Mosaico arte y origen

 

Mosaico El mosaico es la decoración que se forma yuxtaponiendo, sobre un fondo de cemento, pequeñas piezas paralelepipédicas, denominadas teselas, que tienen diversos colores y forman variados dibujos.

La primera muestra de mosaico conocida se remonta a la Mesopotamia protohistórica (finales del IV milenio) y procede de un templo de Uruk (Warka).

Este mosaico se encuentra concretamente en unas columnas adosadas y está formado por clavos de arcilla coloreada que dibujan formas geométricas rojas, negras y blancas.

En Grecia, el mosaico cobrará gran importancia; el más antiguo del que se tiene noticia, el pavimento de Olinto (siglo IV a.J.C.), está construido con guijarros de diferentes colores.

Fue durante el siglo siguiente cuando esta técnica se difundió ampliamente por la zona; a este respecto destacan los mosaicos helenísticos del palacio de Alejandro, en Pella, y los de las casas de Delos.

La historia del mosaico

El mosaico se introduce en Roma en el siglo II a.J.C., de la mano de artistas alejandrinos; hacia el año 200 a.J.C., los guijarros son reemplazados por teselas.

Posteriormente, los mosaicos fueron confeccionados a base de piezas minúsculas e irregulares (fragmentos de mármol, piedra, barro cocido) que, montadas en tejas, pizarra, etc., hacían del mosaico un elemento fácilmente transportable.

Para el revestimiento de paredes y bóvedas se creó la obra musiva o musivum opus, de la que procede el nombre de mosaico.

A finales de la república romana el mosaico dibujado y polícromo vivió un gran esplendor (Batalla de Alejandro contra Darío, museo nacional, Nápoles).

Con Augusto, el dibujo polícromo da paso a composiciones geométricas en blanco y negro, modelo que predominará hasta el siglo II, cuando, aunque se mantiene el blanco y negro, se vuelve a la representación figurativa (representaciones de divinidades marinas en las termas de Ostia).

La escuela regional más brillante de la época es la africana; utilizará decoraciones polícromas de carácter figurativo o con motivos vegetales (Acholla, el-Djem).

También destaca la brillantez artística la escuela de la Galia (Estaciones en Saint-Romain-en-Gal, Bodas de Admète, en Nîmes) y la renana (con centro en Tréveris), cuyos motivos se inspiraron en la vida cotidiana y en la mitología.

Con el arte cristiano, el arte musivo inicia una fase de gran esplendor, constituyéndose en el ornamento más precioso de los edificios de culto.

Los mayores centros de esta actividad artística se localizaron en el Próximo oriente bizantino (Constantinopla) y en Italia (Roma, Ravena).

Entre los más hermosos ejemplos se recuerdan los de Santa Maria Maggiore (siglo V) en Roma, y el mausoleo de Gala Placidia, San Vitale y San Apollinare in Classe, en Ravena.

Tras la gran época musiva del arte paleocristiano, la decoración de mosaicos sufrió una paralización hasta que volvió a resurgir en Roma entre los siglos XI y XIII (iglesia de San Clemente, iglesia de Santa Maria in Trastevere, decoraciones pavimentales de los Cosmati y los Vassalletto, etc.).

En este período tuvieron particular importancia los centros de Venecia (basílica de San Marcos) y de Sicilia (Palermo, Cefalú), donde la influencia bizantina fue decisiva.

El baptisterio florentino será una de las últimas expresiones del arte musivo que, a partir de este momento, será prácticamente sustituido por la pintura al fresco.

Hasta finales del siglo XIX no se produjo una recuperación de este arte con la aparición de la arquitectura modernista.

En España, los mosaicos más antiguos se remontan a la época romana; sobresalen El sacrificio de Ifigenia (Ampurias), El triunfo de Baco (procedente de Italia) y las escenas circenses de Barcelona.

Los mosaicos de la sinagoga de Elche, el monumento de Centcelles (Tarragona), la villa Fortunatus (Fraga) y los mosaicos de Baleares y Denia son de la época paleocristiana.

Con la llegada de los artistas árabes (971), el mosaico español vivió un período de gran esplendor (mezquita de Córdoba).

Revivió un momento especialmente brillante con la arquitectura modernista de Gaudí y Domènech i Montaner, entre otros.

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