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El neoclasicismo

El neoclasicismoEl neoclasicismo es un arte burgués. Desde finales del renacimiento, el arte europeo era un producto de las distintas cortes de reyes, príncipes y nobles urbanos.

Pero ya en el siglo XVIII la tradición cortesana dio paso a un arte burgués: el arte y la cultura se alejaron de la corte y la ciudad se erigió en nuevo centro de cultura.

Esquemáticamente, podemos caracterizar el nuevo espíritu burgués por su falta de interés por el mundo griego, su desprecio por la edad media, la renuncia a la metafísica y al misticismo, la repulsa contra todo lo que es opaco e inexplicable, una convicción (fruto de la autoconfianza) de que todo puede resolverse, comprenderse y decidirse con la razón, un cierto escepticismo enraizado en un pragmatismo no exento de subjetividad y sentimentalismo.

La oposición al gusto cortesano vendrá, pues, tanto del emocionalismo y del naturalismo de J.-J. Rousseau, J.-B. Greuze y W. Hogarth, como del racionalismo y del clasicismo de G.E. Lessing, R. Mengs y L. David.

A finales del siglo XVIII ya no existía en Europa un arte que expresara el ideal aristocrático y sirviera a los intereses cortesanos.

La burguesía asumió, a partir de este momento, la dirección cultural, proceso que tuvo su culminación artística en el romanticismo.

La burguesía se fue apoderando, paulatinamente, de todos los resortes culturales: escribía y compraba los libros, pintaba y adquiría los cuadros.

No debemos olvidar, sin embargo, que ésta fue una época de transición entre el Antiguo régimen y la nueva sociedad capitalista; por ello, tanto el arte como la literatura presentan múltiples contradicciones, oscilando entre tradición y libertad, formalismo y espontaneidad, decorativismo y expresión.

Incluso el clasicismo, que era un estilo cortesano-aristocrático, llegó a ser el vehículo de las ideas de la burguesía revolucionaria.

clasicismo

El arte cambió de concepto y de función: se hizo más humano, más accesible. Ya no era para semidioses, sino para mortales débiles, sensuales y sibaritas.

Ya no expresaba la grandeza y el poder, sino la belleza y la gracia de la vida. Ya no quería imponer respeto y subyugar, sino gustar.

Por todo ello, el artista cambiaba de estilo según el cliente, proceso que podemos observar en la evolución de la pintura de L. David. El arte cortesano, pues, se disolvió por obra de la burguesía ascendente en el período final del Antiguo régimen.

La ruptura con la tradición del barroco-rococó se llevó a cabo en dos etapas

La primera (1750-1780), estimulada por las excavaciones y los hallazgos de Herculano (1709) y Pompeya (1748), dio lugar a un deseo de sencillez y sinceridad y a una protesta contra la artificiosidad, el virtuosismo y el vacío del rococó.

La segunda (1780-1800) coincide con la Revolución francesa y es la expresión de la ética revolucionaria, que se manifiesta en las virtudes cívicas romanas, la idea republicana de libertad, el heroísmo y el espíritu de sacrificio, el rigor espartano y el autodominio estoico.

De todo ello derivó un arte militante, expresión de una burguesía que luchaba por alcanzar el poder, un arte caracterizado por la racionalidad compositiva, la sobriedad, la linealidad, la limitación a las estructuras necesarias, y una severa objetividad.

Podemos, pues, considerar el neoclasicismo como un movimiento estético de base intelectual, expresión de la ideología de una burguesía en ascenso que criticaba los excesos y el virtuosismo del arte inmediatamente precedente, y quería comprometerse a fondo con la problemática de su tiempo.

Teóricos como J.J. Winckelmann y Q. de Quincy, pintores como Mengs y David, escultores como A. Canova y B. Thorvaldsen, arquitectos como Ch. Percier, K.F. Schinkel, G. Valadier, E.L. Boullée y C.N. Ledoux son los representantes más destacados de esta tendencia.

No era, sin embargo, un arte vinculado a la ideología revolucionaria.

David era un revolucionario que votó la pena máxima para Luis XVI, pero Canova no; la utopía urbanística de Boullée y de Ledoux está unida a la ideología iluminístico-revolucionaria, pero no así la reforma urbanística de Berlín, debida a Schinkel; las reformas del centro de París y los planes de reestructuración de Milán de Antolini reflejan el nuevo modelo de la capital, pero no así la expansión neoclásica de Turín, ni las aportaciones de Valadier en Roma.

Características del arte neoclásico

Características del arte neoclásico

El arte neoclásico se sirvió de todos los medios que la técnica ponía a su disposición.

En arquitectura se experimentó con nuevos materiales, se realizaron cálculos rigurosos de pesos y tensiones, y se estudió la resistencia de los materiales.

El arquitecto sabía que un nuevo orden social exige un nuevo orden de la ciudad y por ello inscribió sus proyectos dentro de amplios programas de reforma urbanística.

Construía iglesias, parecidas a templos clásicos, pero también escuelas, hospitales, mercados, aduanas, puertos, calles y plazas.

En las artes figurativas, la base de todo es el dibujo, el trazo lineal que traduce en concepto intelectual la noción sensorial del objeto.

Se quiere educar en la claridad de la línea; de ahí la composición racional, el estudio meticuloso de la anatomía, los colores sobrios, la exactitud de los detalles, la severa objetividad en la representación, el carácter escultórico de las figuras, la ausencia de elementos superfluos.

El neoclasicismo se trata, en definitiva, de un arte rígido, simple, sobrio, objetivo, en una palabra, puritanamente racional.

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