arrepentimientos de la II Guerra Mundial de tal manera que, en momentos concretos existe la posibilidad de una aniquilación y destrucción global, tanto del mundo como de la raza humana durante el desarrollo de lo que se denominará la Guerra Fría.

La carrera armamentística será prioridad en ambas potencias, hasta la llamada Guerra de las Galaxias, en la que la URSS ve impotente su participación causada por un desarrollo económico no competitivo.

Serán la expresión de otra Esparta y Atenas en el siglo XX cuya capacidad de destrucción es mayor, total.

Coexistencia pacífica

En la historia de los mandatarios de la URSS a partir de la Revolución de 1917, será con Kruschev (1956-1964) con el que se acuñe la expresión “coexistencia pacífica”, y el que realmente realice una serie de cambios importantes en el interior de la URSS.

Esta tregua se verá mutilada por la crisis de los misiles en Cuba (1962) en la que los escenarios se trasladan; las superpotencias se ven amenazadas en su propio suelo; los misiles apuntan directamente a la población norteamericana y la amenaza se respira cercana.

La importancia de Kruschev está en la instauración de una apertura política en todos los sentidos, que posteriormente será reemplazada por la política de Bresnev y su vuelta a los principios estalinistas, no en método genocida y terrorífico que instaló Stalin pero sí en cuanto al control ideológico y centralización económica.

La estructura económica rusa se tambaleó mientras las medidas adoptadas por los diversos gobiernos no encontraban la solución.

Con 54 años, habiendo sido colaborador tanto de Andropov como de Chernienko, es elegido Secretario del PCUS, un hombre joven y el primero que no ha vivido la revolución de 1917.

Hereda un país hacendísticamente hundido, con una economía no competitiva.

Pese a las opiniones de algunos, la Perestroika no intenta cambiar el régimen político comunista, sino adaptarlo a una economía de mercado y a una transparencia o Glasnost, que será lo que se aplauda en el extranjero, maquillado por los socialistas de una apertura hacia la democracia.

Gorbachov intenta democratizar parcialmente el comunismo, no acabar con él; trata de la adaptación en el tiempo de las directrices de Marx, Engels y Lenin.

Sus reformas políticas serán tímidas y la modificación de la ley electoral conllevará la entrada de partidos nacionalistas de las repúblicas subyugadas y su caída del poder.

El mayor problema que presentaba la URSS en la época de Gorbachov, era el económico heredado de los anteriores gobiernos que no realizaron una reforma estructural ni política, ni se enfrentaron a acuciantes problemas sociales; la Perestroika tampoco logró hacerlos frente ni solventarlos.

Las medidas que a continuación vamos a analizar, no estaban a la altura de solucionar un problema económico endémico y reiterativo desde la revolución de 1917, camuflado hasta la época de Gorbachov.

Las primeras soluciones adoptadas por el líder soviético entre 1985-1987, no fueron radicales; se intentó provocar una aceleración o Uskoreniye, en una doble vertiente: una mejora en la calidad de vida y una economía eficaz en cuanto a recursos, empresas, productividad y responsabilidad.

En un primer momento se pretende incentivar el trabajo de la población activa caracterizada por un gran absentismo laboral.

Posteriormente, se intenta dar fin a la economía sumergida y al mercado negro, integrando ambos en el juego económico a través de la Ley contra Ingresos Encubiertos, encauzando hacia el Estado los beneficios de dicha economía sumergida y los pluses del estraperlo.

Paralelamente se legalizaron actividades profesionales individuales, y se redactó una Ley de Cooperativas, que en principio constató unos resultados notables.

Estas soluciones no hicieron más que destapar una realidad: el sistema soviético, caracterizado desde la Revolución de 1917 como fijo, rígido, y cerrado, aunque renqueante, funcionaba antes de la reestructuración.

La industria no consiguió la autonomía financiera ni una descentralización en el nuevo sistema.

Las cooperativas, si en un primer momento obtuvieron resultados considerables, los precios no eran competitivos con respecto a las tiendas estatales, triplicando o cuadruplicándose su valor.

Respecto a la agricultura, la Perestroika chocó frontalmente con los intereses de las granjas colectivas, que se opusieron al pago en divisas de la producción a los agricultores.

Los precios y salarios, y el sistema de subvenciones fueron igualmente reestructurados sin encontrar una salida eficaz.

La no consecución de los objetivos marcados, llevó a planificar un segundo programa de reformas: Plan Chatalin en 1990, abortado antes de su implantación.

La economía de mercado que intentaba establecer Gorbachov, bebía del libre juego de la oferta y la demanda, protegidas por unas instituciones democráticas.

La URSS no tenía las bases necesarias para entrar en el juego de mercado.

Pero el mayor de los problemas que se encontró Gorbachov, fue el resurgimiento de los nacionalismos hasta ahora silenciados por una atmósfera de terror, acallados a través de la fuerza.

La introducción de un pluripartidismo en 1990 con la anulación del artículo 6 de la Constitución Rusa que lo prohibía expresamente, favoreció las ansias independentistas de las repúblicas soviéticas sometidas a un feroz sometimiento militar, político, económico y social.

Este fue el germen de la caída del poder de Gorbachov, con la entrada en la política de un mosaico de nacionalidades que reivindicaban su derecho a conseguir la independencia.

Las principales áreas conflictivas fueron: la transcaucásica, con Armenia, Azerbaiyán y Georgia; Asia central con Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenia, Tajikistán y Kirguizia; y las tres repúblicas bálticas: Estonia, Lituania y Letonia.

Se producía una fisura lo suficientemente grande para someter al país a un gran cambio con la ruptura de una tutela o paternalismo del PCUS.

Así, será Boris Yeltsin el que declare: “El comunismo fue un experimento que tendríamos que haber probado con un país más pequeño”.

Como consecuencia del problema nacional, junto con una agudización de la crisis económica, la desintegración de las instituciones, y una crisis social provocada por la desaparición de la tutela del Estado, de un líder firme, y la ausencia de incentivos en los sectores ocupacionales, unido a un gigantesco territorio y una variopinta diversidad demográfica, indujeron en 1991, a los sectores comunistas ortodoxos asimilados en el Gobierno por Gorbachov, encabezados por Kriuchkov, a sublevarse mediante un golpe de Estado contra la política del líder soviético.

Los golpistas querían enderezar lo que a su juicio era un desbarajuste en todos los sentidos de la política llevada a cabo mediante una vuelta al sistema marxista-leninista, finalizar con la reestructuración, derrocar de la secretaría del PCUS y de la presidencia a Gorbachov, y retomar el estatus que de la época de la Guerra Fría.

Las presiones internacionales dieron al traste con la intentona golpista restableciendo a Gorbachov en el poder.

Finalmente, todo condujo a la eliminación definitiva de las instituciones comunistas y a la disolución de la URSS.

El sistema comunista se desquebrajó lo que fue aprovechado por las repúblicas que exigían la independencia de la URSS para conseguirla formando la CEI (Comunidad de Estados Independientes) a la que en 1993 se adhirió Georgia.

La URSS, finalmente se disolvía y las instituciones comunistas quedaban liquidadas.

La gran URSS caía, no como potencia ya que aún mantenía recursos suficientes como para continuar en el escenario mundial.

Fue liquidada por su mayor enemigo el capitalismo, que posteriormente, con Boris Yeltsin entró a bocajarro.

Aunque su Perestroika, no llegó a los objetivos marcados, Gorbachov nos libró de un auto-genocidio nuclear, y marcó una época, junto a Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, en el marco de las relaciones internacionales.

Si bien, su reestructuración no fue lo que esperó, pero produjo la apertura de Rusia y una parcial democratización de las instituciones.

El 25 de diciembre de 1991, dimitía Gorbachov sin haber rehabilitado la URSS y habiendo provocado la caída de un comunismo que se veía fuertemente cimentado.

Encuestas posteriores apuntan a que el 61% aproximadamente de la población rusa tiene una visión negativa de la Perestroika; quizás se deba a que el sistema rígido, pese a la idea de Gorbachov de implantar lentamente las reformas, se abrió demasiado deprisa, frente al mundo de las mentalidades que caminan más pausadamente.

Con el fin de la Guerra Fría en 1989, Rusia perdió una causa común, el capitalismo, contra el que lucho arduamente durante casi más de medio siglo.

La población, en base a las reformas, se vio desprotegida y desorientada.

Los objetivos se diversificaron; comenzaba un camino para encontrar su propia idiosincrasia, que Gorbachov abrió sin darse cuenta (o sí).